Piqueras: “Uno escribe porque está solo”

Es un hombre alto, muy alto, demasiado, quizá, para ser poeta de palabra breve y precisa. Esto fue lo que contó durante su estadía en Pereira en el Festival de poesía Luna de locos.

 Entrevista Juan Vicente Piqueras (1) 

Por: Jorman Sebastián Lugo

Fotos: John William Hurtado

Juan Vicente Piqueras es un poeta que hace más de 30 años vive fuera de su país, España, y no aparece en antología alguna de poetas españoles por el simple motivo de no vivir allá. Amante de las cosas sencillas y el Mediterráneo, del pan, del vino, de las palmeras. Ha pasado por lugares como Roma, Atenas y Argel, pero aún no encuentra su lugar en el mundo, aunque alguna vez en la muy literaria isla de Ítaca creyó encontrarlo.

Trabaja en el Instituto Cervantes y gracias a esto su vida goza de “cierta independencia económica y moral” a la hora de escribir. “Yo comprendí que de la poesía no se podía vivir, que la poesía no era un modus vivendi, que era una pasión. Yo solo escribo lo que necesito escribir. No quiero vivir de la periferia de la literatura, artículos, conferencias; no quiero tampoco pertenecer al mundo literario más que marginalmente, publicando lo que yo quiero escribir”.

 

Jorman Sebastián Lugo: ¿La idea de volver, de retorno, le sigue importando?

Juan Vicente Piqueras: En realidad si uno lee atentamente mi obra, ve que puede ser una versión o una variante a La Odisea, es decir, de alguien que parte de su Ítaca natal y luego le cuesta volver, va buscando la vía del retorno hasta que comprende que volver no es posible. Heráclito decía que nadie se puede bañar en el mismo río dos veces, y tampoco se puede volver en el tiempo, no se puede volver a la infancia, que es la patria del poeta. Esa Ítaca quizás es ideal, es el paraíso perdido. Yo nací en una aldea muy pequeña y me fui de allí, luego me fui de España, y vuelvo, pero el que vuelve ya no soy yo, el país y el pueblo tampoco es el mismo. Entonces me siento un Ulises vagando en el Mediterráneo.

 

J: ¿Para qué se escribe?

P: Yo creo que se escribe porque se está solo, porque uno tiene la consciencia de que esto es muy fugaz, porque se tiene consciencia de la pérdida, de la muerte. Se escribe porque se siente que hay un misterio en todas las cosas, en la vida, en el amor, en las vidas cotidianas. Y ese misterio es la poesía. La poesía no son solo los versos, es más, hay muchos libros de versos donde no hay ni siquiera poesía, pero la poesía si que está en todos los días; es esa gracia, ese misterio, ese algo, que nos mantiene vivos y con curiosidad de vivir y de estar, se escribe por esa sed insaciable de un agua que se nos va. Somos muy fugaces y la poesía intenta detener ese momento, ese milagro de algo que esta ocurriendo. Pero es justo que la vida sea así, que las cosas sean mortales, al final la vida, con todas sus miserias y todos sus desastres, esta muy bien hecha. Y como decía Pessoa, “no sufre solo el que tiene hambre, sufre el que sufre”. Y se escribe por eso, también por el gozo, y porque mañana no estaremos aquí. La muerte es una de las grandes explicaciones del arte, uno escribe para dejar por escrito, para que dure, como esos enamorados que van al bosque y escriben en un árbol su nombre, porque saben que eso no será eterno. Esa emoción está en la base de mi escritura.

 

J: ¿Cree que después de los premios sus poemas han hecho compañía?

P: Ese es otro de los objetivos de escribir. Uno escribe porque está solo y publica para hacer compañía. Creo que si uno consigue hacerle compañía a alguien en su soledad y que ese alguien subraye un verso tuyo, es porque dice, esto es lo que yo quería decir. Porque el hombre solo es igual al otro hombre solo. Entonces son soledades que se comunican. Porque uno cuando lee se está buscando a sí mismo, y cuando subraya es porque lo que dice eres tú. Uno aspira a ser compañía. Que tu verso sea una lámpara en la noche de alguien que lee. Es hacerse compañía de solitarios en el mundo. Esa es la magia de la literatura.

 

J: ¿cómo hacerse escritor en una casa donde solo había cuatro libros?

P: Por milagro, por destino. Creo mucho en el carácter. La sociedad influye, todo influye, pero la gente nace con un carácter. O sea, yo nací y a mi me da igual que no hubieran libros, yo tenía que escribir. Y así fue porque nada apuntaba, yo tenía que haber sido agricultor como mi padre.

Entrevista Juan Vicente Piqueras (2)

J: ¿Cómo fue su niñez?

P: Bueno, mi niñez fue extraña, como antigua, como medieval; en mi pueblo no había agua corriente, las calles eran de tierra, la luz se iba cada dos por tres. Era la España profunda. Todo mejoró en 1975. Yo asistí al cambio vertiginoso de España y a su destrucción, a cómo un país se vende a la riqueza, y la riqueza tiene un precio muy caro. Eso lo estamos viviendo. Y se acabó la gracia de España.

 

J: ¿Cuál era la gracia de España?

P: La pobreza. Es muy duro decirlo. La pobreza sí, la miseria no. La pobreza del que tiene lo que necesita. Hablo de una pobreza digna. Ahora a todo el mundo se lo ha devorado la ambición. Todo el mundo quiere ser más rico. Y eso lleva a un desastre absoluto, porque aquí se podría vivir con lo suficiente.

 

J: ¿La terapia de escribir le ha ayudado para vivir?

P: Yo escribo lo que me sale del alma, no lo hago por encargo. Escribo solo en los momentos más serios y profundos míos. Yo si no escribo me pongo enfermo. Me ayuda a comprender, a desahogarme de muchas cosas que llevo dentro. Es una liberación, una terapia. Ayuda a recordar, en el sentido etimológico de la palabra, recordari, que significa volver a pasar por el corazón, hacer que las cosas vuelvan a sentirse.

 

J: No se puede escribir poesía cuando tú quieres, decías… ¿cuánto tiempo le dedicas a escribir?

P: Eso sería muy gracioso. Estaría muy bien que yo dijera que mañana me voy a dedicar a la literatura y dejase el trabajo. Y llegara a casa con todo el tiempo para mí, y la poesía no me visitase, entonces ¿qué hacemos? ¿Me tiro por el balcón? Claro, es mejor que me visite cuando estoy escribiendo. Aunque, es bueno que te visite cuando vives cosas  aparte de la literatura. Porque sino te conviertes en un literato. Y eso es muy grave para alguien que escribe, convertirse en un literato, es decir, en alguien que hace ejercicios de literatura, en alguien que escribe muy bien, que hace ejercicios literarios, pero que  no transmite emoción. Por eso yo me alejo del mundo literario. Porque si tus amigos en vez de ser literatos son monjes, golfos, campesinos, es muy diferente. El mundo literario es a la poesía, lo que El Vaticano es a Cristo, es decir, una gran traición.