La octava posición del Torneo Postobon (División B) del fútbol colombiano está señalada por un bloque rojo y amarillo, el cual no tiene nombre y no existe en el contexto futbolístico nacional. Esta posición, antes del jueves 3 de mayo del 2012, estaba ocupada por un equipo llamado Deportivo Pereira, al cual se le suspendió el reconocimiento deportivo debido a sus deudas por compromisos salariales, seguridad social y parafiscales, algo que le impide participar en los certámenes deportivos oficiales…

Clamar a los dioses o a las fuerzas sobrenaturales, tal vez la única salida para que el fantasma del Pereira no se pierda entre el humo bicolor /Foto Zonacero.info

 

Por Juan Francisco Molina

Con el equipo risaraldense se hace efectivo el artículo 8 de la ley 1445, llamada Ley del deporte, el cual indica que a toda institución que supere los 60 días sin pagos salariales,  parafiscales y de salud, se le suspenderá el reconocimiento deportivo temporalmente, hasta el momento en que liquide todas sus deudas, las cuales, en el caso de la entidad “matecaña”, se elevan aproximadamente a 9 mil millones de pesos, cifra que podría aumentar 2 mil millones de pesos  si se tiene en cuenta la deuda moratoria que todo este proceso implica. Deportivo Pereira es el primer equipo de fútbol en que se haría efectiva la sanción, si no hay pago oportuno de lo adeudado.

Con esto, los matecañas sufren el accionar de múltiples administraciones que no supieron otorgar fortaleza económica e institucional a un equipo, que hoy por hoy, o mejor, siempre por siempre, ha sido una precaria canoa llena de agujeros, los cuales han impedido consolidar una estabilidad y continuidad positiva tanto en el aspecto deportivo como en el financiero.

Es en medio de tales dudas e inoperancias administrativas que el Pereira acumula un déficit, el cual viene a ser una especie de cáncer del cual nunca se supo la fecha de inicio o diagnóstico, pero que, igual, no deja de atormentar con sus efectos a una institución que, sin el reconocimiento deportivo, viene a ser un fantasma, un espíritu en medio de un contexto futbolístico nacional que, a su vez, presenta varias entidades con situaciones similares.

Vale hacer la aclaración que a ningún equipo ha sufrido de manera severa la sanción por la pérdida del reconocimiento deportivo (no poder participar de las competencias deportivas oficiales). Pues en casos como los del Once Caldas o el Cúcuta Deportivo, tales instituciones han pagado sus deudas o se han sometido a la ley de insolvencia económica, la cual, parcialmente, desestima los efectos de la sanción que ahora se impone sobre el Pereira y, que se recuerda, en algún momento perjudicó al Atlético Bucaramanga y al América de Cali; en tales episodios, ambos equipos, si bien es cierto perdieron los 3 puntos de un partido (los santandereanos en la División B y el América en Copa Postobón), no habían agotado el recurso de reposición y pronto arreglaron el problema, instancia que ya agotaron los “matecañas”.

De ser así, el Pereira no podría jugar su próximo partido ante el América en Cali, pactado para mañana 7 de mayo, ya que en el reglamento se especifica que para levantar la sanción una vez impuesta, la solución es realizar los pagos o los acuerdos de estos 48 horas previas al compromiso, algo que no se hizo el sábado 5 de mayo.

Salvo que aparezca algún jeque árabe pagando las deudas (o cualquiera otro que quiera hacerlo así), y que en este caso el Pereira negocie con la Dimayor para que lo autorice jugar, o bien, se acepte la solicitud de la entidad pereirana de someterse a la ley de insolvencia (la cual aumentaría su plazo para saldar sus deudas), el cotejo ante los “diablos rojos” no se podría realizar, perdiendo así el Pereira los puntos sin presentarse siquiera en el terreno de juego…

Un fantasma que deambula errante

El Deportivo Pereira, en medio de tal situación, y siendo posible afirmar esto de su historia en general, sobre todo la reciente, parece ser ese equipo de fútbol jamás inventado en una novela del escritor ruso Fiodor Dostoievski: víctima de su propia sombra o penumbra, casi siempre destinado de forma inexorable a toda clase de tropiezos, atormentado por sus deudas y perdedor empedernido de unas apuestas, que si bien es cierto en un pequeño momento pueden dar resultado, al final se terminan somentiendo a la ley de Murphy…  Quizá si todos se lo piensan un poco, esta puede ser rebautizada  como “la ley del Pereira”, el ahora fantasma, exterminado por un cuerpo especializado de Ghosbusters: sus dirigentes.

Se evapora un humo rojo y amarillo mientras los actuales directivos y máximos accionistas -la familia López Bedoya-buscan solucionar el problema del reconocimiento deportivo, declarando al equipo en la ley 1445 de insolvencia económica, y con la advertencia de que las deudas del Pereira nada tienen qué ver con su administración, responsabilizando a la anterior de tal lastre. Algo difícil de creer por parte de cualquiera que conozca algo de la historia de este equipo.

Se evapora un humo rojo y amarillo mientras en la prensa se especula con la llegada de soluciones a un problema que parece no tenerlas. Al final, asumir el mandato del Deportivo Pereira, significa acarrear algo más pesado que un globo terráqueo… quizá ni el mismo Atlas se animaría a tal tarea.

Se evapora un humo rojo y amarillo mientras los hinchas de la institución matecaña se movilizan por diferentes puntos de la ciudad, buscando la respuesta a una ecuación de múltiples incógnitas; algunos desesperados ante la impotencia de ver cómo el barco se hunde y no se puede hacer nada para evitarlo; otros, propositivos de quimeras, que quizá su amor por el equipo los animaría a realizar, por más surrealistas que se planteen; unos más optimistas e incondicionales; muchos otros pesimistas y descalificadores de la actual gestión directiva; pocos indiferentes al asunto pero presentes de cuerpo… eso sí, todos tienen algo en común: un sentimiento perturbador de incertidumbre… ¿Es quizá eso lo que genera el hecho de estar ante la presencia de un fantasma?

Desde lejos se observa la evaporación en forma de humo rojo y amarillo, conformando la abstracta imagen de un espíritu vestido con una camisa amarilla de rayas rojas, pantaloneta y medias del mismo color… este ha perdido una vez más su rumbo, en medio de su extravío. De nuevo, no sabe hacia dónde ir…