Parado en la terraza de un alto edificio, apenas provisto con su diminuta cámara, toma una panorámica de 360 grados de la Bogotá que abandonó hace 25 años. Esta es otra ciudad, pero en sus ojos azules persisten los rastros de aquella famosa Unidad Investigativa de El Tiempo que tanto dio de qué hablar en su momento. Ahora es director de la Unidad Investigativa de Univisión, un cargo de prestigio que ocupa luego de pasar por The Miami Herald y El Nuevo Herald. Hoy, este premio Pulitzer todavía siente la nostalgia del país soñado que quisiera para sus hijos y para el regreso. Esta fue la charla con Gerardo Reyes durante una pausa en el VII Encuentro de periodismo de investigación organizado por Consejo de Redacción.

Por: Antonio Molina
¿Cómo surgió la idea de trabajar este tipo de periodismo que va un poco más allá de la agenda cotidiana que mueve a gran parte de los periodistas colombianos?
Bueno, exactamente eso, el de tantas cosas que no se dicen, porque hay intereses que tratan de ocultarlas, porque hay una necesidad de informarle a la gente; específicamente en el caso de los magnates, los empresarios que manejan muchas veces más poder real que los propios políticos y funcionarios.
En un contexto donde las corporaciones prácticamente cogobiernan, ¿qué labor le espera al periodista frente a estos nuevos poderes que siempre han existido pero que ahora tienen más poder que nunca?
El periodista siempre se busca una fórmula para lograr enfrentar esos retos y sacar la realidad a la luz pública; a veces llega tarde, pero deja finalmente un testimonio posiblemente incompleto pero decente para la historia.
Mencionaba en la conferencia que el 3% de los colombianos posee el 50% de la riqueza del país y al parecer a los medios, a los periodistas, no les interesa divulgar eso. ¿Cómo lo explica usted?
Ese es precisamente el llamado que yo hago como periodista a los colegas, de que hay que prestarle más atención a ese problema. Es un problema de fondo, diario, estos son personajes que manejan nuestra vida cotidiana -desde la casa donde vivimos hasta el carro donde viajamos, y la información que recibimos- y nada sabemos de esos magnates. Ellos están empeñados en que no se diga nada de ellos, eso es un reto para los periodistas y no se da con la frecuencia que se quiere, porque los dueños de las empresas, los grandes magnates que concentran las riquezas de este país son a su vez dueños de los medios de comunicación o los grandes anunciantes. Entonces el periodista se ve maniatado y comprometido a dedicarse a denunciar solamente la corrupción pública, o sea, la corrupción oficial.
Podríamos decir que los medios colombianos están cooptados de cierta manera por estas corporaciones
Yo diría que están limitados en su libertad para poder hablar de todo el mundo con la misma libertad que lo hacen cuando hablan de personas que no tienen padrinos en la sala de redacción. Ese es el problema, que hay gente que tiene protección en las salas de redacción y hay otras que no; y esas son las que llevan la carga de la denuncia, y los otros pasan inadvertidos.
Riszard Kapuściński hablaba de hacer un doble taller: el taller de lo cotidiano, de la nota diaria, y paralelamente la escritura de libros más la construcción de historias de largo aliento y de gran impacto a largo plazo. ¿De pronto esa es una salida?
Es que esa es la salida, como decía aquí que citaba a Robert Caro, el gran biógrafo estadounidense: “El tiempo es igual a la verdad”, o sea, que entre más tiempo más hechos vamos a tener para reconstruir, en este caso, la personalidad y la biografía de estos personajes.
En provincia los poderes políticos se amalgaman con los poderes económicos, ¿cómo hacer para poder denunciar y trabajar eso que a un periodista de un gran medio capitalino le queda mucho más fácil?
Sí, es muy difícil, lo entiendo, y por ejemplo como jurado del premio del periodismo de investigación (del FNPI) siempre estoy tratando de favorecer a aquellos esfuerzos de los periodistas regionales cuando participan con investigaciones en este premio. El primer paso es el reconocimiento nacional, ese reconocimiento les da cierto blindaje al periodista local, pero entiendo que es difícil, no solamente por la presión política o económica sino por la personal. El periodista regional tiene que verse con más frecuencia con las personas que denuncia, que el periodista de la capital. Se los encuentran en las calles, porque son círculos muy cerrados que incomodan personalmente. Por todos lados es un reto mucho más grande y por eso trato de estimular ese trabajo.

Rastrear el poder
¿Qué busca con la nueva Unidad de datos de Univisión?
Estamos buscando ponernos al día en una cantidad de informes que podrían salir de las numerosas bases de datos de EE.UU sobre los hispanos: sus tendencias, problemas y limitaciones.
¿Esa base de datos estaría abierta a la consulta del periodista latinoamericano o sería exclusiva de ustedes?
Claro, estaría abierta a todo el mundo. El problema es que Univisión, por un problema comercial que no entiendo, no se ve en la red en América Latina, entonces lo que hace la gente es subir los vídeos a Youtube y así se propagan, pero nosotros no podemos hacerlo.
Usted tiene una biografía que es, para mí, de antología: “Don Julio Mario”. Esa biografía desapareció durante un tiempo acá en Colombia, solo se encontraba en las librerías de viejo, pero ha vuelto a aparecer. ¿Cómo se explica esa desaparición y esa reaparición?
Esa biografía sobrevivió a muchos obstáculos, incluyendo esfuerzos de (Julio Mario) Santodomingo para que no se publicara, y una relativa indiferencia de los colegas -ya sea para bien o para mal- de informar sobre la salida de ese libro, de reseñarlo. Volvemos a lo mismo, porque hubo instrucciones en esos medios para que no se mencionara una palabra de ese libro. Ahora Santodomingo ya murió, dejó unos herederos que son menos combativos en ese sentido, menos caudillistas. Estos magnates de América Latina de más de 60 años tienen un espíritu de caudillismo capitalista, es decir, se toman las decisiones que ellos digan y no consultarlas corporativamente. Ahora esta nueva generación es como más práctica en ese sentido, y por eso es que creo que el libro volvió a publicarse y tuvo una nueva acogida.
Avanza ahora en el libro sobre el banquero Luis Carlos Sarmiento Ángulo, ¿en qué va el proceso de ese libro?
Va muy lento, porque mis nuevas funciones como director de la unidad investigativa de Univisión me quitan mucho tiempo y, como decía, estos son empresarios que controlan mucho las fuentes, las fuentes le tienen mucho temor y respeto. Entonces para eso yo creo que tendría que pedir una licencia y venir a Colombia a terminarlo.
¿Usted calcula que cuándo podrá terminar ese libro?
Con el de Julio Mario me demoré más de diez años y medio, y este yo creo que va por ahí.
¿Qué le diría usted a los jóvenes que se dedican a hacer periodismo de investigación, en esa práctica de periodismo periférico en cuanto a que los medios convencionales no lo abordan?
Yo creo que hay un campo de acción en la creación o la vinculación con organizaciones no gubernamentales, organizaciones de periodistas que consigan financiación para poderle pagar a estos periodistas los proyectos que no pueden sacar en un medio convencional o comprometido con poderes políticos o económicos.


