Don Tite con la pieza El hijo de Obatalá, la deidad, el Orisha mayor de la religión Yoruba, no sólo hace un tributo a sus ancestros, sino que se reconoce heredero de sus costumbres y parte de una tradición que en la música afroantillana ha dejado clara su filiación religiosa a pesar de él mismo no ser santero como si lo han sido muchos cultores de los ritmos de esta región. En este tema él se alinea con otros tan representativos y viejos como la monumental Tanga de Machito and his Afrocubans, que inicia con el tradicional saludo santero: Boruboya, pasando por las múltiples menciones llevadas a cabo por Celina y Reutilio, líderes de la agrupación comercial con más canciones santeras conocidas, tales como: A Santa Bárbara, Qué viva Changó, entre otras, hasta llegar a grabaciones tan recientes como Colombia Caribe, de Francisco Zumaqué, en cuya tercera estrofa se escucha claramente:
Viva Eleguá y Changó,
y que viva San José,
Babalú y Yemayá,
y el culto a Mayombé.
O el video de Calle 13 de la canción: Un beso de desayuno, plagado de imágenes y rituales innegablemente santeras.
Entroncada con el reconocimiento de esa raíz africana presente en todos los habitantes del caribe insular y continental está la más bella pieza poética reivindicatoria de la negritud, de la negrura, compuesta en las américas, Las caras lindas, hecha famosa por Ismael Rivera, pieza en la cual don Tite rompe el exotismo con el cual siempre había sido tratada su raza, además del estereotipado énfasis hecho, tradicionalmente, en la sensualidad de esta, resignificando su hermosura y su encanto, trasladando la atención del oyente al rostro, donde realmente anida la belleza de esta gente negra, y poniendo aún más allá su atención al dar total relevancia a los sentimientos de quienes durante mucho tiempo fueron considerados poco menos que animales, pues estos son nada menos que un desfile de melaza en flor.
Las caras lindas de mi gente negra,
son un desfile de melaza en flor,
que cuando pasa frente a mí se alegra,
de su negrura todo el corazón.
Las caras lindas de mi raza prieta,
tienen de llanto, de pena y dolor,
son las verdades que la vida reta,
pero que llevan dentro mucho amor.
Somos la melaza que ríe,
la melaza que llora,
somos la melaza que ama,
y en cada beso es conmovedora.
Por eso vivo orgulloso de su colorido,
somos betún amable de clara poesía,
tienen su ritmo, tienen melodía,
las caras lindas de mi gente negra,
Don Tite nos regala una poesía en la cual afinca la identidad caribeña que adquiere su valor desde el ancestro, en este caso el africano, planteando una posición radicalmente distinta a la de dos de los más grandes referentes de la poesía negra en esos tiempos: Nicolás Guillen y Jorge Artel, pues el primero busca en su poesía una fraternidad entre todos los hombres y el segundo toma una actitud contestataria ante el hombre blanco en busca de esa reivindicación de su raza, mientras que don Tite se centra en resaltar todas las bondades y cualidades de su raza sin establecer comparación alguna, sin nombrar siquiera al blanco como para no darle importancia en su clara poesía.
Aún sin plantearse una posición beligerante ante el blanco don Tite, en la pieza Babaila, interpretada por “El conde negro” Pete Rodríguez, nos relata la barbarie del vulgar comercio establecido con los africanos por el diablo blanco.
Babaila fue vendido en mercado de esclavo.
Lo separaron de sus padres
en una hacienda muy lejana,
nunca supo más, nunca,
lo que fue el pobre Babaila.
¡Ay! destino de aquel niño africano,
en el área antillana
vendido en mercado de esclavo,
Babaila fue…
Lo separaron de su padre,
lo separaron de su madre,
en una hacienda muy lejana el criado fue
con grillete en el pie, con grillete en el pie.
El niño africano, el niño africano tu ve.
Quizá la única pieza en la que don Tite, como Jorge Artel, hace una comparación entre el blanco y el negro es en Sorongo, canción recientemente popularizada por Calle 13 con Sean Kuti y Sammy Tanco, en grabación hecha dentro del homenaje llevado a cabo por el Banco Popular de Puerto Rico a donde Tite en 2011 y en la que él más allá de preguntarse por las cosas en común entre estas dos razas nos muestra las atrocidades de la colonia y su vehículo de uniformización y adoctrinamiento: La religión católica.
Dime soronga, dime sorongo
que es lo que el negro tiene de blanco
y que es lo que el blanco tiene del congo.
Llego el diablo blanco
cristianizando con veneno de culebra,
dejando el alma en quiebra.
Se bajaron las ostias con un poco e ginebra
y los mataron, de un palo los ahorcaron,
a todos en la aldea los dejaron mancos.
