Tite

Por: Luis Carlos Ramírez Lascarro

Al contario de este Fulano, otros paisanos toman una opción diferente que no siempre está en el buen camino, para lograrse liberar de la opresión y la pobreza que siempre los ha atosigado. Otro Juan, de esos tantos que abundan en nuestra américa latina es hecho famoso por Lavoe en el tema: Juanito Alimaña, en el que don Tite explora la realidad de los emigrantes latinos en “El Barrio”, West Harlem o Spanish Harlem, demostrando que no sólo es capaz de recibir la herencia campesina de los campos puertorriqueños y de las razas ancestrales, sino que puede, también, interpretar la realidad urbana moderna de sus compatriotas en el exilio, muchas veces voluntario, en busca de oportunidades que no siempre son las mejores.

Juanito Alimaña, con mucha maña,
llega al mostrador, saca su cuchillo

sin preocupación, dice que le entreguen

la registradora, saca los billetes,

saca un pistolón. ¡Pum!

Sale como el viento en su disparada
y aunque ya lo vieron,
nadie ha visto nada.
Juanito Alimaña va a la fechoría,
se toma su caña, fabrica su orgía.
La gente le temeporque es de cuidado.
Pa meterle mano hay que ser un bravo.
Si lo meten preso, sale al otro día,
porque un primo suyo está en la policía.
Algunas veces estos Juanes, estos paisanos latinos no permanecen impunes como el Alimaña, sino que se ven, quizá inesperadamente, confrontados por la autoridad a la que tantas veces han retado y son condenados a una muerte peor que la muerte en los presidios que, al contrario de su pretendida filosofía reconstructora del tejido social dañado, terminan descomponiéndolo aún más, necrosándolo irremediablemente como en aquella Galera tres cantada por Ismael Miranda.

 

Aquí dentro es otro mundo
porque no existe el derecho
y abusan cada segundo
si tú eres de pelo en pecho.

Yo vi pasar a Turquito
con la cara ensangrentada
y con la nariz partida
dicen que andaba Matías
camino a la enfermería
se llena la enfermería.

Galera tres, galera tres.

En la injusticia, de la justicia
es el martirio del ser humano,
es corrección lo que necesitan,
y lo atropellan de palo en mano.

Allá en la galera tres, galera tres, galera tres.
Están dando palos, golpes, bofetones,
puños y empujones, allá en la galera tres.

 

Bien sea en estos penales o en medio de sus fechorías, como el Pedro Navaja de Baldes, muchos de estos paisanos encuentran la irremediable muerte a la que don Tite también cantó, ¡y de qué manera! Cantó a la muerte de todos sus pobres, no sólo a los que escogen la opción que juega con la ley y, principalmente a su propia muerte, pidiendo, de antemano, con Roberto Roena, que lo que le fueran a dar, cualquier cosa que sea, Que me lo den en vida.

 

Sé que algún día moriré
y que de mí van a decir:
¡tenía buen corazón!

Algunos van a sollozar

y un homenaje a improvisar
con mucha rumba y dolor.

Al poco tiempo ya verán
de mi nadie se acordará,

vida traidora,
Por eso es que yo pienso así
si van a hacer algo por mí,
háganlo ahora.

Cariño yo quiero en vida,
amores manos amigas,
no después de mi final

Después que yo dé el último viaje,
para qué quiero homenajes,
que me recen y nada más.

 

Lo que me vayan a dar,

que me lo den en vida
porque sé que cuando muera

de mí se van a olvidar.

 

Describiendo Los entierros, esos entierros de su negrura, su gente pobre, don Tite prefigura el suyo propio, quizá apoyado en la vivencia del de Rafa Cortijo, retomando la tradición de los pueblos de negros libertos de enterrar a sus muertos con música, como en San Mateo de Cangrejo, cerca al barrio Obrero de San Juan,  y nos regala dos bellas piezas inmortalizadas en la voz del recientemente fallecido Cheo Feliciano quien, al igual que don Tite, debía tener ya la certeza de que su entierro sería un verdadero espectáculo de sentimiento.
En los entierros de mi pobre gente pobre
las flores son de papel,

las lágrimas son de verdad.

