Yo paseo largamente estas calles como otros tantos sin objeto alguno, me siento a tomar un café, entretenido e inútil, y veo ascender serpientes de humo, seseantes como la locura, como este grito sordo de la ciudad, en la que eres perfume y silencio…
Por: Alan González Salazar
En la orilla del río
en sus aguas que guardan la vanidad de los dioses
veo en mis ojos fijos
tus ojos fijos
y me sumerjo
tibio palpitante
¡ebrio de luz!
Mírame y ámame dicen
al reflejar los míos
en los que eres otra
en los tuyos
en los que soy otro
y los dos
que no somos
sino la muerte.
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Cuántos soles y qué de olvidos.
La curiosidad se hizo trampa.
Ahora venimos
a rompernos el alma en los ojos,
a enmarañar los sentimientos y jugar con ellos,
a matar el sueño
ese río subterráneo de la noche
que rumoroso nos abandona
en la mañana imposible
donde el olvido se parece a la piedra
del mundo en remolino.
Yo te quiero, niña tonta,
imaginándote.
Así te conozco,
por sendas sutiles e indirectas
y sé, sé con pasmosa certeza
que tu naturaleza es de viento
¿qué pueden mis manos, entonces?
La oquedad de mi vida.
♦
Pereira es una ciudad turbulenta, mi vida. Aquí se ofrecen a los altares de la miseria esos cuerpos linfáticos, triturados por el hambre y las drogas. Tras las vitrinas los comerciantes ven el cielo encapotarse y en esos edificios las hojas y las firmas y el teléfono no paran. Yo paseo largamente estas calles como otros tantos sin objeto alguno, me siento a tomar un café, entretenido e inútil, y veo ascender serpientes de humo, seseantes como la locura, como este grito sordo de la ciudad, en la que eres perfume y silencio…
♦
Finjo dormir.
El fogón encendido, la luz,
hacen del cuarto un farol.
Sola se queda mi madre
como la noche en la ventana abierta,
donde huye el vapor de tanto café disuelto
entre trastos, cortinas, el viejo trapero.
A mi costado ronronea el gato,
afila sus pupilas en las sombras.
Ya no se oyen sobre el techo chillar las ratas
ni bajan a roer las paredes
donde el bahareque muestra sus úlceras.
Ronronea el gato, sonríe apenas
sueño y sueño.
Saldremos en la madrugada a despedir a mamá.



