James dio medio giro y al levantar su pie derecho sobre el izquierdo, para iniciar su carrera por la vida, sintió como unas miles de agujas le atravesaban su espalda  y lo levantaban por los aires, teniendo como pista de aterrizaje las oscuras y apestosas fosas de la gran bestia y, de pronto, levitando y cayendo lentamente hacia su terrible destino , recordó que era el Doctor Sir James de Inglaterra y precipitó rápidamente sus ojos, buscando despertar de aquella oscura pesadilla en la que se había dado cuenta que se encontraba, pero…

Ilustración: Andrés Felipe Yaya

Ilustración: Andrés Felipe Yaya

Por: Karen Aristizábal

A Augusto Monterroso

Se encontraba James, el cazador, en lo profundo de la selva, escurriéndose a través de los árboles, escondido detrás de los arbustos. Temía ser descubierto en cualquier momento por una de las temibles bestias que habitaban allí; en el rincón más recóndito del mundo; un terreno escabroso, la selva virgen nunca antes explorada por alguna persona.

Trataba de no hacer ruido, cada rama que crujía con su lento caminar, lo ponía más al acecho y descubierto de aquella temible bestia, de la que desconocía su posible  apariencia, pero que aun así le removía los recuerdos más oscuros y terribles de su niñez. James, con el sudor cayendo por su cuerpo; de tanto correr tratando de escapar de aquel causante de su temor; le empezaban a arder y supurar sus heridas, pequeñas y profundas, dejaba huellas de sangre que servían como implemento de caza para la gran bestia, que cada vez tenía más hambre,  corría y corría, hasta que allí estaba el lugar que tanto buscaba; un buen escondite, una guarida en la que podría refugiarse y ocultarse de su cazador; James se recostó y empezó a cubrirse con todas ramas, pantano y diversas especies que se hubiesen encontrado allí.

Pasaron horas y se encontraba tranquilo, sabía que se había deshecho de  aquella bestia, su corazón se encontraba por fin a un ritmo controlado, había pasado horas y horas en este lugar, para no correr el riesgo de convertirse en la presa fácil de aquella bestia; James por fin decidió salir, se quitó las ramas y otros desperdicios que tenía sobre su cuerpo, entonces, apoyó la planta de sus pies sobre el suelo y con sus manos inició el proceso de limpieza, al terminar recogió del frio suelo su viejo sombrero y después de ponerlo sobre su cabeza, dio un giro y al posar su mirada sobre el esperado horizonte, lo que vio fue un resplandeciente brillo café, con unas pequeñas líneas negras alrededor de este, y al quedarse mirando fijamente esta ventana de brillo café, empezó a  bajar como si fuese una persiana el gigantesco párpado de aquella bestia.

James dio medio giro y al levantar su pie derecho sobre el izquierdo, para iniciar su carrera por la vida, sintió como unas miles de agujas le atravesaban su espalda  y lo levantaban por los aires, teniendo como pista de aterrizaje las oscuras y apestosas fosas de la gran bestia y, de pronto, levitando y cayendo lentamente hacia su terrible destino , recordó que era el Doctor Sir James de Inglaterra y precipitó rápidamente sus ojos, buscando despertar de aquella oscura pesadilla en la que se había dado cuenta que se encontraba, pero… “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”; y tristemente el Doctor Sir James de Inglaterra quedó atrapado en las fosas de aquella gigantesca bestia, y jamás pudo despertar.  Es esta la explicación que mamá le dio a mi pequeño hermano tratando de explicarle cómo era que nuestro padre, el reconocido Doctor James, había quedado en un largo y profundo sueño al que yo prefiero llamarle coma.