El negro tiene lo que se le quitó,
y el blanco tiene lo que se robó.
Pa’ llegar al Congo yo me guío por el corazón
del sol, donde no hace frío, no hay desvío
en sus arterias circula el agua del río
que desemboca en la sangre pura que tiñe
el paisaje de una dictadura.
Las memorias son muerte vivida,
lo que duele nunca se olvida.
Don Tite también se sabe y se reclama heredero de los indios del caribe y nos refleja los gritos, los gemidos y el canto triste de esta raza cautiva en cuatro importantísimas piezas: Anacaona, la pieza más importante del repertorio de Cheo Feliciano, poetiza dominicana y esposa del cacique Caonabo, quien también don Tite cantó completando su homenaje a esta pareja de mártires a quienes la libertad, como a muchos otros, nunca llegó.
Anacaona, india de raza cautiva
Anacaona, de la región primitiva.
Anacaona oí tú voz, como lloró cuando gimió
Anacaona oí la voz de tu angustiado corazón
Tu libertad nunca llegó…
Pero india que muere llorando,
muere pero no perdona, no perdona, no.
Oye, según la historia lo cuenta
dicen que fue a la cañona, Anacaona.
La tribu entera la llora porque fue buena, negrona.
Y recordando, recordando lo que pasó
la tribu ya se enfogona.
*
El que perdió la vida por un gran amor
él que vertió su sangre por una india en flor:
¡que linda su Anacaona!
En el monte solloza el indio Caonabo
si el amor es sacrificio, allí fue sacrificado.
Caonabo y Anacaona amores martirizados
ella misma se mató luego que al indio mataron.
Y en el monte solloza el indio Caonabo
llorando su Anacaona espíritu de indio bravo.
Otro de esos indios latinos a quienes nunca llegó la libertad fue Camilo Manrique, de quien se sirve don Tite para mostrarnos los abusos que eran tenidos por parte de los empleados de alto rango en los cañaverales en los tiempos de lo que hoy día aceptamos y entendemos como esclavitud. Plantación adentro, tema emblemático del álbum Siembra, de Willie Colón y Rubén Blades, considerado el Sargent Pepper’s de la Salsa, nos atestigua con maestría esta terrible realidad que hoy en día se sigue dando con otros actores, a veces en otros espacios y en sistemas donde estas realidades se entienden y aceptan con total normalidad y aceptación.
Sombras son la gente,
A la, la, la, la, la, la, la.
Plantación adentro camará
es donde se sabe la verdad,
es donde se aprende la verdad.
Dentro del follaje y de la espesura,
donde todo viaje lleva la amargura,
es donde se sabe camará,
es donde se aprende la verdad.
Camilo Manrique falleció
por golpes que daba el mayoral,
y fue sepultado sin llorar ¡Ja!
una cruz de palo y nada más.
Y el medico de turno dijo así:
Muerte por causa natural.
Claro, si después de una tunda e palo
que te mueras es normal.
En este mismo sentido de denuncia de la esclavitud en los cañaverales está la pieza Nabori, interpretada por Cheo Feliciano, una pieza en la cual su protagonista no es asesinado por el mayoral sino que es condenado a una vida triste en la molienda, sin ninguna esperanza de paz y realización.
Nabori, en donde tu amor acabó
Nabori, lamento de tu corazón.
Nabori por siempre se te negó
como un castigo cruel
lo que tu alma soñó,
ni esperanza de paz,
ni esperanza de amor,
caña, trapiche y molienda de sol a sol.
Allí mismo tu corazón acabó,
allí mismo te quedaste,
bregando tú en el fogón.
Continuando son su revisión de los rasgos que han contribuido a consolidar la identidad del hombre caribe, don Tite, como muchos otros autores se centra en lo más próximo, en su cotidianidad y, desde allí, realiza una gran contribución al fortalecimiento del orgullo nacional en su natal Puerto Rico con temas en los cuales afirma el nacionalismo, por ejemplo, alabando con una Plena a uno de sus símbolos: el pabellón nacional, con Bandera ondea.
Ondea, ondea, ondea la bandera, ondea,
cuando mi bandera ondea que gran orgullo me da.
Yo la agito como sea y el viento me va a ayudar
para sentir como ondea con su borincanida.
Ondea, ondea, ondea la bandera, ondea,
cuando mi bandera ondea que gran orgullo me da.
Vente aquí pa que la veas, luce tan sensacional,
es la más alta presea que al mundo puedo enseñar.
En la bella pieza, versificada en décimas, Andando la tierra mía, don Tite nos da cuenta de su orgullo borincano en una descripción exquisita de paisajes y sentimientos que no caen en la vacua loa de los oradores patrioteros y los políticos de oficio que tanto abundan en nuestros países.
