¿Qué pretende Buscemi? No sería posible descifrar la mente de un director de cine sin su fórmula, el guionista, que en esta película es nada más y nada menos que Danny Trejo, quien interpreta a “Vito”, conocido por trabajos como Fuego contra fuego (Heat, 1995), Desperado (La balada del pistolero, 1995) y Machete (2010).

 

Por: Diego Firmiano

Fábrica de animales (Animal Factory, 2000) es la película de prisión más racional que he visto después de Sangre por sangre (Blood in, Blood out, 1993). Es un drama carcelario basado en la novela de Edward Bunker, quien también pasó 17 años en prisión y cuya trama narrativa se basa en el liderazgo puro y duro de Earl Copen (Wilhem Dafoe) que no usa la fuerza para posicionarse como “cacique”, sino la sabiduría y el carisma.

El director Steve Buscemi pretende mostrar otro lado de la maquinaria carcelaria, aunque no por ello dejen de verse escenas de complots, muertes, violadores, soplones e intentos de fuga, además de la posición elevada que ostenta el alcaide dentro del lugar, aunque en este caso, Earl Copen, parece él mismo el administrador del lugar.

Ante el elenco que actúa en este film, no se puede pensar menos que en Convictos en el aire (Con Air, 1997), donde el mismo Buscemi protagoniza a Garland Greene, una especie de Hannibal Lecter, que ironiza con frases como:

Steve Buscemi durante el rodaje de Animal Factory.

“¿Si te digo que locura es trabajar 50 horas a la semana en alguna oficina durante 50 años para que al final te despidan; terminando en un asilo esperando morir antes de sufrir la humillación de tratar de llegar al baño a tiempo? ¿No considerarías que eso es locura?”.

Y

“No hay medicina para lo que tengo”.

Hago la analogía, porque Fábrica de animales también es una ironía sobre la libertad.  “No te irás” le dice Bad Eye (Chris Bauer) a Earl Copen, a lo que este responde: “Me iré”, luego la sentencia capital: “Ya no sabrás qué hacer ahí afuera”. Y efectivamente el carismático líder logra su libertad ayudando a los demás a encontrar su fuerza y confianza manteniéndose unidos como “broders” dentro de esa sociedad criminal.

El hilo conductor de la trama es el ingreso de Ron Decker (Edward Furlong) al presidio de San Quentin, que, bajo el risible cargo de vender marihuana, será procesado como un peligro para la sociedad.  De nuevo Furlong no deja de remitirnos al personaje de Daniel Vinyard en Historia americana X (American History X, 1998) quien también desea ingresar a la cárcel igual que su hermano, el neonazi Derek Vinyard (Edward Norton) para sentirse un hombre entre otros hombres.

¿Qué pretende Buscemi? No sería posible descifrar la mente de un director de cine sin su fórmula, el guionista, que en esta película es nada más y nada menos que Danny Trejo, quien interpreta a “Vito”, conocido por trabajos como Fuego contra fuego (Heat, 1995), Desperado (La balada del pistolero, 1995) y Machete (2010).

Portada para la edición en DVD de Animal Factory.

Danny Trejo, irónicamente, y esta reseña está escrita en esa clave, fue adicto a la heroína, y purgó una larga condena en la cárcel real de San Quentin, California.  Dos particularidades que están presentes en el guion que él mismo diseño para Fábrica de animales, porque sus papeles principales, secundarios o un cameo, siempre prefiguran al tipo duro cincelado como hombre dentro de la cárcel.

En una observación más general, este trabajo contiene tintes de redención del libretista, actores, y el autor del libro e inspirador de la película. Además de que algunos presos reales participaron en cameos importantes para dar vivacidad y seriedad al trabajo fílmico.  Como es sabido, hay una frase fundante de la población carcelaria: “Más vale reinar en el infierno que servir en el cielo”.  Igual que la película Estación Carandirú, donde murieron 111 presos en su infierno personal dentro de la Casa de Detención de São Paulo en 1992.

Desde el conocimiento surgido por la visita a varias cárceles de Latinoamérica, el presidio, con toda su maquinaria infernal, es un cielo más afable que la sociedad ahí fuera. Al menos es lo que oí, mientras cumplía mi servicio social, no estando preso dentro de esas mazmorras de satán, sino libre para expresar, que la cárcel y la sociedad son fábrica de animales.