Pues como en otros
funerales de la vida
en donde el llanto es mentira
y hay mucha flor natural.

Que más perfume que la lágrima sentida
que identifica el sufrimiento de la gente
porque las flores ya mañana se marchitan
y el cementerio es un olvido indiferente.

Mi gente pobre siempre vuelve al campo santo
sembrando una flor de llanto con amor y voluntad
las amapolas del cariño verdadero
son el mayor homenaje de mi gente de arrabal.
El conmovedor poema Sobre una tumba humilde, es el que completa su visión de las dolorosas despedidas de su gente. Pieza ya prefigurada en algunos versos de la antes nombrada, ratificando la unidad de su pensamiento respecto a la forma en la que deben ser despedidos con el corazón los pobres de sus caseríos.

 

Yo no te pude hacer un monumento
de mármol con inscripciones a colores,
pero a tu final morada vengo atento
dejando una flor silvestre y mil amores.

Aquí hay panteones de gente millonaria
que nadie jamás ha vuelto a visitar,
son tumbas eternamente solitarias
sobre las cuales ni una oración se escuchará.

Yo te dije que volvería al campo santo
a brindarte mi sentimiento y mi cariño,
y el tesoro de la pureza de mi llanto
sobre la tierra donde mi amor vive contigo.

Porque nosotros los que llevamos por bandera
por estandarte la condición de la pobreza,
cuando queremos nuestra pasión es verdadera
no hay quien nos gane, amar es nuestra gran riqueza.

Y son comunes y corrientes, los perfumes de mis flores
hablan por mí de una devoción que no se me quita,
y hasta parecen que nunca se desvanecerán.
Más allá de prefigurar su despedida, de adelantarse y ver más allá de lo que podemos ver el resto de los mortales en nuestra chata perspectiva, don Tite lo que buscó, quizá sin proponérselo de manera consciente, fue establecer una unidad en el pensamiento y el sentir del latino a partir de reconocer su herencia en la búsqueda y construcción de una identidad particular de cada pueblo que, si bien son distintos por las particularidades históricas, geográficas y sociales que se puedan señalar, el ancestro común y la opresión e injusticia común, así como los constantes conflictos sentimentales, los repetidos e iguales sufrimientos y discriminaciones, permiten que se pueda llamar a la unidad del Pueblo latino, como él lo hizo en el tema homónimo grabado por el Conde Rodríguez, Unidad que aún, a pesar de todo, no se ha logrado.

 

Pueblo latino, de cualquier ciudad…
ha llegado la hora de la unidad
ha llegado la hora del estrechón de manos
como protección.
Corazonado únete…
porque en la unidad es que esta la fuerza
monumental que nos puede salvar
de la infelicidad.

 

Catalino Curet Alonso, don Tite, un monstruo compositivo, un poeta de la cotidianidad que cantó al Prestamista que aún hoy día sigue haciendo esconder a nuestros paisanos, al chismoso de la esquina bautizándolo Chotorro, al Evelio que llega tarde a la rumba y a la gran Isadora Duncan, reconociéndole su liberación por medio del baile o la muerte de varios amigos en esa terrible Estampa marina, así como tantos personajes más que no sólo pueblan sino que construyeron el universo musical de la salsa tal y como lo conocemos se ha convertido a través de sus canciones, exitosas y siempre recordadas, en patrimonio cultural del caribe de forma innegable, legándonos un patrimonio invaluable por el cual debemos estar siempre agradecidos y por ello, aunque sea insuficiente y ya que no pude hacerlo mientras vivía, sólo pido un aplauso para el mejor de los compositores del caribe…