Ramón cierra de forma contundente: «uno se muere, la guerra no»… así le vaticinó el futuro a la siguiente generación. Los 301 asesinatos que muestran las estadísticas de Medellín en lo corrido de este año confirman su predicción muchos años después.

Fotograma del documental Yo te tumbo, tú me tumbas.

Título: Yo te tumbo, tú me tumbas

Género: Documental

Director: Víctor Gaviria

Duración: 60 minutos

Año: 1990

 

Por: Katherin Monsalve

«Botado estás vos, estoy yo, estamos todos»… algunos años después seguían botados, y algunos traídos; de esta última palabra Víctor dice que es «de guerra. Alguien que podía matarlos o ellos podían matarlo».

Este documental nos reencuentra con algunos de los actores de Rodrigo D – No Futuro: Wilson Blandón, de 18 años; Mario Restrepo, de 19 años; Jeyson Gallego, de 16 años, y Ramón Correa, de 20 años y coguionista de la película, quien fue capturado una semana antes del rodaje; sus familias, su entorno… su vida después de la película. Y en palabras de Víctor, nos permite «conocer un universo desconocido a través de unos narradores. No hay ningún otro medio que te informe sobre esa experiencia de vida, no hay un libro, no hay una enciclopedia, no hay nada. Solamente ellos te pueden contar».

¿Cambió su universo? Wilson dice: «antes eran parceros, ahora son de otro combo y les importa un culo matarlos. Ya no se puede confiar». A lo que Mario complementa: «para uno valía más el parcero que la plata». Sí hubo un cambio, algo fundamental perdió por completo su valor: la vida.

Esa narración en presente, propia del documental: verlos caminando por el barrio, hablando entre ellos, sacando reflexiones siempre al borde de la muerte, sumada a la idea de inmortalidad que nos dan las imágenes en movimiento, se desvanece cuando después de ver a Mario o a Jeyson frente a la cámara, muestran a sus familiares hablando de sus muertes. La poca esperanza que queda muere por completo cuando al final del documental nos enteramos que no pudieron contra esa palabra: No Futuro. Que todos fueron traídos antes de terminar la grabación del documental

Una de las cualidades del documental es que muestra otra arista de ese universo, a quienes vivían en zozobra permanente: los padres de los jóvenes del No Futuro… el testimonio del papá de Jeyson es inolvidable. El 13 de enero de 1990 mataron a Lolo, la noticia le llegó sin paliativos: «lo tumbó el muchacho tuyo, lo tumbó Jeyson».

̶  Ole, vos por qué hiciste eso. ¿Vos qué tenías contra él?

̶  Era muy faltón.

Él me confirmó, él me confirmó que lo había tumbado  ̶ Y desvía la mirada hacia la ventana. Exhala por la boca. No vuelve a mirar la cámara  ̶ .

Sentado en un rincón de una terraza, Mario asegura: “Vale más un fierro que la vida de uno por aquí”. Luego aparece Ramón diciendo: “vamos a bebernos a ese hijueputa, porque de todos modos ellos lo matan a uno y se lo beben a uno”. La cámara se mueve a un costado y aparece Juan, el que mató al hijueputa del que habla Ramón: “a ese pirobo ya lo maté. Ahora vayan al velorio, les decía yo. Más de una señora contenta: uy, menos mal mataron a ese man como era de malo”.

Porque el documental no los justifica, ni los ataca: están en la película de su vida y el guion lo conocen y lo manejan solo ellos. Los vemos pateando gente, amenazando de muerte a los vecinos, formando pequeños reductos del negocio de la droga con los niños del barrio, y si no responden pues les dan duro.

Vemos el panorama enmarcado en la ladera: los jóvenes del No Futuro, los padres que solo pedían no verlos tirados sobre un andén del barrio, los militares que iban a requisar a los muchachos, los vecinos de los muchachos. Llegamos a la conclusión: es una realidad, un contexto que los supera, que nos supera como sociedad.

Ramón cierra de forma contundente: «uno se muere, la guerra no»… así le vaticinó el futuro a la siguiente generación. Los 301 asesinatos que muestran las estadísticas de Medellín en lo corrido de este año confirman su predicción muchos años después.