LA RUMBA ME ESTÁ LLAMANDO

…en el año de Manuel Zapata Olivella creo que Toques de son colorá es un verdadero homenaje: la presencia de porros y currulaos, negros e indígenas, Caribe y Pacífico; la amistad.

 

Por /  Jáiber Ladino Guapacha – Ilustraciones / Stella Maris

Toques de son colorá.

Adelaida Fernández Ochoa.

Planeta Colombiana.

2020.

Es difícil explicar cómo unas lentejas, acompañando algunas monedas en el bolsillo derecho del pantalón, entre nochevieja y año nuevo, pueden asegurarte doce meses de prosperidad económica. Escapa a cualquier razonamiento. Es más fácil demostrar el poder de la luna sobre los sembrados y los cortes de cabello que las uvas y la champaña en el momento de recibir el primero de enero. No obstante, cuando pensamos en las lentejas, en su compañía a la humanidad desde el Nilo, su registro en el Génesis, nuestra dieta universitaria, sus posibilidades para reemplazar la proteína animal, pues con gusto nos embolsillamos los puñados necesarios como gratitud con la leguminosa.

Más que el poder efectivo de tragarse las uvas y sus semillas, reconozcamos que el separarse del ánimo racionalista y efectista con el que premeditamos nuestras acciones, le hace bien a la imaginación. Y no hay nada más provechoso que tener buenas migas con la Loca de la casa. Es necesario darle su espacio para que no entorpezca demasiado nuestra economía. Relegarla a los sótanos crea criminales y no ponerle límites nos deja sin casa.

De las muchas prácticas compartidas en esa fecha, voy a mencionar dos para recomendarles la lectura de una obra publicada en 2020. ¿Agüeros sonoros? Sí, así es. Busco la introducción a las fiestas familiares con una misa de acción de gracias que según la liturgia tiene la lectura de la epístola: Hijos míos es la última hora. Se les había dicho que vendría un anticristo y ya está entre nosotros. Luego, del evangelio según Juan: En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios y el Verbo era Dios. Cuando escucho estas líneas me digo a mí mismo: Papi, se acabó. A limpiarte de los que estuvieron contigo y luego pelaron el cobre. La última hora. Y de nuevo, al principio.

¡Pilas! Este plato es heterodoxo y a la base cristiana he añadido otras especias. Para que sea 31 de diciembre y vivirlo como tal, también necesito escuchar a Celina y Reutilio con el grito inmortal: ¡Qué viva Changó!

Pues bien, por esa razón repartí las páginas de la reciente novela de Adelaida Fernández Ochoa, de tal manera que sus líneas finales fueran lo último leído del 2020. Cuando la inicié, el maremágnum poético de su primera página en la que Changó se me revelaba, me arrasó: “Digamos que soy la rumba, toque de campana y clave, inspiro el son, la bomba y el mambo, la pachanga. La salsa”.

Me pregunto en este momento si la entendí. Me pasa al igual que con las lentejas en los bolsillos: acepto su carga simbólica; sin embargo, no puedo explicar cómo acontece la magia.

Las primeras 50 páginas son un reto. Habla una divinidad y para quienes estábamos acostumbrados a la zarza ardiente del Sinaí, es difícil reconocer la voz de un dios múltiple que acepta todos los orígenes endilgados y además los convierte en música. Dios poeta que va y viene, cuya palabra canta y cuenta, crea y superpone. Dios Barroco. Si me lo permiten, en el año de Manuel Zapata Olivella creo que Toques de son colorá es un verdadero homenaje: la presencia de porros y currulaos, negros e indígenas, Caribe y Pacífico, la amistad. Sí, el amor, la fraternidad, la solidaridad, el erotismo: el Muntú. Les corresponderá a los críticos condenar mi fanatismo y aceptaré el destierro canónico porque he entrevisto la ciudad prometida que ya pisan nuestros pies, tus umbrales, Cali. Como buen jerosolimitano, en el fondo y el exterior, la necesidad de una ciudad sagrada a la cual peregrinar, me define. Las páginas de son colorá sobre el ritual salsero confirman mi herejía: Mi Meca es Cali.

Con rasgos de las obras que la precedieron y la profundidad erudita, Adelaida Fernández se inscribe en la tradición literaria de una ciudad salsera que ya nos había hecho bailar en la quietud de la lectura. Habitamos la ciudad a través de una familia de amigos generosos, celosos, leales de los que vamos conociendo vida y pasión, muerte y resurrección.

La energía desbordada en cada página obliga una alimentación y una hidratación constante. De línea en línea pasan ron y aguardiente. De vez en cuando empanadas y uno que otro caldito. Para mí gusto, los párrafos dedicados a los tamales son inolvidables. Poco fotogénicos, Adelaida los retrata con una delicadeza que alimenta el alma. Preparados por los amigos, nos hacen entrar en comunión con Rosa, eterna, inasible.

“[…] aunque los alimentos están imbuidos de espíritu, en ningún otro plato se difunde como en el tamal, será porque incorpora ingredientes contrarios en idéntica proporción: vida y muerte; bienvenida y adiós; goce y tristeza. Lograda la aceptación de mis amigos, quedé fortalecida para que se vinieran las cantidades masivas de cebollas junca tan apretada de lágrimas. ¡Ah!, cómo le gusta a la cebolla avivar los acentos del adiós. Invoqué el espíritu vegetal para que las hojas de plátano suplieran, como solo ellas pueden hacerlo, un par de debilidades: la carne con apenas sal, y poca grasa”.

Vuelvo al inicio, vuelvo a hablarles de agüeros para conservar la prosperidad. Toques de son colorá me ratificaba el mejor, el que no tiene falla, el puesto a prueba una y otra vez. El delicado. Por su fragilidad no está disponible para todo el mundo, pero no conozco un ser humano que no lo haya intentado, ni puedo dar fe de otro que lo supere.

Después de un año encerrados, amarrados, impedidos, en el inicio amenazado de un año cuyas tretas apenas si sospechamos, les recomiendo, me recomiendo, cultivar la amistad. Funciona. No voy a repetirlo. Es combustible y por eso se recomienda mucho tacto, termino por advertir. Lean Toques de son colorá y comprenderán mi entusiasmo salsero en los dioses y los amigos. Se me ocurre cerrar con los Versos sencillos de Martí, póngalos usted en la voz que prefiera. Yo sigo a Celia: Cultivo una rosa blanca, en junio como en enero, para el amigo sincero que me da su mano franca. ¡Azúcar! ¡Aché! ¡Feliz año nuevo!

@j_guapacha @JaiberLadino