Aceptar este tipo de realidades nos hace entender que la sociedad es más diversa, más incluyente, pero que también viene con problemáticas muy difíciles de tratar, como el abuso de las drogas y la predominancia de enfermedades mentales.

 

Por / Natalia Andrea Uribe Tapasco

Euphoria no es la mejor serie que he visto,  pero sí ha sido la que más impacto me ha generado en estos últimos meses, es completamente real y apasionante, es un alucinógeno tremendo, sus imágenes y actuaciones denotan una historia fuerte, oscura y violenta. Es la realidad.

Cada vez que inicia una nueva generación los críticos se muestran estupefactos de cómo se están deteriorando los jóvenes y hasta dónde vamos a llegar como sociedad; siempre utilizan frases como “la juventud de hoy está cada vez peor”.

De lo que no se han dado cuenta es de que hasta los filósofos más antiguos se han referido a los jóvenes de una manera similar. Por ejemplo, Sócrates dijo “Los jóvenes de hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida y le faltan al respeto a sus maestros”. Cada vez que exista un cambio generacional, se va a tener la misma perspectiva.

Por eso, es importante que entendamos que no es que la sociedad esté cada vez peor, es que solo cambia constantemente, si son buenos o malos, ese es un análisis del cual se encargará de responder la academia en su debido momento, lo que sí es trascendental es que comprendamos que los cambios están ahí, que existen, que tenemos que aceptarlo, comprenderlo y, sobre todo, saber accionar frente a estos fenómenos que se van dando a través de los años.

Los cambios siempre significan libertad, el ser humano constantemente está solicitándola, no le gusta sentirse subyugado, encerrado, gobernado, oprimido, por lo tanto, siempre se encuentra exigiendo derechos, oportunidades y autonomía. Piensan que cada vez estamos peor porque se escandalizan con cualquier rasgo de autodeterminación.

Aceptar este tipo de realidades nos hace entender que la sociedad es más diversa, más incluyente, pero que también viene con problemáticas muy difíciles de tratar, como el abuso de las drogas y la predominancia de enfermedades mentales; precisamente eso es lo que muestra Euphoria, que el temor hacía los padres ha desaparecido por completo, que los métodos educativos deben cambiar, los que tenemos actualmente se encuentran en desuso, necesitamos nuevas ideas y teorías para poder sobrellevar este tipo de situaciones.

Es importante esta serie porque muestra de cerca lo que está viviendo la Generación Z, como lo dice Fotogramas en un artículo: “su Director, Sam Levinson, se propone conseguir algo que pocos cineastas se atreven siquiera a intentar: dibujar, en color, forma y contenido, el torbellino de emociones de la Generación Z”

Porque sí, es un torbellino de emociones, cada personaje tiene un conflicto emocional distinto, pero en general, lo que siempre se busca es la validación dentro de una sociedad extremadamente exigente, esto no es nuevo, desde la época victoriana vivimos con ansias de querer encajar y ser aceptados por los demás.

Pero llevado a la actualidad es interesante, la tecnología hace que el contexto sea diferente, en esta nueva época se busca aceptación sin tener que estar presente, validación a través de las redes sociales, de un like, de un seguir, lo cual ha generado que las personas que no pertenecen a ese mundo se sientan excluidas, trayendo como consecuencia el alto índice de enfermedades mentales como la ansiedad y depresión que pueden terminar en una cantidad preocupante de suicidios. Pues bueno, esta es Euphoria, un recordatorio del cambio generacional que está viviendo la sociedad y que, por ello, necesitamos empezar a actuar y entender.

Es inquietante, perturbadora, mágica y maravillosa; su musicalidad, puesta en escena, transporta y hace que se sienta lo mismo que sus personajes. Está llena de escarcha, colores, movimientos y éxtasis.