No hay peligro ante la muerte. Nos han acostumbrado para ir a su encuentro en provecho de una buena causa. No hay determinación individual, ni siquiera la falsedad de las postergaciones para vivir más tiempo concedido a los amores verdaderos resulta ser real.

Por Nauj Ilerbes

Lo más simple puede resultar siendo más leal y honesto. Benedetti –y, quizás, aquí se condena la melosidad del autor- decía en La tregua que lo único verdadero es lo cursi. Las voces salen del alma, el frágil trazo del lápiz descubre una nueva forma del amor. Never let me go, nos pide con insistencia Judy Bridgewater.

Asistimos a un hecho extraño: un orfanato que prepara a los niños para ser donantes de órganos, porque su naturaleza ha sido predispuesta: son ensayos científicos, clones. Y no importa. El mundo es las circunstancias que alcanzan nuestros ojos. Afuera, más allá de la cerca que limita el universo de la escuela, no hay nada. Y si lo hay, es cruel, aterrador y podemos encontrarnos con la muerte.

Ruth, Kathy y Tommy. El recurrente triángulo amoroso que condensa nuestras pasiones: un amor que parece a punto de prosperar entre Kathy y Tommy es usurpado por la altiva y siempre segura Ruth, recordándonos que la introversión de algunos es la condición sine qua non para la desdicha y la soledad.

¿Qué podría esperar Kathy si sabe que está sola?

No hay peligro ante la muerte. Nos han acostumbrado para ir a su encuentro en provecho de una buena causa. No hay determinación individual, ni siquiera la falsedad de las postergaciones para vivir más tiempo concedido a los amores verdaderos resulta ser real. Pero el amor triunfa, a pesar de todo. Lo sabíamos o ya no lo han hecho creer: una última mirada a los ojos lluviosos de Kathy a través de vidrio de la sala de operaciones demostrándole a Tommy que no es vana la vida después de conocer el tiempo del otro, su cuerpo cansado y dispuesto al placer.

Al final, todo se pierde. Kathy, rememorando su corta vida, debe disponerse a su primera operación. El aire, las aves marinas y el mar británico son el reflejo de su alma y del tiempo que alimenta su cuerpo para el salvajismo que no pudo conocer del amor.

No has vivido mucho tiempo, pero sabes que después de tanto todo da igual.

 

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