DOS

Dardos y estocadas a la psiquiatría postmoderna. Una crítica al reduccionismo biológico y nosológico del ser sufriente.

 

Por Rafael P. Alarcón Velandia

Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo

Ludwig Wittgenstein

La obra Dardos y estocadas a la psiquiatría postmoderna compila aforismos y sentencias que invitan al estudio del Ser como ente existencial e intenta contestar las preguntas ¿que estamos haciendo con la concepción de ser sufriente en la psiquiatría y psicología  portmoderna?, ¿cuál es su praxis actual?

Un movimiento anti-psiquiátrico de lo psiquiátrico postmoderno está floreciendo en todas partes del mundo occidental ante el olvido del ser sufriente, de su existencia y su reducción como objeto de estudio meramente biológico y farmacológico apoyado en manuales de clasificación estadística ateóricos y sin fundamentación psicopatológica.

Podemos apoyarnos en el pensamiento de Wittgenstein,  para afirmar que el pensamiento psiquiátrico se ha reducido como consecuencia de la limitación de su lenguaje, pues ha caído en los tecnologismos irreflexivos, y por tanto el mundo de la psiquiatría actual se ha limitado, encerrado en un positivismo hipertrofiado.

Posiblemente, y es de esperarse que muchos no compartan mis pensamientos y me expongo, por ello, al cuestionamiento, a la irritación, al silencio acusador o a la indiferencia.

Arriesgarme a “conversar” con el lector, a través de estas líneas,  despierta en mí una doble sensación: por un lado, el temor de ser insuficiente y de haber generado una expectativa que no se colma; por otra parte, la dicha de poder confrontar mi pensamiento y mi posición con lo que aquí se trata.

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Deseo preguntarme para empezar, ¿cuándo, en qué momento, bajo qué circunstancias la psiquiatría actual, que denomino postmoderna, se alejó de la esencia de su quehacer y de su fundamentación?

Los problemas de la existencia, no de la subsistencia, y del “buen vivir”, según el modelo de Asclepíades en su templo de Cos y de Epicuro, eran los temas de la salud mental.

Un recorrido por las lecturas

Permítanme antes expresar mi concepción de lo postmoderno, o hipermoderno como algunos autores lo han señalado, siguiendo la línea de pensamiento de Gilles Lipovetsky, Antoine Compagnon, Zygmunt Bauman, Byung Chul Han, entre otros,  que han caracterizado esta era y de cuyos planteamientos he venido construyendo la identificación de la psiquiatría postmoderna como aquella inmersa en un mundo positivista, pragmática y reduccionista, con un sello de tecné y no de logos, anti-hermenéutica y como tal no dialogante, impuesta por las condiciones de mercado (farmacéuticas, aseguradoras, valores comerciales, sistemas de salud mediante normas rígidas para la praxis, etc.), nosológica con manuales de diagnóstico y protocolos derivados de ellos que limitan la comprensión del sufrimiento, y que niegan o desconocen al Sujeto del deseo.

Bien sabemos que el Ser Humano en su desarrollo biológico desde etapas muy tempranas de la evolución, pre-verbales, hizo consciente la experiencia del malestar, el dolor y el sufrimiento, así como de sus deseos y necesidades.

Posteriormente, al desarrollar su capacidad del habla y poder formar oraciones con sentido pudo manifestarse en forma dialógica ante sí mismo y con sus semejantes, iniciando ese proceso maravilloso que mucho tiempo después la élite pensante de la antigua Grecia denominó “cura por la palabra”, en donde lo Apolíneo y lo Dionisíaco eran los elementos claves para comprender la existencia, no como opuestos, sino como elementos complementarios.

Los problemas de la existencia, no de la subsistencia, y del “buen vivir”, según el modelo de Asclepíades en su templo de Cos y de Epicuro, eran los temas de la salud mental. Las sustancias naturales con pretendidos poderes curativos existían en esas épocas, pero no eran el fin y objeto del quehacer de aquellos que se dedicaban a observar, oír y comprender a un ser doliente, era el uso de la palabra dialógica que cuestionaba y removía cimientos dolorosos, que indicaban caminos para la asunción de la realidad gozosa y la tolerancia de nuestras limitantes. Por eso me pregunto repetidamente: ¿en qué momento y bajo qué circunstancia la psiquiatría actual postmoderna perdió el lenguaje?

En el curso de mis investigaciones al respecto, y ustedes me apoyarán o me brindarán nuevos elementos, creo que el punto inicial es cuando el fenómeno mental y específicamente el quehacer psiquiátrico se fue desviando hacia el positivismo cientifista pretendiendo ser una ciencia exacta y por ello volcada al biologismo reduccionista y mecánico, alejado del humanismo. Luego, al creer que se puede universalizar el síntoma mental y por tanto clasificarlo en manuales de diagnóstico.

