LITERATURA MISÓGINA: EL VUELO DE LA REINA

Ahora bien, al momento de terminar este libro sabía que necesitaba escribir algo al respecto. Estaba incómoda, angustiada y algo confundida.

 

Por / Margarita Rojas

Cuando ya se utilizaron las ‘gafas violeta’ por primera vez es difícil dejarlas de lado. La música, películas, literatura y hasta las conversaciones fortuitas comienzan a tener otro sentido. A pesar de que no todos sean conscientes de su existencia, son un ejemplo interesante para demostrar que podemos tener cierto grado de criticismo frente a situaciones de desigualdad entre hombres y mujeres. Son básicamente un filtro para detectar cuán normalizadas están en nuestra sociedad  algunas actitudes, pensamientos o comportamientos. No solo es importante usarlas en la lectura de las diferentes realidades, sino hasta en los rincones de la ficción, esos donde creemos que todo es posible.

Recientemente leí El vuelo de la reina de Tomás Eloy Martínez  y nunca había sentido tanta necesidad de escribir u opinar acerca de la repulsión que me ha generado un libro o película. Y debo admitir, con toda sinceridad, que he caído en el error de aclamar a ciegas una obra polémica por el simple hecho del reconocimiento de esta o de su autor. Sin embargo, me armé de valor para hacer una reflexión no solo sobre este libro, historia, personajes y uso del lenguaje, sino sobre una discusión más profunda: ¿acaso la literatura tiene que ser misógina para ser visceral, extravagante o excelsa?

Comencemos por lo básico: desde las primeras líneas nos damos cuenta que nos encontramos con un antihéroe, un señor de 63 años que espía a una joven desconocida desde su apartamento. Sin pudor y sin más, nos hace una descripción detallada de su cuerpo, actividades cotidianas e, incluso, ademanes. Desde ese momento mi concentración falla y siento que ya quiero terminar con esta lectura. Sin embargo, sigo con la historia y el autor nos presenta a aquel hombre: G. M. Camargo, el director de El Diario de Buenos Aires, un tipejo extravagante, mezquino, osado y admirado en su oficio como periodista. Para no ahondar más en detalles y resúmenes vacuos que se encuentran en internet, la nuez de este escrito es la obsesión inconcebible de Camargo por una de sus trabajadoras, Reina Remis, una joven periodista de 30 años que entra al periódico a establecer una carrera como una redactora importante y codiciada.

Sin embargo, en el ir y venir de este libro, nos encontramos con detalles importantes sobre la situación política de Argentina y la corrupción de sus dirigentes; contexto, aunque relevante y necesario para el desarrollo de la historia, es casi que ignorado debido al rechazo y repugnancia que sentía. Además, de que la mayoría de blogs y reseñas que consulté para llevar a cabo este artículo, se refieren a El vuelo de la reina como un libro romántico, que relata el deseo entre dos personajes para nada cuestionables. Parece ser que lo político se convierte en paisaje para muchos de los lectores.

Ahora bien, al momento de terminar este libro sabía que necesitaba escribir algo al respecto. Estaba incómoda, angustiada y algo confundida. Además, sabía que tenía que buscar los argumentos para enfrentar los miles de comentarios que se han realizado sobre esta novela que, por cierto, fue premio Alfaguara en el 2002. Por un momento me sentí desesperanzada; por un lado, había quienes admiraban tanto la obra como a Tomás Eloy, y otros, quienes simplemente se limitaban a opinar frente a la construcción irreal de los personajes. No encontraba en nadie, más allá que en una amiga, una opinión frente a la cosificación, humillación y violencia que se ejerce contra la mujer, incluida Reina Remis, en esta novela.

Aquí unos ejemplos, de los tantos que posee la novela:

“(…) y más de una vez ha sentido la tentación de tatuarla, de herirla, de inscribir en su carne alguna marca indeleble que indique cuántas veces él ha pasado por allí, cuántas veces podría volver si se le diera la gana para contemplarla como lo que es, un objeto” (p. 36).

“Perra, perra, tu padre tenía razón: era igual a la madre que los había dejado, una reencarnación tal vez, una melliza que regresaba para maldecirte” (p.75).

“Al apropiarte de su imagen, también poseés su cuerpo: ésa es una de las sabidurías remotas que los seres humanos han desaprendido” (p.78).

“Si la mujer acepta, se casará con ella: poseerla como un objeto, pintarla en la pared, lo dejará en paz. ¿Y si se niega? Pero no hay razón alguna para que se niegue. Es una persona en ruinas y él le ofrece reconstruirla, rehacerla desde cero” (p.99).

Más allá de estos diálogos, se encuentran acciones concretas como violencia física, abuso y chantaje emocional, acoso laboral, negligencia familiar y violencia sexual. Todos y cada uno perpetuados por el personaje principal, Camargo. Mi problema directo con esta obra es la violencia contra la mujer que parece esconder; el planteamiento del amor y la forma en cómo todos los personajes secundarios justifican a Camargo; la construcción de los personajes femeninos y su visión como mujeres e, incluso, el desenlace de la obra.

Cada uno de estos temas refuerzan una visión errónea de la mujer en la literatura que, desde la Antigua Grecia, ha reproducido un mensaje sobre lo qué es y lo que debería ser una mujer. Es por esta razón que en la mayoría de textos del medioevo hacia atrás vemos consagrado un imaginario común de que la mujer es sinónimo de maldad, deseo y lujuria. Por otro lado, y entrados en el siglo XIX, el mensaje se modifica un poco y comienza a desplegarse la llamada misoginia romántica, mal que todavía se evidencia en algunos libros y películas actualmente.

Así pues, Tomás Eloy destapó una auténtica caja de pandora con El vuelo de la reina. Un libro lleno de antagonistas y situaciones reales que se reproducen en la sociedad. ¿Cómo se siente una luego de leer en las noticias incontables feminicidios para que en la literatura los encuentre también? Aunque muchos defiendan el honor de la novela, lo único que podría hacer con ella es analizarla hasta el cansancio para comprobar el discurso machista y violento que se encuentra entre líneas.

Es cierto, el libro fue escrito hace más de 18 años y durante ese tiempo las cosas han cambiado. Las redes sociales y la expansión del conocimiento han permitido que las personas conozcan la violencia contra las mujeres no solo en la literatura, sino en la música, películas y en el arte. Así mismo, se ha apoyado la crítica frente a estas construcciones desde diferentes teorías como las del amor romántico. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que aunque no se puedan deshacer libros como El vuelo de la reina, se pueden poner en discusión y estudiarlos desde diferentes enfoques. Pensemos por un momento en esa literatura narcisista que encontramos en hombres como Charles Bukowski, David Foster Wallace, Michel Houellebecq; ¿por qué gustan? ¿Qué hace que sus obras, a pesar de su alto contenido misógino, sean aclamadas? No hay respuesta certera, sin embargo, está claro que la pregunta por lo menos inquieta e incomoda. Hay algunos que hasta se refugian en la mal llamada Generación de Cristal para demeritar la reflexión y la autocrítica.

La idea es, finalmente, entender lo que consumimos e incluso hasta cuestionar la posible incidencia que tienen los autores en sus obras y, por consiguiente, si se puede separar lo que hacen de lo que realmente piensan y son. Una vez que se utiliza este filtro violeta es complejo mirar atrás y no sentir la necesidad de cuestionar lo que por décadas hemos normalizado y romantizado.

Estas gafas son útiles.