¿Se atrevería a vivir desnudo con otros?

En este hogar nudista la vergüenza queda literalmente en cueros, para poder disfrutar de un espacio donde los falsos pudores se abandonan en la puerta de entrada. Vivir felices, en completa normalidad, es el deseo cumplido de los múltiples visitantes y residentes en este apartamento ubicado cerca al centro de Medellín.

 

Texto: Wilmar Vera Zapata

Fotografías: Cortesía Comunidad Nudista Otro Cuento

Es un apartamento normal en un edificio normal. Sus inquilinos y visitantes se reúnen para almorzar o comer, leen libros, ven películas y hasta organizan talleres artísticos o de gastronomía. Todo normal. Lo único diferente es que quien cruza esa puerta debe permanecer desnudo. Y todo sigue muy normal.

En el mundo hay playas, restaurantes, iglesias y hasta citas amorosas trasmitidas por TV nudistas, pero en Medellín se abrió hace pocas semanas el primer apartamento donde sus habitantes deben vivir las 24 horas del día como “Dios los trajo al mundo”.

Rafael Sandoval, artista, pintor y miembro de la Comunidad Nudista Otro Cuento, fue el que se le ocurrió la idea.

“Quien entra aquí es porque se siente cómodo desnudo. Han llegado personas que, desde el primer momento que pasan la entrada ya se están quitando la camisa y la ropa. Es algo liberador”, comenta, sentado sobre un sofá colorido, con las piernas cruzadas, encarnando su filosofía de vida.

Para ellos, la ropa es una señal de imposición, de pérdida de libertad, de control del cuerpo. Desde pequeños se nos enseña a realizar ciertas posturas, a no exhibir ciertos sentimientos y, en especial, a dejar el cuerpo desnudo solo en unos momentos especiales y muy, muy privados: el baño, una cita médica o la intimidad de los muy allegados. La ropa es el escudo que protege, esconde y define a las personas al mismo tiempo. Incluso, permite disfrazar y llenar lo que falta para alcanzar el canon de belleza que se pregona, el cual la sociedad de consumo recuerda y por ello expulsa a los que no caben en esas normas.

En la actualidad, dos personas habitan con Rafael en el apartamento. Pero si alguien es seguidor de esta filosofía puede permanecer en el sitio –o alquilar una de las tres habitaciones– y experimentar la vida y la cotidianidad sin más muro que la piel que nos cubre e individualiza.

“Yo me encontraba buscando un apartamento para vivir y un amigo me habló de la posibilidad de este lugar. Vine y me pareció maravilloso. Tuve curiosidad, pero llevo cuatro días y no me arrepiento. Estoy seguro de lo que hago y gracias a este grupo me estoy auto conociendo y cada momento se viven cosas diferentes. Se puede sentir esa energía”.

Jaime Zapata es estilista y sabe cocinar, tiene 34 años y desde hace varios meses salió de Puerto La Cruz, cerca de Caracas, a buscar un destino diferente y halló el nudismo como teoría y práctica.

“El nudismo me da seguridad. Vivir aquí me permite conocer muchas personas interesantes, aportarles a ellos mi saber y, en especial, convivir en un lugar donde se respeta el espacio de los otros. Uno no vive presionado y se es libre por completo”, explicó Zapata con voz suave y de acento puertocruzano, mezclado con algunos paisas “pues”. Al momento de la entrevista llevaba cuatro días en la casa y confesó que la felicidad era plena y que deseaba aplicar ahí la “inteligencia socialista”.

“Es cuando uno ante las dificultades no se queda esperando las respuestas y soluciones sino que no se queda quieto y se intercambia lo que uno sabe con lo que otros conocen. Por ejemplo, puedo hacer el almuerzo o la cena un día y otros me dan un servicio cuando yo lo necesito”.

En buen colombiano: recursividad.

 

El nudismo es una manera de apropiarse del propio cuerpo, sin temores y como una decisión de libertad personal que de ninguna manera pretende agredir al otro.

