¿Cuántas grietas hay entre la realidad y lo soñado? ¿Cuánto tiempo pasará para que los deseos más sencillos sean parte de la vida propia? ¿Con cuántas mostacillas se acortan los abismos provocados por la desigualdad social?
Escribe / Maritza Palma Lozano – Ilustra / Stella Maris
El largometraje Aribada no ahonda en el dolor y la precariedad, aunque Zamanta en una de las escenas cuente que los collares Embera no se venden bien y para subsistir les toca recoger café; todo lo demás es una ensoñación, un anhelo, un insistente encuentro entre lo místico y lo humano armonizado con el deseo de crear un mundo trans indígena habitable.
Para las traviesas, mujeres trans indígenas Embera de Santuario, Risaralda, participar en la producción de la película Aribada fue solamente una tregua. Darle un poco de calma a las demandas cotidianas de una vida atareada por la subsistencia, para preocuparse por la creación de una pieza audiovisual que teje la personificación de Aribada, ser mitológico de la cosmovisión Embera, como figura de la cual se apropian desde su identidad traviesa, para construir un puente que conecte con sus preocupaciones más sencillas.
La película es en sí un ritual donde las traviesas son sus propias jaibaná, sus propias diosas y se guían a sí mismas entre las montañas cafeteras y las nieblas espumosas recordando: “a nosotras nos creó el dios Carabí en el cielo, para crear este mundo”. Como en la vida, donde solo ellas resisten sus cotidianidades; donde solo ellas podrán redefinir sus modos.
Simone Jaikiriuma Paetau, codirectora del largometraje, cuenta que antes de proponer la realización audiovisual, junto a Natalia Escobar (codirectora) hicieron una serie de talleres y encuentros para compartir saberes con aproximadamente 80 mujeres trans de Santuario. “Después de un rato se solidificó un grupo de 8 chicas que siempre venían, que tenían un gran interés”, con ese grupo y junto al guionista Friederike Hirz empezaron a construir la escaleta una vez habían definido hacer el proyecto.
“Yo pensaba que cuando yo la persona no conozco me daba miedo, pero ella era, Natalia y Simone, muy cariñoso, me comportaron bien, entonces yo por curiosidad dije a Natalia y a Simone, ‘Nati, es que yo en la vida mantengo aburrida, yo me siento como triste. ¿Cómo lo hacen las novelas? ¿Cómo lo hacen las películas? ¿Cómo lo hacen lo que uno siente?’ (…) Pero yo tenía la mentalidad que yo quería como hacer una novela de la realidad de todo lo que pasa en el mundo”, recuerda Zamanta Enevia, una de las traviesas y actriz de Aribada.
Luego de la propuesta de Natalia, Zamanta relata que se tomó una semana para pensarlo bien. Aceptó con el deseo de que varias de las traviesas pudieran participar en la muestra de Aribada en otros países. Se animaron esperando reconocimiento por su trabajo. De acuerdo con Zamanta, la producción cubrió los viáticos de las traviesas durante el rodaje y muestras en Pereira y Cartagena, aunque a otro país no han logrado ir. Zamanta igual siente que ha contado con el apoyo de Natalia.
“Para mí dirección es más que creamos espacios y escenarios donde ellas mismas se podían comunicar y expresar”, dice Simone. Por ejemplo, continúa Simone, Doris quiso personificar un ser intergaláctico que se comunicaba con sus amigas las traviesas para ayudarles a consolidar su propia comunidad, a partir de eso Simone y Natalia se proponían entregar herramientas para lograr lo imaginado porque “nosotros nos parecemos más a lo que hemos soñado de nosotros mismos” y sostiene que se interesó en apoyar eso más que en recrear su visión sobre ellas. En últimas, para Simone, la película es más “un retrato, un performance trans futurista”.
Zamanta explica un poco sobre Aribada: hace miles de años en el mundo indígena, exactamente “en resguardos en la selva, existía un diablo, en katío se llama Aribada”, en virtud de él les indígenas en esa época hacían una fiesta donde encendían velas, preparaban sancocho y vestían de manera especial. Entonces, lo que hicieron las traviesas fue rememorar un personaje histórico. Zamanta también menciona que sus pintas en la cara y en sus ropas son como colibríes, o alusiones a la luna y al sol porque son imágenes que les dan suerte.