Me temo que el pensamiento, o mejor la creencia, porque pensar es algo elaborado, reflexivo, dialógico como Bajtin nos enseña, ha llevado a los psiquiatras postmodernos a alejarse de la dialéctica y de la hermenéutica y enclaustrarse en reduccionismos biológicos y nosológicos.

Sabemos que el concepto de lo Universal es una pretensión de la posición judeo cristiana y de las religiones monoteístas, muy bien detallado por Mircea Eliade, Gianni Vattimo y Joseph Campbell, pero los invito a no caer en este sofisma, pues el síntoma del malestar existencial no es compartido en forma similar en todas las comunidades que habitan este planeta.

Es más, lo que es malestar y sufrimiento para algunos no lo es para otros, y sería ocioso y pretensioso creer que un manual de diagnóstico y estadística nos puede servir como guía y clasificación del sufrimiento psíquico en todo el orbe.

Comunidades indígenas, afroamericanas y otras etnias pueden manifestar  formas de pensar y comportamientos  extraños a nuestra cultura citadina y académica, y que algunas de ellas rayaban con lo que hoy se clasifica en el DSMV como trastornos esquizofreniformes, o en el peor de los casos como episodios psicóticos dignos de hospitalización en un sanatorio mental. Que tan alejado de la realidad al aplicar dicho manual.

Lo que necesitamos es beber de la antropología y la sociología para comprender dichas culturas y no aumentar la estadística de trastornos psicóticos en Colombia. La comprensión de la cultura y las manifestaciones de la misma, derrumba el concepto y pretensión de la nosología psiquiátrica postmoderna de lo Universal.

 

El olvido de lo humano

Siguiendo este orden de ideas,  la formación psiquiátrica postmoderna, y muchas escuelas de psicología también, en Colombia en los últimos treinta años  los currículos de formación psiquiátrica se ha pasado de una carga académica de las humanidades (filosofía, antropología, arte, sociología, ética, epistemología, psicoanálisis, etc.) del 50% a menos del 10% y en dos facultades han desaparecido totalmente, y se inundaron con información genética y biológica convirtiendo al ser humano en un objeto de estudio (advierto que no estoy en contra de ello, sino de su hipertrofia).

Invitaría, entonces, a una lectura reflexiva de los libros de Martha Nussbaum Sin fines de lucro: por qué la democracia necesita de las humanidades; Eric Kandel, La era del inconsciente; Hans Georg Gadamer, El estado oculto de la salud y Manuel Cruz, La tarea de pensar.

Indudablemente hay muchos otros autores que debemos estudiar en la materia objeto de esta exposición y no caer en ese horroroso reduccionismo, para mí, en que se está convirtiendo la psiquiatría postmoderna y que le da la razón a Dany Robert Dufour en sus planteamientos expuestos en El arte de reducir cabezas: sobre la servidumbre del hombre liberado en la era del capitalismo total.

 

Dardos para pensar

La obra Dardos y estocadas a la psiquiatría postmoderna, con una posición antipsiquiátrica postmoderna, surge de la preocupación y de la reflexión sobre la psiquiatría actual que se ajusta a lo que se denomina postmoderna, o sea, a aquella enclavada en el positivismo más reduccionista cuyos pilares son la nosología y una conceptualización hipertrofiada de la biología.

La psiquiatría actual se ha olvidado del ser humano, de su existencia y sufrimiento. ¿Cuáles circunstancias han llevado al olvido del estudio de la psicopatología, a la cual la confundimos con manuales de diagnóstico? ¿Nos hemos dejado llevar a la economía del mercado, y en ella hemos asentado lo psicopatológico?

Henry Ey en 1977 aclamaba por “una reflexión profunda sobre la naturaleza del hecho psicopatológico y, más en general, sobre la naturaleza del hombre”.

El estudio del instinto, del deseo, del placer han sido reemplazados por la neurona y neurotransmisores. Ya no se contempla en ningún tratado de psiquiatría el amor y el desamor, la envidia y los celos, generadores de sufrimiento humano, pues a la nosología le ha sido difícil caracterizarlos y tampoco importan.

Los grandes pensadores de la psiquiatría ya no se escuchan en las aulas ni en los encuentros académicos, los han reemplazado por los informantes de manuales de diagnóstico y de sofismas biológicos. Se alaba la tecné, no a la Philo.