Éxito total

La idea empezó hace algunos meses, pero ya Rafael y los miembros de la Comunidad Nudista Otro Cuento, grupo nudista con más de 700 integrantes directos y 1700 en su grupo de Facebook, habían descubierto que en Medellín había una gran necesidad de andar “libres”.

“Rafael es pintor y me dijo que iba a hacer una exposición. Como a él le gusta pintar desnudos, se le ocurrió que el público asistiera al cóctel de inauguración de su exposición sin ropa. Pensamos que irían pocas personas, por lo que planeamos invitar a a nuestros amigos cercanos, éramos 10 para que no quedara la inauguración tan sola. Pero a medida que se acercaba el día, más y más llamadas nos hacía gente que deseaba asistir o estaba averiguando el evento”. Quien habla es Mauricio Sarmiento, un exrolo que de tanto viajar ha perdido su acento propio y se expresa con la mezcla de paisa, costeño o bogotano. Echado en una hamaca, rememoró que la misma dueña de la galería estaba asombrada porque muchos deseaban participar desnudos en una inauguración de pinturas.

“Incluso una señora llamó. Dijo que venía del campo, que si no había problema porque ella ya era mayor”, señala Sarmiento.

Y preciso, el día de la inauguración, realizaron dos ceremonias, la primera a las 7:00 pm donde llegaron 50 y a  la segunda a las 9:00 pm, fueron 65, desbordando las expectativas de todos. Además de desnudos colgados en las paredes de la galería, los visitantes desnudos conocieron con curiosidad y temor el placer de concentrarse en una persona sin necesidad de imaginarse qué esconde bajo las faldas o los pantalones.

Sin ropa, ahí sí más literal que nunca, la sinceridad toma cuerpo.

“Todos estuvieron desnudos, pero eso no se hace de una vez, hay un proceso para que los asistentes vayan aceptando su liberación. Hacemos una ronda de personas y les decimos que, con los ojos cerrados, se vayan despojando de sus vestimentas y sientan que se quitan con cada prenda un peso, algo negativo o que los acompleja. En ese proceso, todos de espalda y con los ojos cerrados, terminan de desnudarse. Luego se dan la vuelta y les pedimos que abran los ojos. El impacto de verse todos sin ropa es enorme y permite que no haya prejuicios ni vergüenzas”, añadió el pintor Sandoval.

Presentarse sin ropa es una forma de aceptar y aceptarse como se es, con sus partes agradables y otras no tanto; la ropa sirve para enmascarar y esconder lo que no gusta o es socialmente rechazable. Eso permitió, en uno de los encuentros, que una asistente dijera que ella siempre buscaba relacionarse con ciertos tipos de hombres, convencida de que la belleza masculina se encerraba en lo que la publicidad anunciaba como lo bueno: cuerpos jóvenes, bien torneados, exultantes de vida y salud. Ella comprendió en estas actividades y encuentros que se había perdido de muchos tipos de cuerpos y formas igualmente bellas, por una imposición injusta y antinatural.

“La perfección no existe. Existe la belleza en la diversidad de los cuerpos, con sus detalles e imperfecciones que los hacen más especiales”, dice Sarmiento.

“Han pasado otras historias muy interesantes. Una pareja, donde la señora era muy bonita, confesó que había un problema en su relación. Es más, estaban a punto de separarse en ese momento que nos visitaron. Resulta que desde que ella había tenido el último hijo, hacía 10 años, veía su cuerpo poco agradable, lleno de estrías e imperfecciones que, a sus ojos, le impedía sentirse cómoda, incluso dejó de desnudarse ante su marido”, anota Sandoval.

Ante esa sorprendente declaración, todos coincidieron en contestarle que no veían nada extraño, es más, se veía mejor de lo que ella creía y esas imperfecciones, más que afectar el paisaje corporal exhibido, le daban su seña particular que la hacía única.

“Una semana después llamaron. Estaban felices. Habían retomado la pasión y la confianza que habían perdido, gracias a esa experiencia de desnudo general”.

Y es que para los seguidores del nudismo, permanecer sin ropa hace que los prejuicios se pierdan y uno conoce –de verdad– a las personas en su físico y no desde lo que la ropa quiere expresar artificialmente.

