“Sostuve mis extravíos con razonamientos”

Donatien Alphonse François de Sade

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Por: Diego Firmiano

Al decir que el Marqués de Sade fue un escritor fantástico y revolucionario para su tiempo, me pongo entre los críticos y lectores que se cuentan con los dedos de la mano.Porque mayormente los lectores o los que desconocen su obra, hacen de Sade un depravado sexual, un maniaco, paranoico, desenfrenado, o como presa de la doctrina que popularizó Freud, un “sádico”.

Al viejo Sade le han imputado leyendas ridículas sin fundamento. Por ejemplo, esa de que Sade tuvo sexo con su tía Henriette-Victoire, o que su tía Gabrielle-Eléonore, abadesa de un convento, le permitía ir a espiar a las monjas y mostrarles sus genitales. Simplemente patrañas. Su vida sí estuvo llena de excentricidades, pero lo que hizo de Sade un escritor, un profeta genial de la literatura, fue que supo establecer la relación entre su vida y su obra. No había discrepancia entre sus dos existencias. Ahí está su transcendencia.

SADE1Lo cierto es que Sade fue el filósofo de la sexualidad, que con sus desvaríos eróticos más extravagantes puso a la  iglesia católica y a la moralidad social en jaque.Hizo de su sexualidad una ética que expresó dentro de una obra literaria. Según un catálogo de 1778 había escrito por entonces treinta y cinco actos de teatro y una media docena de cuentos, a parte de sus libros ya conocidos y comercializados clandestinamente entre el vulgo, los libertinos y la corte real.

Sus relatos poseen la irrealidad, la falsa precisión y la monotonía de los ensueños del esquizofrénico. Escribe y crea por su propio placer, haciendo caso omiso del destinatario o lector final; poco importa, escribir es una necesidad y una catarsis que casi le produce un orgasmo entre tinta y palabras. Sus personajes no tienen moral, solo una sexualidad libre, una imaginación que no conoce saciedad, hombres y mujeres sin virtud, más que la que les produce el ansia de la complacencia.

SADE2Su vida libertina empezó como una provocación contra la vieja iglesia y sus teólogos oscurantistas. El mismo tronaba: El auténtico libertino ama hasta los reproches que originan sus execrables desórdenes. ¿No se los ha visto acaso amando hasta el suplicio que les infligía la humana venganza y contemplando el cadalso como al trono mismo de la gloria? He aquí el hombre en el grado supremo de la corrupción inteligente. Y se descubre que su pensamiento y filosofía, también constituye una ironía, una sátira social que, expresada por medio del arte del teatro y la literatura, incomoda a la sociedad, ataca su falsedad moral y su mala fe, y preconiza la verdadera libertad del ser humano, frente a poderes que limitan su capacidad creadora.

El Marqués pasó la mayor parte de su tiempo encerrado entre el manicomio de Charenton, la fortaleza de Vincennes y la famosa Bastilla. Pero su espíritu era realmente libre, pues en la ilustración, la imaginación no tenía límites y los libertinos gozaban aun estando presos o encerrados, de lujo y deleite (aunque no contaran con las bendiciones eclesiásticas, no les importaba). 

Y es por medio de la imaginación que Sade escapa al espacio, al tiempo a la prisión, a la policía, al vacío de la ausencia (su esposa lo abandonó temporalmente), a los conflictos de la existencia, a la muerte, a la vida; ésta imaginación fecunda y creadora, mientras está encerrado en el manicomio o en La Bastilla, la condensa mediante la literatura.

SADE3Por eso al elegir al erotismo, Sade eligió lo imaginario. Decía: el placer de los sentidos está siempre regido por la imaginación. El hombre no puede alcanzar la felicidad si no acata todos los caprichos de su mente. Y aquí es donde está el genio de su contradicción, pues Sade era un racionalista que apelaba a la razón natural, confundiendo la vergüenza con el orgullo, la verdad con el crimen: cuando se burla está hablando en serio, y cuando su mala fe salta a la vista es más sincero que todos.

Convirtió los vicios en virtudes.Como dice Simone de Beauvoir: “las anomalías de Sade asumen su valor desde el momento en que, en lugar de padecerlas como algo impuesto por su propia naturaleza, se propone elaborar todo un sistema con el propósito de reivindicarlas. Sade descubrió las fallas del hombre ilustrado y racional: El vicio como moral privada. Este era su negro estoicismo, la búsqueda de la felicidad por el hedonismo y la exploración del sexo.

En realidad Sade fueun psicólogo en la cama; era un verdugo disfrazado de amante, un sexópata que se mostraba como el hombre ideal y que bajo este efecto terminaba por hacerle creer a sus enamoradas (o seducidas) que la maldad y el dolor era ternura y placer. Hizo del erotismo el sentido y expresión de la totalidad de su existencia y una filosofía de la sexualidad.

Después de muchos años de prisión, al tratar de integrarse a la sociedad, Sade experimenta cambios en su filosofía de vida. Cambia su nombre para evitar caer en la denigración y se hace llamar Luis Desade, que evidentemente es un anagrama, promete ir a la iglesia a arrodillarse y rezar; se vuelve republicano, y aboga por un socialismo integral, una abolición de la propiedad, pero todo con la finalidad de obtener su castillo y sus propiedades que le habían confiscado.Ya estaba viejo, había visto el odio y el mal contra su vida propinado por los hombres racionales.

SADE4Pero el mundo real, al que trata de adaptarse es todavía más perverso que el que él mismo imaginó en otrora, en sus tiempos mozos de fervor sexual y erótico. Es una sociedad regida por leyes universales que él juzga abstractas, falsas e injustas. Leyes como autorizar a matar. Sade está horrorizado. Juzgar, condenar, ver morir seres humanos no lo tienta. Por eso no sabe perdonar el terror. Critica ferozmente la muerte constitucional. Es apresado por enfrentarse a este sistema de justicia y acá es cuando lo pasean delante de la guillotina, la cual le produce una impresión mórbida.

Su frase capital sobre este hecho es: “mi detención nacional, la guillotina ante los ojos, me ha causado más daño que el que me hicieran todas las bastillas imaginables. Al final su humanidad es evidente. Como dice al final El abate de Coulmier, interpretado por Joaquín Phoenix en la película sobre el Marqués de Sade “Pasiones Prohibidas”: “Su horrible secreto ha quedado revelado. Es un hombre después de todo”.