Sin lugar a dudas, la sociedad colombiana hipócrita por naturaleza, perpetúa la condena de aquellos que infringieron la ley y que esperan reincorporarse a la sociedad. Somos una sociedad del rencor que carga con el peso del pasado.

Aquel que ha cometido una falta, carga con el peso de haber infringido la ley y la sociedad no está dispuesta a perdonar, el castigo debe ser permanente. Foto /Universal Pictures / Working Title

Por: Christian Camilo Galeano Benjumea

Las grandes obras de la literatura funcionan como fuentes que permiten comprender las contradicciones del mundo. Los miserables, la novela de Víctor Hugo, no es la excepción.

Ahondar en la vida de un exconvicto, escrutar en las relaciones de la ley con el hombre, analizar el binomio  pena-castigo, mostrar las relaciones de una sociedad basada en el interés… son solo una pequeña muestra del gran panorama que ofrece esta novela.

No se equivoca Milan Kundera, en su libro El arte de la novela, al considerar que la novela es el refugio del ser. Al utilizar esta expresión que tiene ciertos tintes místicos solo busca resaltar cómo la novela, como género literario, permite condensar todas las contradicciones del ser humano.

Es decir, no busca despojarlo de su complejidad, por el contrario, toda novela escruta la existencia del hombre para hacer palpable las problemáticas que éste trae consigo.

De ahí que el Quijote sea el punto de partida de la novela moderna, porque este “héroe” no busca ser emulado, solo pretende ser comprendido.

Un hombre cansado de la rutina y del tedio se lanza en una aventura destinada al fracaso; acaso ese no es el resultado final de toda existencia, incluso aquellas que buscan en los méritos y las falsas glorias dejar huella, pero que no pueden escapar de la muerte y del olvido.

Por su parte, Los miserables se centra en una capa de la población marginada: prisioneros, huérfanos, gamines, truhanes…todo lo que la bella sociedad capitalista quiere ocultar, pero que produce en grandes cantidades.

El primer fenómeno interesante por analizar es la relación que tiene Jean Valjean, protagonista y exconvicto, perseguido por la garras de la ley.

Este hombre intenta redimirse ante las personas, cambiando de identidad y cumpliendo con una labor social, no obstante, para una sociedad como la francesa de mediados del siglo XIX, la pena de un convicto no termina cuando sale de prisión; la condena es perenne.

Aquel que ha cometido una falta, carga con el peso de haber infringido la ley y la sociedad no está dispuesta a perdonar, el castigo debe ser permanente.

Aquí se observa un principio que Michel Foucault describiría en su libro Vigilar y castigar: “En cuanto al poder disciplinario, se ejerce haciéndose invisible; en cambio impone a aquellos a quienes somete un principio de visibilidad obligatorio”.

Por este motivo, Valjean estará en una carrera permanente por huir del castigo de la ley y el deseo de reintegrarse a una comunidad que se niega abrir las puertas a un exconvicto.

Otro problema interesante para abordar es de la legalidad. Es inquietante la figura de Javert,  gendarme encargado de castigar a todo aquel que infrinja las normas.

No hay igualdad ante la ley en este caso, porque no es una ciudadana, es simplemente una escoria, un mal producto de la sociedad que ha atacado a un hombre. Foto /Universal Pictures / Working Title

Una escena sirve de ejemplo: Fantina, una prostituta que es agredida por un “buen ciudadano”, reacciona y ataca al buen hombre; sin embargo, Javert solo observa que un ciudadano es agredido por una prostituta y esta debe ser castigada.

No hay igualdad ante la ley en este caso, porque no es una ciudadana, es simplemente una escoria, un mal producto de la sociedad que ha atacado a un hombre. Puta y mujer, son la condena que ya tiene sobre sí Fantina y ante las cuales no hay defensa posible.

Ahora bien, ¿cuál es la experiencia actual ante un exconvicto o un reincorporado de la guerrilla, una puta o un habitante de la calle en nuestra sociedad? Siempre se posa un manto de duda sobre aquellas personas que estuvieron del otro lado de la ley.

Con causas justas o injustas, aquel que rompió el frágil edificio de la legalidad colombiana es observado con recelo, a la espera de un nuevo acto criminal.

Sin lugar a dudas, la sociedad colombiana perpetúa la condena de aquellos que infringieron la ley y que esperan reincorporarse a la sociedad. Somos una  comunidad que se funda en el rencor y que carga con el peso del pasado.

Así pues, Los miserables se convierten en una lectura necesaria para romper con una actitud natural, ante las miserias del hombre moderno y dar paso a la reflexión y, por qué no, al cambio.

ccgaleano@utp.edu.co