LAS VOCES QUE QUISO SILENCIAR LA MASACRE DE TLATELOLCO

No busque lo que no hay: huellas, cadáveres

que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa,

a la Devoradora de Excrementos.

No hurgues en los archivos pues anda consta en actas.

Más he aquí que toco una llaga: es mi memoria.

Duele, luego es verdad. Sangre con sangre

y si la llamo mía traiciono a todos.

Del poema Memorial de Tlatelolco,

 Rosario Castellanos.

 

 

Hace 50 años se publicó un libro polifónico, hecho de múltiples microrrelatos que reconstruyen un hecho cruento de México, ocurrido el 2 de octubre de 1968, a pocos días de la inauguración de los Juegos Olímpicos de ese año. Con reportería y estilo innovador, Elena Poniatowska escribió La noche de Tlatelolco. Con dos ediciones y más de 65 reimpresiones, es un documento imprescindible de la memoria del movimiento estudiantil de Latinoamérica.

 

 

Escribe / María Lucero Marín Osorio – Ilustra / Stella Maris

Contar y dar a conocer una serie de testimonios orales recogidos a partir de los involucrados, espectadores y afectados de la masacre ocurrida el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, ubicada en el Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco, en Ciudad de México, es lo que busca Elena Poniatowska en esta obra de no ficción llamada La noche de Tlatelolco. Recoge opinión y sentimiento de personas a favor y en contra del movimiento estudiantil, permitiéndonos acercarnos más a la verdad.

En este texto la autora cuenta cómo se unió el pueblo y cuál fue la respuesta de parte del gobierno de Díaz Ordaz. Escribe los testimonios recogidos durante dos años, algunos de estos desde las cárceles (la de mujeres y Lecumberri), en donde Poniatowska usaba otro nombre para mayor seguridad y comodidad, haciendo uso de su maravillosa labor como periodista de campo, dándonos a conocer los diferentes pensamientos uniéndolos y comparándolos. No solo basándose en estas, también recogiendo lo dicho por el gobierno en comunicados oficiales y lo publicado por los periódicos. Ella dice que nunca pensó en las consecuencias que esto le podría traer y que por suerte no le trajo, menciona que su objetivo era lograr que el mundo supiera lo ocurrido y que esto no solo quedara en la memoria de los devastados mexicanos.

El libro consta de dos partes; la primera se llama “Ganar la calle”, aquí muestra cómo el movimiento estudiantil toma fuerza y se da a conocer ante los mexicanos, ganándoselos y luchando así por un bien común, uniendo fuerzas para luchar contra un gobierno corrupto y tirano, buscando una democracia más abierta y participativa en donde no solo hubiera un partido político, PRI, y en donde realmente fuera escuchado el pueblo mexicano. Es en esta parte en donde se dan a conocer los testimonios de líderes, personas del común, obreros y hasta granaderos, algunos a partir de abogados, de padres, madres, hermanos, esposas, esposos y de presos. Cuenta las estrategias que usaba el movimiento estudiantil para despertar el interés del pueblo, de cómo lograron que confiaran en ellos sin la cantidad de estigmatización que se tiene con este mismo, habla de cómo se desarrollaba el movimiento, de cómo cada sector ayudaba desde su enfoque y desde donde se podía.

La segunda parte se llama “La noche de Tlatelolco”, donde trata de la masacre. Es en esta parte en donde se recogen los testimonios de las víctimas y sus familiares, muchos de ellos recogidos en hospitales y de sobrevivientes. A pesar de su corta extensión, es la más significativa, ya que no solo está cargada de sentimientos de dolor, de tristeza, si no que con ésta se le da el cierre a la red de relatos. El inicio es igual: la repentina aparición de tres luces de bengala en el cielo de la plaza, y a partir de eso, se desencadena una serie de sucesos en la cual se evidencia la represión y la maldad del gobierno, ya que los toma a mansalva, los encierra y les dispara desde arriba a una multitud quieta, tranquila y esperando un cambio que tendría un trágico final.

Esta obra es difícil de leer y cuesta entenderla al principio si no se está acostumbrado a relatos que tejen una historia, ya que se debe tener en cuenta que son muchas voces y distintos puntos de vista dándole enfoques en una determinada línea de tiempo, haciendo mucho más fácil que el lector se confunda y piense que un relato está relacionado con otro diferente. Sin embargo, esto es lo de menos, en su desarrollo el lector se acostumbra y finalmente entiende cómo se va dando la historia a medida que avanza en el libro, y logra llamar mucho su atención haciendo que valga la pena entender poco a poco esta forma de narrar.

Considero que esta autora fue muy objetiva a la hora de recoger los relatos, ya que dio a entender muy bien la problemática y el contexto del porqué se llegó a esta situación sin quedarse solo con la versión de los hechos de algunas personas y de los principales afectados. Poniatowska tuvo en cuenta la opinión brindada por la prensa y por los gobernantes de ese tiempo. No solo da a conocer los hechos ocurridos, sino que logra que simpaticemos con las personas y con el movimiento en general permitiéndonos cuestionar ciertos pensamientos que tiene cada uno de nosotros. Un ejemplo de estos podría ser la idea muchas veces clasista que tenemos con estudiantes por tener más o menos recursos que los otros, imaginando así que solo a nosotros nos afecta o importa. También enseña cómo es que cada persona puede aportar algo a la lucha desde sus capacidades dándole diferentes enfoques a partir de las ideas, demostrando así que la unión es muy importante para hacer escuchar la voz del pueblo y su inconformidad.

Otro factor que veo muy importante en esta obra es que, aunque todo tuviera algo en común y se apoyara en esto para seguir tejiendo la red de relatos, en ningún momento fue redundante y fue muy específica al ordenarlas de manera cronológica, mencionando, como dije antes, una línea de tiempo específica. Logra así que sea más entendible para el lector, permitiendo que se apoyara en la fecha y el nombre de la persona que dio su testimonio, lo que hace que la historia avanzara con la mayor rapidez y claridad posible sin que queden espacios, obteniendo el principal objetivo por el cual Poniatowska recogió testimonios: ser la voz de aquellos que querían un México mejor.

Referencia bibliográfica

Poniatowska, Elena (1971). La noche de Tlatelolco: Testimonios de historia oral. México: ERA. 283 pág.