La poesía no está hecha sólo de razón, sino de intuición y creo que es uno de los pilares que sostiene la palabra, afirma el poeta Osvaldo Sauma

.

Por Maritza Palma Lozano

En su voz se siente la suavidad y la fuerza con que de manera simultánea emite unas roncas frases. Osvaldo Sauma nació en 1949 en Costa Rica, el mismo año en que en ese país se aprobó una nueva constitución, la cual permitió abolir al Ejército como institución permanente y concedió el voto a las mujeres; sin presagio alguno de lo que sería, pues más que hombre con el tiempo fue poeta. Sus primeras obras publicadas fueron Las huellas del desencanto (1983) y Retrato en familia (1985), con el cual recibió el Premio Latinoamericano EDUCA; en adelante ha publicado cinco obras más y ha integrado seis antologías poéticas. En fotos destaca su barba blanca, el pelo largo amarrado con una pequeña cola y los lentes que deja caer casi sobre la punta de su nariz mientras lee un poema, disfrutando ese momento que es únicamente para la palabra; sin embargo, hoy solo puedo reconocerlo a través de su voz, de los sonidos que usa para contarse a sí mismo, sus ideas y sus experiencias, siempre con las palabras precisas, pronunciadas en un limbo que lo mantiene entre la agilidad y la agitación.

En esta entrevista más que un diálogo sobre él como poeta hay una diálogo sobre la poesía vista desde su lugar, su voz y su sentir.

¿Cuál ha sido el lugar de la poesía en las artes?

Siempre ha sido la Cenicienta, pero creo que ahora ha tomado una dimensión muy potente. A través de la internet, la poesía se ha propagado muchísimo. Uno se entera que la poesía toma liderazgo y suena en muchos lugares. Y no solo por esto, sino por los festivales. La poesía es universal y por lo tanto los poetas también. No hay diferencia entre nosotros, porque vivimos de la palabra y la palabra es lo que nos mantiene.

¿De qué otra forma podrías explicar eso de que la poesía ha sido la Cenicienta?

Antes no se tomaba en cuenta. No lo digo yo, lo dice la gente. Es la Cenicienta de las artes. Pero del 92 a la actualidad, la poesía ha tenido festivales en la India, Marruecos, en todo el orbe. La gente se desplaza. La gente viaje para expresar su palabra, su unión. Eso nos ha dado una fuerza impresionante.

Se puede decir que el poema no solo se mira como un exorcismo de lo personal, sino que tiene una connotación hacia la sociedad, ¿qué piensas frente a esto?

Tendríamos que apuntar a lo que decía al poeta español que “es un arma cargada de futuro”. Creo que en eso acertó, porque no solo se ha creado conciencia, sino que siempre debe estar a la par de los que no tienen voz. Y eso se ha multiplicado. El poeta ha encarado esos seres que están marginados y toma la voz del pueblo y la transmite. Eso ha creado una conciencia política más grande. Además, los jóvenes se han vuelto grandes lectores de poesía, por lo menos en mi país hay muchos que ya son poetas consagrados y reconocidos en diferentes países.

La poesía aporta mucho a la intuición, y en cierta medida, a la sensibilidad, ¿partiendo de eso, uno podría decir que al mundo le hace falta más poesía?

Por supuesto que sí. Y tomo una frase de José Emilio Pacheco que dice “no leemos a otros, nos leemos en ellos”. Y eso me parece que es la función de la poesía. Decía también José Emilio “hacer que tu voz sea mi voz por un instante al menos”. Ese instante al menos donde uno se guarda los versos del otro, es el resultado de esa comunicación tan necesaria. La poesía no está hecha sólo de razón, sino de intuición y creo que es uno de los pilares que sostiene la palabra.

¿En tu propuesta como poeta le has apostado más a contarte a ti mismo, o también le has apostado a un tipo de poesía que cuestione al mundo?

Diría que ambas están ahí. Lo íntimo y lo colectivo. La poesía tiende a lo colectivo, por eso el solitario solidario de Camus, porque es lo que hace el poeta: uno se encierra en sí mismo para comunicarse con los otros. Se vuelve solidario con los demás, pero tiene que pasar por ese proceso de la soledad y la solitariedad, para poder crear el poema. Ahí está nuestra comunicación y esa es la función de la poesía, comunicarse con el otro, encontrar adeptos en lo que decís. Porque no hay nada más bonito que alguien guarde un poema tuyo o que te repita algunos versos que se aprendió de tu poema. Entonces te puedes dar por satisfecho. Eso, y que haya una persona que piensa o siente igual que vos.

Tú dices que la poesía es una manera de encarar el mundo desde lo interior, ¿qué asuntos has querido encarar?

Bueno, en primer lugar la fraternidad. Por otro lado, el odio a los abusadores, a los que nos tienen en un mundo tan convulso como este, tratar de desenmascarar todo ese mundo amparado en el dinero que nos quiere o intenta borrar al poeta, porque si no hay dinero no existís, pero incluso el poeta subsiste sin dinero, sabiendo que es un mal negocio, te lanzas como un Quijote a conquistar molinos. Creo que esa función es de santos, por decirlo de alguna manera, porque va en favor del otro, de la colectividad.

He estado en Colombia, en Pereira, en Pasto. Y en Nicaragua, por aquello de la cercanía, en el festival de Granada, que es uno de los más hermosos.

¿Qué piensas de los performances?

