Sin embargo, para los que están más cerca de la música latina, saben que Eliades Ochoa se presenta ese día y que tiene tanto nivel como Santa Rosa. Su presentación inicia cuando oscurece y el viento pega fuerte.

 

Por: Jorman Lugo

La salsa es un movimiento que mueve fibras sin importar el lugar donde esté. Es un género lleno de ritmos y matices, que conmueve, exalta, libera, potencia, seduce… en fin, es un entramado de realidades que, desde finales de los años 60, cautivó al público marginal que se movía entre las delgadas líneas de lo ilegal en todas las ciudades del cosmos latino y, luego, desde los 90, encontró su lugar en la industria musical, un lugar más tranquilo y plano, que aseguraba mejores números de venta.

Pero lejos de encasillarse, la salsa fue mutando para no ser objeto de usos exclusivos. Porque la salsa se baila, se escucha, se siente, se piensa, se reflexiona, se aprende. Es tan compleja como el latino mismo. Por eso se entiende que en una ciudad, tan fría y caótica como Bogotá, haya un festival dedicado a los ritmos antillanos y que este lleve más de 20 ediciones.

Aún más, en pleno 2018 salen producciones de orquestas nuevas que buscan mantener vigente los ritmos que marcaron la cultura de este lado del mundo. Por eso eventos como Salsa al parque generan buenas sensaciones, porque se presentan orquestas nuevas, con propuestas que vale la pena escuchar, que se salen de los moldes impuestos por el negocio.

El primer día del evento el clima no acompañó el espectáculo. La lluvia cubrió las calles y el fango entorpeció los pasos de los bailarines. En todo el día el cielo estuvo oculto por una gran nube. Sin embargo, las bandas salieron al escenario y dieron un paseo por el pentagrama del Caribe. El grupo encargado de abrir fue Kinora ensamble, con una propuesta experimental: en la base rumbas, mambos, timbas y una combinación de expresiones urbanas, más la compañía de una guitarra eléctrica.

Luego llegó Charanga la nueva, un grupo con una propuesta clásica en cuanto a sonoridad, flauta y violín. Seguido por Andrés Held Salsa Band y una propuesta experimental y profesional. Tiene folclor caribeño, timba y salsa. Además, una de las vocalistas es especializada en técnica vocal. La voz principal es del Toyo González, un barranquillero con muchos quilates. La propuesta de Radio Bembe Orquesta recuerda mucho el sonido de Nueva York, por los trombones aguerridos y furiosos. También, sus letras tienen ese énfasis social que hizo del movimiento salsero lo que es.

Catorce son charanga dio muestras de la trayectoria que llevan, con premiación en el Carnaval de Barranquilla incluido, y una muy buena puesta en escena. Una agrupación de mucha calidad. La cuota de sonoridad afro la llevó Pibó junto a su orquesta la colombiana. Después salió el grupo tradicional cubano Elito Revé y su charangón, dirigido, desde la muerte del fundador Elio Revé Matos por su hijo. Un grupo que no se oxida, que sigue vigente en fuerza y sabor. Una muestra del poder de los ritmos afroantillanos.

Las dos últimas agrupaciones que calentaron la noche capitalina fueron Guapa orquesta y Mercado negro. La primera es una orquesta de cuatro mujeres que rompen el paradigma de que las chicas no pueden hacer salsa brava. Un espectáculo vigoroso y con mucho golpe. Alimento para los bailadores y todos los amantes de la guapería.

Por su parte, Mercado negro llevó un show cosmopolita. Sus integrantes están radicados en Europa, pero son latinos. Un grupo consolidado en el panorama salsero actual que no defraudó.

Luego llegó Charanga la nueva, un grupo con una propuesta clásica en cuanto a sonoridad, flauta y violín. Fotografía / Idartes

Nueva jornada

El segundo día contó con un sol tímido. Como suele ser costumbre en la capital. No hubo lluvia y esto permitió ver mejor ambiente en el público. Se formaban grupos de afros que gozaban con los ritmos y las propuestas. Otros demostraban los pasos aprendidos en las academías y dejaban ver en su cuerpo la estética del movimiento.

Rocío era una de aquellas personas que disfrutaba del evento, junto a Luis, ambos afrodescendientes nacidos en lugares distintos. Ella de Barranquilla y él de Buenaventura. Se conocieron por buscar identidad en sus raíces y evitar el rechazo que suelen sufrir los negros en la capital. Era su primer salsa al parque y les alegraba ver tantos afros en un mismo lugar.

—Por lo general, dice ella, solo en el sur se ven tantos afros reunidos.

Ellos esperan a otras personas que están retrasadas. Por eso están ubicados en la periferia del lugar y ven de lejos cómo bailan otras personas. Uno de los grandes atractivos de ese día, sino el de mayor renombre, es Gilberto Santa Rosa.

—Yo lo espero a él, cuenta Luis. La salsa que él hace es para bailarla lenta y sentirla con la pareja. Así me gusta a mí.

Rocío, aunque le gusta y sabe que no se puede perder el show del caballero de la salsa, porque su hermana mayor le pidió un vídeo donde estuviera cantando La conciencia, espera algo más rápido y que la deje tirar paso.

Salsa al parque. Fotografía / Idartes

El cartel del festival no es tan llamativo para el público en general porque los nombres no tienen tanto prestigio. La mayoría de orquestas son de la capital y llevan pocos años en la movida. Los de nivel nacional aún no tienen la penetración que tuvieron orquestas como Fruko o Niche. A pesar de esto, el lugar está lleno. Se ven personas tratando de acercarse a la tarima y otros tratando de salir. Una multitud sigue la salsa sin importar la popularidad de las orquestas. Siempre fue así el movimiento.

Sin embargo, para los que están más cerca de la música latina, saben que Eliades Ochoa se presenta ese día y que tiene tanto nivel como Santa Rosa. Su presentación inicia cuando oscurece y el viento pega fuerte. Pero con los rítmicos típicos cubanos y la maestría que adquirió en su paso por Buena Vista Social Club enciende la fiesta. Lo de Eliades es tremendo. Los años pasan y el sabor se conserva. A pesar del frío, si se cierran los ojos, se podría perder alguien en el Caribe, en “una noche guajira”.

El grupo que continúa es de Cali. Es una agrupación donde todos los integrantes son mujeres. Las guaracheras llegan con una puesta en escena cautivante. Desde la parte sonora, que explora las raíces cubanas y puertoriqueñas, van pasando por sonidos que se acercan al extraordinario sexteto de Joe Cuba. Además, le imprimen la fuerza del trombón. Las intérpretes desbordan talento. Cada una, en medio del show, tiene el espacio para mostrar sus dotes. Un espectáculo generoso.

El final del día lo cerró Santa Rosa. En el escenario es impecable. Su voz es idéntica a las grabaciones que hizo hace más de 20 años. Por eso es el “Caballero” de la salsa. Siempre bien puesto, siempre elegante. Un excelente cierre para un festival que ayuda a mantener la salsa vigente y que demuestra la calidad de las nuevas agrupaciones.