Conociéndola mejor,
siento que mi tierra crece
y duplicarse parece
dentro de mí en cierto amor.
Tu pintoresco sabor,
tan boricua noche y día,
adoba con simpatía
de adorable condimento
el encantado momento
de andar por la tierra mía.
Serranía de verdura,
picachos de suave cresta,
incomparable floresta
y gente de sonrisa pura.
Valles de fruta madura,
pueblos, calma, algarabía,
donde quiera la alegría
normal del puertorriqueño.
Para sentirme su dueño,
visito la tierra mía.
El barrio La perla, para tantos conocido hoy día por el tema homónimo de Calle 13, está ubicado al lado del cementerio de los patriotas borinqueños, como Rafael Hernández, Daniel Santos, Rafael Cortijo y, por supuesto, don Tite, quien quizá no logró imaginar que sería enterrado en este cementerio rodeado te tanta pobreza cuando compuso el tema La perla interpretado por Maelo y sus Cachimbos.
La Perla Calla su tristeza,
esa acuarela de pobreza
que juega un poco a la belleza
y a nadie cuenta su dolor.
La Perla, donde sepultan a los patriotas,
¡ay! tiene un deseo que no se nota,
una amargura de ala rota
y nunca se la mereció
Hay en su alegría dominguera,
de sus calles sin aceras,
un llamado al corazón.
Es un arrabal de gente pobre,
de ciudadanía noble,
¡se gana el pan con sudor!
En medio de los pobres, con los pobres, como nos lo hizo saber Roberto Roena era que don Tite se sentía mejor, con esa gente probá que no olvida de donde viene y a quienes tanto el cantó buscando darles un pequeño consuelo y decirles, con ustedes estoy, Con los pobres estoy.
Agüita de ajonjolí, para los pobres soy,
para los pobres soy, y no me digan que no,
porque con ellos estoy, donde quiera que voy.
Yo vine de los manglares, donde crece la seda,
para mí en esos lugares, solo hay felicidad.
Búsquenme en los arrabales que abundan por la ciudad,
para mí en esos lugares, solo hay felicidad.
Orgullo no va conmigo, por doquiera que yo voy,
en cada pobre un amigo, a ese la mano le doy.
De todos estos pobres don Tite no sólo nos transmite su confianza en ellos, su total cercanía y compenetración, sino, también sus intimas angustias, esas que recogía en las esquinas, en los cafés y panaderías y que grababa mientras recorría La perla o Barrio obrero, para luego transformarlas en piezas como Juan Albañil, un paisano que bien puede ser Colombiano, Venezolano o incluso Polaco porque su pena no tiene, como todo lo verdaderamente humano, frontera ni nacionalidad.
Juan Albañil, el edificio que levantaste,
con lo mucho que trabajaste,
está cerrado, esta sellado,
es prohibido para ti, Juan albañil.
Como es domingo Juan Albañil por la avenida,
va de paseo mirando cuanto construyó:
hoteles, condominios, cuanto lujo,
y ahora como no es socio no puede entrar,
Juan Albañil, no puede entrar, no puede entrar.
Juan Albañil, hombre vecino,
cuanto ha soñado con la llamada igualdad,
Juan Albañil pero dile a tus hijos,
que en el cemento no hay porvenir.
Ese Juan Albañil, con su tristeza y su jodidez bien podría llamarse Rafael, Pedro o Andrés. Don Tite escogió darnos otra muestra de su pena con el tema Lamento de Concepción, a partir de una queja hecha por Billy Concepción a Roberto Roena, en una banca de la Cafetería El Quenepo, en San Juan.
Como si todo en la vida le faltara
Concepción, eleva la vista al cielo,
como si el mundo se le cayera encima
Concepción, contaba su desconsuelo.
Y decía: ¡hay niños que mantener!
Y decía: ¡hay niños que mantener!
Si yo soy de los de abajo, que tiene que ver,
yo tengo el mismo derecho de vivir.
Que mucho trabajo da
hallar en que trabajar
que trabajo da, el no trabajar.
Algunos de estos pobres que don Catalino escuchaba solían tomar una opción de verraquera, de entereza y, poniéndole güevo, preferían echar pa’lante de manera honrada, como lo canta Chamaco Ramírez, diciendo, aunque no te guste Planté bandera, sobreponiéndome a la adversidad.
Tú te creías que eras dueño de todo
y me decías que el mundo anda a tu modo,
y de repente llegue sin echármelas de fiera
y te resulto al revés porque yo planté bandera.
Con humildad, con mi sencillez, con facilidad
y el mensaje aquel: pa’lante es que es.
Yo sé que no te gustó
que yo plantara bandera,
pero a lo hecho pecho
también yo tengo derecho.
Continuará…