“A mí me encanta el cine contemplativo porque siento que da aire, da espacio a las protagonistas”, dice Simone. Ese es otro aspecto esencial de Aribada. Los planos secuencia extensos, los colores vibrantes y el sonido ambiente prevaleciente dibujan una ilusión que emana de las traviesas, aunque inevitablemente está vinculada a la mirada de les directores, de ahí la necesidad de preguntarse cómo el cine y directores como Simone y Natalia aterrizan su manifiesto interés por la decolonialidad para evitar la reproducción de contenidos que sostengan una mirada ajena y exotizante de las traviesas Embera. Simone plantea, por decir algo, cómo la misma expresión trans entre les indígenas es colonial, considerando que la identidad de género de las Emberas de Aribada es traviesa; igualmente enfatiza en lo importante de contar con Zamanta como lideresa de las traviesas, para siempre tomar las últimas decisiones durante el rodaje.
Cuando Zamanta recuerda la producción del largometraje “siente como ganas de llorar porque en esa época yo era feliz, con las chicas éramos feliz, con los novios, lo que hicimos en esa época, pero hoy en día mantenemos como abandonada”.
Cuidar de las comunidades con quienes se produce cine es una urgencia, más en contextos donde las traviesas ya se han sentido instrumentalizadas. En 2019, tras una serie de contenidos, entre ellos documentales audiovisuales que se hicieron sobre las traviesas de Santuario, varias de ellas firmaron un comunicado público manifestando que “las indígenas estamos cansadas de la persecución de la que hemos sido víctimas gracias a los medios de comunicación. Queremos dejar nacer comunidad y desarrollar proyectos en beneficio nuestro sin ser expuestas, vulneradas y violentadas”. Este hilo (ver) detalla varios tipos de inconformidades.
Varias de las persecuciones suceden por mal generalidades de personas donde dan por sentado que quien sale en el cine ya resolvió su vida económica, dando lugar a señalamientos en sus comunidades cercanas, o a tratos abusivos en los que quieren cobrarles más caro por un producto de manera injusta. Todo alimenta un malestar parecido al vivido por otres artistas empobrecidos de producciones cinematográficas como Los reyes del mundo, quedando en el limbo de los prejuicios.
Las traviesas no fueron ajenas a estas consecuencias luego de participar en Aribada, como lo cuenta Zamanta, quien explicó que la gente empezó a acusarla de tener mucha plata, especialmente por los premios ganados por el largometraje. “Es que el premio es muy valioso, aunque yo digo por qué me trata de eso si yo sé del premio, pero no sé el valor, (…) por esa razón hay veces me discriminan”, detalla, además de agregar que tales acusaciones han dado lugar a abusos, peleas y le generan miedo por su bienestar.
Aribada (disponible en MUBI) fue nominada a la Queer Palm en la categoría de cortometraje en el Festival de Cannes 2022; recibió una mención honorífica en el Festival Internacional de Cine Guanajuato; el premio al talento emergente en los Oberhausen INT’L Short Film Festival; y fue mostrada en festivales como el BFI London Film Festival, The New York Film Festival, Slamdance Film Festiva y el Festival Internacional de cine de Cartagena de Indias, sumando alrededor de once nominaciones, reconocimientos, muestras y premios. Sin embargo, Zamanta desconoce si estos premios han tenido retribución económica y, distinto a los señalamientos, ella sigue resolviendo su día a día lejos de un beneficio económico por los premios de la película o su participación en la producción.
Las traviesas todavía buscan juntar recursos suficientes para tener una finca refugio que funcione a modo de centro cultural, donde puedan practicar sus danzas, reunirse, hacer ollas comunitarias, preservar semillas, sembrar alimentos y albergar a otras trans Embera. Zamanta reitera que esto es importante “para tener propia tierra, pa no tener tanta discriminación en una finca trabajando, luchando, chupando agua, chupando sol”, además de trabajar las artesanías.
La tierra es de fondo uno de los sueños traviesos que les permitiría respirar la montaña superando las preocupaciones de un arriendo mensual, de trabajos precarios, de la desidia que hace difícil, a veces, sustentar su propio alimento. La tierra, otra vez la tierra, es fundamental para construir ese trans futurismo indígena que el largometraje manifiesta “como un ritual para curarnos de los demás”, parafraseando líneas de la misma producción.
Entre el placer de una fiesta, mazorcas plateadas, granos de café dorado y una danza alrededor del fuego bajo la luz de la luna queda la tregua.
Zamanta concluye: “nosotras avanzamos en corazón, (…) luchamos, más adelante va a llegar buena suerte”.