La academia psiquiátrica se ha enclaustrado en un pensamiento parroquial y su léxico se ha deteriorado. La dialéctica en la formación ya no es instrumento y fundamento. La consecuencia se ve reflejada en la toma del sufrimiento humano por charlatanes y esotéricos, mientras los psiquiatras postmodernos se aíslan en el positivismo biologista reduccionista y nosológico, olvidados de ese ser existencial.

La psicofarmacología se ha convertido en la nueva metafísica, prometiendo la felicidad en tabletas. Los psiquiatras actuales alejados de la dialéctica y del conocimiento sobre el pensar y su desarrollo histórico en el hombre, validan dicha felicidad.

Nos han invadido de pretendidos estudios de meta-análisis de dudosa calidad, ya que se fundamentan en otros estudios que no resisten un análisis académico riguroso, desde los instrumentos utilizados sin validar en diferentes culturas hasta la recolección de un dato confiable y válido.

El psiquiatra actual cree en la universalización del sufrimiento, la nosología se lo ha impuesto y no ha sido crítico, pues es de conocimiento antiguo que las culturas son heterogéneas, y como consecuencia de ello, las formas de pensar, sentir y actuar. La antropología y etnopsiquiatría nos confirman esta heterogeneidad, pero son desconocidas porque ya no constituyen objeto de estudio en la formación psiquiátrica.

La esencia del ser humano y su dolor existencial se ha dejado de lado en la psiquiatría actual, pues ha caído en el mundo del espectáculo y del mercado. Ya no se lee ni se estudia a los pensadores, se lee y se promueve informantes de metafísica pseudocientífica y nosológica.

El psiquiatra actual postmoderno sólo aspira a que le brinden certezas, le rehúye a las incertidumbres pues no sabe ni desea afrontarlas en el pensamiento y en su cuestionamiento. Su fragilidad es evidente.

Y un remate

¿Por qué dejamos de estudiar y de enseñar el diálogo con nuestros pensadores?  Freud y la escuela de Viena con sus matices y escuelas, Henry Hey, Karl Jasper, Martin Heidegger, Arthur Schopenhauer, Friedrich Nietzsche,  Karen Horney, Jean Paul Sartre, Albert Camus, Hans George Gadamer, Paul Ricoeur (que delicia su libro El conflicto de las interpretaciones: ensayos de hermenéutica), Michael Foucault (La hermenéutica del sujeto), Hannah Arendt (La condición humana), Manuel Cruz (Las personas del verbo), Guy Debord (La sociedad del espectáculo), Ricardo Forster (La travesía del abismo), Adolfo León Gómez (Breve tratado sobre la mentira), José Ovejero (Tratado sobre la crueldad), y muchos otros que nos sitúan en el problema existencial del ser de nuestra era y que nos permite una práctica psiquiátrica amplia, comprensiva, transformadora.

Su lectura principal de la psiquiatría postmoderna  son manuales de diagnóstico – DSMIV y DSMV- protocolos y guías con fines comerciales. ¿Somos un elemento más de esa economía de mercado liberal y nuestro quehacer se enclava en ella?

Espero que esta corta obra permita abrir un camino para “desparroquializar” la mente y la actitud de los psiquiatras postmodernos  y aquellos  en formación. No importa que se irriten, eso significa que “puse el dedo en la llaga”.

Ahora unas pocas sentencias y aforismos derivado de lo dicho.

  • No hay una psiquiatría… existen discursos psiquiátricos.
  • La psiquiatría se olvidó del ser humano… se volvió positivista.
  • La psiquiatría nació de la Philosofía, hoy la hija niega a la madre.
  • La psiquiatría actual es autista, cayó en el silencio.
  • El gran sofisma de la psiquiatría actual es creer que la biología la hace ciencia.
  • La psiquiatra actual sólo aspira a certezas, le rehúye a las incertidumbres.
  • Yalom tiene razón… el positivismo en psiquiatría es la forma de validar el engaño.
  • La desdicha humana, el desasosiego y la zozobra dejaron de existir en los tratados de psiquiatría modernos.
  • El deseo erótico dejó de ser objeto de estudio de la psiquiatría, lo es del mercado capitalista.
  • Le robaron el síntoma al ser humano… lo tienen escondido en un manual de diagnóstico.
  • Epicuro dejó las bases de la buena vida…el positivismo la redujo a una píldora.
  • Los psicofármacos nos ayudan… a alejarnos de nuestra responsabilidad existencial.
  • La academia ha dejado de pensar… la genética se lo impide, pretende darle certezas.
  • El miedo al diálogo en psiquiatría se traduce en el auge de recolección de datos de los pacientes por redes sociales.