SOLARIS, ENSAYOS SONOROS

En Solaris se analizan las implicaciones de la viralidad y la forma como cambia nuestra percepción del mundo.

 

Escribe / Christian Camilo Galeano Benjumea – Ilustra / Stella Maris

El psicólogo Kris Kelvin se topa en una de las salas de la nave espacial que circunda al planeta Solaris con su esposa.  Esa mujer que está ahí no es una ilusión, ni una actriz que busca engañar al astronauta, es una réplica exacta de la mujer que se suicidó en la Tierra. Ella le habla de hechos en común, mientras Kris no sabe exactamente qué esta pasando en ese lugar. El pasado se ha encarnado y el presente no logra distinguir entre lo que fue y lo que es. La realidad pierde consistencia para los tripulantes de la misión espacial que parece estar condenada a fracasar, gracias a los efectos del planeta que investigan. Pasado, presente y futuro entran en una tensión permanente a lo largo de la película Solaris del director de cine Tarkosky.

Bajo esa misma tensión nos hallamos al escuchar Solaris, el Podcast de Jorge Carrión. Solaris, el podcast (no el planeta), opera como un ensayo colectivo sonoro, donde el tiempo (al igual que en el planeta) no importa, porque no se sabe a qué hora o en qué lugar del mundo está siendo escuchado; aun así, se transmite en vivo, pero no en directo, dice una de las múltiples voces que participan de este ensayo.

Lo colectivo es una de las marcas de Solaris, porque se está en diálogo con diferentes corresponsales que amplían la visión de los temas tratados. Jorge Carrión es el corresponsal del presente, su voz encarna el peso del pasado y la incertidumbre del ahora; Ella, la corresponsal del futuro, es un algoritmo que da pistas acerca de lo que nos encontraremos en el porvenir, insinúa y da claves para entender el futuro de la humanidad, que ya es casi presente. Otras voces recomiendan libros, series y películas que permitan darle forma a todos esos problemas que se configuran en estas primeras décadas del siglo.

¿De qué se habla en Solaris? Al escuchar cada uno de los episodios nos adentramos en los asuntos que serán vanguardia de este siglo XXI, y que son necesarios para comprender al ser humano. En cada tema hay pistas que permiten construir la pintura de la humanidad, al escuchar el capítulo dedicado al porno, comprendemos que la forma en que se está configurando nuestro deseo sexual se ancla a lógicas del mercado y la homogenización. Además, escuchamos con cierto asombro cómo los cuartos de las modelos webcams son una metáfora moderna de las celdas de los monjes medievales; “Madre mía”, dice una de las voces del podcast.

Gracias a las reflexiones sobre lo viral, en otro episodio nos podemos atrever a pensar también cómo el video de una mujer que transmite sus clases de aeróbicos mientras a sus espaldas pasa un convoy militar para realizar un golpe de Estado en Birmania (hoy Myanmar), puede llegar a dar pistas sobre en lo que se ha convertido la especie. El video se reproduce cientos de miles de veces, en diversos lugares del mundo, de manera simultánea, se hace viral. Allí se condensa lo anodino de una rutina de aeróbicos, con el avance acelerado de un grupo de golpistas que pretende cambiar la historia de un país. Lo viral del hecho no es la carga histórica, sino la atención que recae sobre un cuerpo que se mueve indiferente en una transmisión en vivo. El mundo sucumbe ante lo viral.

En Solaris se analizan las implicaciones de la viralidad y la forma como cambia nuestra percepción del mundo. Al parecer, que una serie o una imagen adquieran relevancia en la red no responde al azar, por el contrario, se construye toda una red de alianzas que buscan que los algoritmos destaquen lo que se busca sea viral. La humanidad observa como la cotidianidad se convierte en la nueva plataforma para el mercado, al tiempo que las redes se infestan de fotografías, memes que tratan de viralizarse para llegar a la mayor cantidad de personas en el globo.

Sujetos de todo el mundo no aspiran a ser reconocidos en su entorno, esperan conquistar la viralidad en la virtualidad a través de un chiste, un meme, una acción que les permita existir realmente en ese otro mundo; sujetos a lo viral. Podemos pensar que la realidad se desdibuja a medida que el siglo XXI sigue su curso.

Los episodios de Solaris avanzan y nos encontramos cada vez más cerca de la experiencia de Kris Kelvin, al no podernos ubicar en un espacio estable. Cientos de relatos cargados de pasión y verosimilitud se desbordan en las redes sociales para configurar formas de ver la realidad, cargadas de prejuicios que hacen que el mundo entre en un proceso de metamorfosis. Un porcentaje considerable de personas en el planeta dan crédito a cuanta teoría conspirativa existe; ¡el mundo es plano y es dirigido por reptilianos!, gritan desde cualquier esquina. Cientos de miles de noticias falsas (fake news) dan sustento ontológico a la posverdad.

En el 2016 en Colombia, por ejemplo, se sometió a un referendo el proceso de Paz con la guerrilla más antigua del continente, se preguntó a la población si estaba de acuerdo con acabar con un conflicto de más de cincuenta años y miles de víctimas. Ante la sorpresa del mundo y la resignación de una parte de la población del país suramericano, ganó el “No”. Se rechazó un acuerdo que pretendía reintegrar a la sociedad civil a guerrilleros y desmontar uno de los actores armados más violentos del país, para que de esta manera el Estado llegara a las zonas de influencia del grupo armado con inversión social. Sin embargo, surtió efecto una campaña mediática caracterizada por infundir miedo y odio sobre los colombianos.

Uno de los partidos opositores, en cabeza de un expresidente de carácter populista, infestó las redes sociales con noticias falsas (fake news). Donde se denunciaba cómo el Acuerdo de Paz convertiría a Colombia en una república castrochavista, que los líderes de la guerrilla tendrían completa impunidad y que la propiedad privada y la libertad desaparecerían ante nuestros ojos, justo mientras veríamos estupefactos como los guerrilleros asumían el mando desde la Casa de Nariño. El efecto de inundar los medios con estas noticias posibilitó la ajustada victoria del No.

Incluso hoy, cuando el partido político del expresidente está a la cabeza del gobierno, se siguen profiriendo desde el gobierno enunciados sin un sustento válido, solo a partir de sus posverdades. A diario el presidente presenta las cifras de la pandemia que deben dar un parte de tranquilidad, pero la realidad es otra, los números de contagios y muertes preocupan comparados con otros países. El gobierno anuncia que las masacres no son masacres, son homicidios colectivos, que no tienen nada que ver con derechos humanos, comunidades; los asesinatos han sido producto del azar y la mala suerte. El presidente habla desde su estudio de grabación y Colombia se asemeja una potencia mundial donde nunca ha habido una discordia ni mucho menos un conflicto armado.

La humanidad agita al mundo incesantemente, lo estira y ensancha, llega a poner en duda su existencia y todo lo que de allí surge. El tiempo y el espacio son categorías que tiemblan con el pasar de los días del siglo XXI, porque se escribe desde cualquier parte del mundo, para estar en un lugar que no existe propiamente, la virtualidad; en esa misma virtualidad no hay distinción del ayer, el hoy o el mañana, todo es un ahora configurado por algoritmos. No parece haber un futuro claro, ni un presente tampoco, solo opera la incertidumbre. Coincidimos, entonces, con una de las voces de Solaris que afirma al final de cada podcast: “buena suerte, la estamos necesitando.”

ccgaleano@utp.edu.co

Twitter: @christian1090

 

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