Posiblemente se levanta y mira por la ventana el mar que se va y regresa. También es posible que solo se sirva una taza de café y revise apuntes. Podría ser también, que mejor mire sus cuadros pintados y vea en ellos el hombre que fue y que ahora es otro en el espejo, pero que quiere seguir escribiendo, quiere seguir pintando, quiere.  

Por: Jhonwi Hurtado. 

Fotografías: Santhiago Ramírez

Tatis. Tatis Guerra. Gustavo Tatis Guerra: el poeta, el periodista, el hombre que siente que el mar es nuestro centinela, ese que nos recuerda nuestra fragilidad en el mundo, que dice que como en el bolero, “si vas a llorar, que sea frente al mar, para que sus sílabas redondas y saladas se beban tus propias lágrimas” fue uno de los poetas que estuvo presente  en el Eje Cafetero, durante el Festival Internacional de Poesía de Pereira, Luna de Locos, realizado durante la última semana de agosto.

Del poeta se puede encontrar (si se busca)  que es pintor, también que ha sido nominado a diversos premios de periodismo y que ha aparecido en antologías de poemas, cuentos, etc. Pero ¿se puede encontrar quién es Gustavo Tatis Guera? Tal vez, solo tal vez, a través de sus poemas.

En uno de sus poemas, dice que “cada uno de nosotros tiene la sombra de las alas que perdió” ¿Siente que en algún momento ha perdido sus alas?

Las alas perdidas son la metáfora de la degradación del ser humano y la pérdida de la inocencia. Tal vez la adultez sea la perversión de esa claridad y la adulteración del paraíso.

También es pintor, ¿cómo elige las imágenes para sus poemas?

Las imágenes son colores que perviven en las palabras. Hay días en que tengo sed de amarillos, naranjas, azules o púrpuras. Cada imagen son tal vez, los imprecisos e irracionales puntos cardinales de las emociones vividas. En mi caso, colores y palabras, son río de una misma sed.

¿Ser redactor cultural, periodista, le ha ayudado para fomentar la actividad poética?

La poesía no es apéndice de los milagros cotidianos. Es el milagro en sí mismo. El poeta intuye esos milagros en el barro y en el delirio del día y la noche. El periodismo incurre en el mayor de los riesgos, volverse palabra usada y abusada, pero en todas las palabras del periodista, del cronista o del poeta, hay instantes y destellos de milagros que lo redime. La poesía no es oveja del redil. Es ingobernable y mueve los hilos de esa pobre criatura sometida al imperio de alfabetos que desconoce. De repente, una palabra cobra su dignidad perdida y reclama el esplendor del oro que fluye en aguas contaminadas. Pero el periodismo forjado de tiempos limitados y presurosos, llega a ofender el tiempo sagrado y puro de la poesía. La palabra que brilla en la creciente requiere de tiempos, y la prisa contra reloj, debilita el poder de la serena y sabia contemplación.

Usted participa en un libro titulado “Panorama de la poesía colombiana”, ¿cómo analiza ese panorama en la actualidad?

Es impreciso hablar de panoramas. Hay caminos en construcción, decantaciones de la palabra. El poema se resiste a ser etiquetado en los tiempos racionales de una generación. Sin embargo, los académicos buscan conciliar rasgos comunes o heterogéneos, colores entre los colores del arco iris, pero jamás un color del crepúsculo de hoy se parece al de mañana. La personalidad de la luz del paisaje como de la escritura poética, varían y se multiplican en coros, muchas veces, intimistas y herméticos, otras veces, desaforados y contagiosos hacia la intemperie.

¿Qué papel debería asumir un poeta colombiano en el actual momento que vive el país? 

En todos los tiempos, en los delirios de la paz como en la guerra, el poeta es una reserva humana, un soplo de humanidad, para que las generaciones de hoy y siempre, no enmudezcan ante el esplendor de la vida y los horrores de la muerte. El poeta es un dador de vida hasta el último segundo de su estación carnal, es un perenne e incorregible visionario. Es quien da luces en la oscuridad, y corrige los horizontes que pervierten los seres humanos. Es la sílaba silenciosa pero fecunda de la compasión y la solidaridad. Él se ve en los otros y en las otras, y es parte de todas las desgarraduras humanas y sociales. No está en paz jamás.

¿Qué le aportan los festivales a la poesía de cada ciudad donde se realizan? 

Los festivales de poesía son un convite para celebrar la vida, el mejor pretexto para compartir, descubrir, conocer e integrar. La poesía muchas veces, celosa de sus silencios, encuentra en los festivales, otros ámbitos para desanudar perplejidades. Es una bellísima oportunidad para reencontrarse con la complicidad de creadores y lectores.