“Usted me ve así desnudo, sin esconder nada. Sin etiquetas. Pero si salgo y me ve con ropa de ingeniero o de obrero, de militar o de colores chillones, se hace a una idea de la persona que acaba de conocer y puede que se relacione conmigo o no. Aquí, sin nada para esconder, nos mostramos como somos, incluso a los pocos minutos, nadie percibe que está desnudo”, explicó Mauricio Sarmiento.

Tan natural se vuelve que hace unos días, en una reunión de la comunidad, tocaron el timbre y un miembro del grupo salió hasta la puerta principal a abrir, cruzando los corredores del edificio. Segundos después regresó corriendo a ponerse una pantaloneta y una camisa, antes de que los vecinos lo vieran.

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El “Hogar nudista”

¿Hay sexo en el primer hogar nudista de mundo? No, pero el tema no está ausente. Es inevitable que se lo trate, converse y hasta genere curiosidad ante tantos cuerpos al natural. Pero es un imaginario que desde la ignorancia muchos pueden tener.

“Pueden ocurrir situaciones en los hombres, que son entendibles, pero no los señalamos ni los reprochamos. Son reacciones normales del cuerpo. Tampoco es un lugar para encuentros sexuales, para eso existen otros espacios; aunque como es natural y lo más común de cualquier hogar y de cualquier ser humano, en la intimidad de los cuartos cada uno vivirá sus relaciones sexuales”, explica Rafael Sandoval.

El apartamento, ubicado cerca al centro de Medellín, es un lugar sencillo, pero bien cuidado. Con ventanas pintadas al estilo de Guatapé, de colores contrastantes y alegres. Cuenta con cuatro habitaciones, una de ellas donde vive Rafael Sandoval, su principal inquilino. Para acceder a él, debe pasar por una entrevista, donde exprese su conocimiento de la filosofía nudista y acepte acatar y respetar a los participantes.

“Usted puede venir aquí, traer su cama, sus utensilios y tiene derecho a gozar de los ambientes del lugar: televisión con cable, internet, Netflix, utilizar la cocina con todos sus implementos, estantes para sus objetos, una enorme terraza con cuarto de ropas, la sala de estar y comedor con hamacas, video proyector y balcón”, anotó Sandoval. Un plus: con frecuencia en el sitio se hacen charlas, conferencias, cine, encuentros gastronómicos o talleres artísticos que enriquecen a sus participantes y amplían el círculo de amigos.

“Al terminar los eventos de la Comunidad y una vez vestidos, afuera, uno puede recibir invitaciones para ir a teatro o a cine. El nudismo permite crear amistades por fuera de la comunidad”, explica Sarmiento.

Pero si desea experimentar por días u horas el nudismo, el espacio está abierto para que los visitantes que van de paso por la ciudad vivan la alegría de romper las ataduras de la tela y los prejuicios que esta da cuando se cuelgan en el gancho del cuerpo.

Mientras conserven las reglas, todos son bienvenidos, pues en los encuentros de la Comunidad hay niños con sus padres, parejas de jóvenes y hasta personas que nunca creyeron posible contemplar y contemplarse en los ojos de los demás con los prejuicios guardados y doblados en un espacio llamado guardarropa. Incluso, con la comunidad se hacen caminatas ecológicas y actividades deportivas al aire libre o en espacios como saunas y turcos.

“Hace poco tuve un sueño maravilloso. Soñé que estaba en un parque, lleno de personas, que jugaban con sus niños, que andaban despreocupados. Todo era muy normal y convivían personas desnudas y vestidas de forma muy natural. Yo pensé: “qué maravilla de tranquilidad la que se vive”. Fue muy bonito y me levanté muy feliz”, anota con una sonrisa amplia Sandoval. Todos asentimos que era un ideal.

Aunque no es imposible que algún día el cuerpo libre de trapos sea común, él y la Comunidad Nudista Otro Cuento comenzaron a materializar esa alternativa de amor propio y respeto a la diversidad. En Medellín, ciudad de doble moral, pacata y conservadora, ya hay un espacio de libertad, respeto y desnudez.

Y es que por algo se debía empezar.