No soy muy amigo de ello. Me parece que hay otros espacios como el teatro. La música y la danza tienen infinidad. Creo que hay que ser respetuoso de la palabra, del verbo. Aunque Neruda no fuera tan buen lector, a uno se le quedaba la voz de él porque uno lo sentía. Creo que hay que respetar al poeta. He visto en muchos eventos que quieren meter un guitarrista y generalmente ellos tienen un montón de espacio y le restan al poeta tiempo. Ya le dicen al poeta: lea tres minutos, no más, y le dan al músico 15 o 20. Eso me parece que no es justo, porque los poetas viajan de un lado a otro, de donde vengan, y solo leen tres poemas y luego se van a la casa. Y uno dice, pero qué es esto. Para mí se debe dejar el performance para otras cosas y no tanto para la poesía.

¿Cuáles han sido algunos de los festivales del mundo en los que has estado y qué te ha gustado de ellos?

He estado en Colombia, en Pereira, en Pasto. Y en Nicaragua, por aquello de la cercanía, en el festival de Granada, que es uno de los más hermosos. No solo por estar en una ciudad hermosa, colonial, sino por el lago Cocibolca. Ahí participa mucho el pueblo, la gente, porque hay pasacalles con la música del lugar y la gente desfila. Cada año se entierra alguna de las desgracias del mundo, “la traición”, “la guerra”. Hacemos un recorrido hasta el lago y ahí supuestamente enterramos las cosas malas. Ese es un festival que quiero mucho. También he estado en otros festivales: en la India, en el festival de Fitia, lo cual es muy interesante, allí te piden unos poemas y los traducen al inglés y te ponen una pantalla con el poema en inglés y tú lo lees en tu idioma. Eso facilita mucho porque hay muchos festivales donde ponen un traductor y eso le resta también a los locales hispanohablantes.

¿Qué importancia tienen estos festivales?

Bueno, la poesía había que sacarla de su reconditez porque los poetas estaban muy encerrados, no teníamos contacto entre nosotros, y el hecho de que los festivales de poesía se dieran hizo que salieran, de sus buhardillas, a esparcir sus palabras. Y eso permitió ver hasta qué punto tocaban la sensibilidad de la gente.

¿Qué lugar ha ocupado la poesía en el contexto de Costa Rica?

En Costa Rica no tenemos figuras emblemáticas como en Nicaragua. Que tienen grandes poetas no sólo Darío, sino Carlos Martínez Rivas, Ernesto Cardenal y un cartel de poetas que han conformado las diferentes generaciones y que son nombres internacionales y grandes poetas que ya tienen el Cervantes, el Reina Sofía, etc. En Costa Rica no, pero ha venido en un proceso de crecimiento y ahora hay jóvenes poetas que han sido reconocidos; por ejemplo, Luis Chaves, es uno de los poetas más queridos acá que ya ha sido publicado por Seix Barral y otras editoriales internacionales, con becas en Alemania y en Francia. Así, hay muchos jóvenes. Creo que los que fuimos anteriores a ellos, hemos ayudado o cooperado para que este fenómeno se diera.

¿Piensas que el arte es un arma de transformación social?

Totalmente. Diría que, a través de la literatura, por la lectura. En los otros, la observación, el oído. Pero, para mí, por ejemplo, la lectura es el arma, la llave, para la poesía y la comprensión de la misma. Si formáramos lectores, más ahora que hay tanta distracción por medio de la tecnología, estaríamos formando gente con capacidad de reflexión, con capacidad de pensamiento. Hemos visto fenómenos de la gente pentecostal que solo ha leído un libro, y que es el único que tienen, y lo repiten como loros; para mí eso es por una falta de lectura, de que no han tenido discusión y que solo ven como ciegos. Estamos criando rebaños que no tienen capacidad crítica y eso es nefasto para la humanidad.

Hemos visto fenómenos de la gente pentecostal que solo ha leído un libro, y que es el único que tienen, y lo repiten como loros.

Después de explicar con largo aliento, se dispone a agradecer por la llamada, no sin antes afirmar que cree en el poder de los jóvenes que se acercan a la intuición de la palabra. Recuerda que trabajó 30 años en el Conservatorio de Castella, donde además de las clases obligatorias se dictaban clases de artes y cada joven se especializaba en un arte durante su bachillerato. “A mi me tocó, dichosamente, haber mantenido la parte literaria del Conservatorio”, dice. Se enorgullece de saber que en ese lugar empezó la formación de muchos escritores, y que quienes eligieron otras profesiones para sus vidas sientan por él la gratitud de haberles compartido el hábito de la lectura.

Tras su despedida quedan estelas de sus palabras, que en otras ocasiones han sido usadas para plasmar la memoria de lo que él considera un puente entre los otros y la soledad del poeta, como este fragmento del poema Viejo niño padre mío:

 

Te miré tan asustado

tan niño

Padre

cuando la muerte

anunció en tus ojos

su llegada irrevocable

hubiera querido decirte

gracias

despedirme de vos con un abrazo

recordarte que Dios

te había desde siempre perdonado

Dios perdona a todos

los que apuestan la vida por la vida

los que improvisan

con el coraje del corazón

la ruta de la existencia y sus azares

yo sólo hubiera querido decirte

que te amo

que amé tu altivez entre los altivos

tu humildad entre los humildes

y ese terco orgullo

forjado

en la noble arena de los desiertos