Por / Martín Rodas*

Reflexión
Las miradas frente a frente,
inquietas, asombradas
por el brillo de ojos ajenos y extraviados.
Los dedos, frente a frente
acarician con delicadeza el contorno redondo
de aquella superficie bruñida.
La luz, tenue, cincela con breves destellos
los rostros que, como máscaras,
penden de las sombras.
Todo es silencio de ecos lejanos,
de profundidad infinita…
Allí están, mirándose
frente a frente…
hundidos en la memoria,
en la imaginación,
en el recuerdo…
danzando eternamente, frente a frente,
como estrellas moribundas,
como soles desahuciados.
***
Tus ojos
Negros
profundos
de materia
oscura
desconocida,
que provocan
el florecer
desde
el humus vital
de la Madre Tierra.
***
Perfil
A lo lejos
la brisa
anuncia
el suave
ulular
de tu cintura,
mientras
bamboleante
el sol
pule tu piel
de ébano.
***
Una sonrisa
En el fondo
de tu transparencia
cuelga
el reluciente
collar
de tu sonrisa;
solo este destello
me basta
para encender
mi alma.
***
Lejanía
Te veo en la distancia
danzando lo etéreo,
aleteando en el polen
olfateando rostros,
creo que no el mío,
tal vez
por tan terrenal;
tal vez por tan lejano.
***
Sueños
En el sueño,
la tarde no es la tarde,
más bien es una
madrugada
trasnochada
que apaga
una a una
las luces
de las luciérnagas
que mueren
como los sueños
al brillo del alba.
***
A la sombra
En el rincón de la sombra
agazapado,
el duende de la duda
solo puede musitar
el interminable
eco
de tu nombre.
***
Despertar
El despertar
se volvió
un acto predecible
y cierto
de humedades
y cansancio,
de tristeza
y soledad
en medio
de la nada.
***
La Voz
Era apenas un susurro
tan distante
que solo el presentimiento
permitía intuirlo,
era
tan distante
que se confundía
con el silencio.
***
Levedad
Leve es tu mirada
y el movimiento
de tus manos,
leves son tus alas
y leve tu desnudez;
son tan leves
tus huellas
que la brisa,
tu compañera,
siempre las borra
en la arena
para grabarlas
en mi memoria.
***
Hierba húmeda
En el regazo de tu vientre
las raíces de nuestros dedos
se entrecruzan
horadando las entrañas
de la creación;
buscando
la semilla
antigua
de la vida
y de la muerte.
***
La hoja y el navegante
Esa hoja sobre el riachuelo,
timoneada por los vientos
del sur,
navega perfectamente
a la deriva
recogiendo
en su devenir incierto
el rocío
que llora la tierra
sobre toda su obra;
rocío navegante
rocío fresco
rocío alma
rocío corazón.
***
Los días y las horas
Estoy
prisionero
en el reino de tus matemáticas,
encadenado a cada eslabón
del tiempo
que anhela tu presencia,
a cada segundo
que gotea
taladrando el corazón;
musito y musito
ese rosario interminable,
sin fin,
que me promete
algún día estar a tu lado.
***
Las palabras
Arman el mundo
poco a poco
en la Babelia
inconmensurable
de la existencia.
Son puente, arco, clave,
obelisco, flecha, lengua, gota,
madre, padre,
hermana, hermano,
amiga, amigo;
son solo palabras
son solo savia
son solo sangre
son solo
vida.
***
Regreso
Ya son tantos años
que el recuerdo no alcanza;
y es que esperarte
me duele
en medio de este
océano
bañado en tiempo y lejanía.
Artilugio
Pronunciaste
de manera mágica
mi nombre.
Arrancaste
de manera limpia
mi corazón
sangrante;
del cual
también bebiste
hasta la saciedad.
Mi cuerpo,
carne tendida al sol,
fue alimento de las aves,
mientras mi alma
se convirtió
en tu palabra.
Mi diosa
Has llegado
de las profundidades
del cosmos;
te envuelven
los misterios inconmensurables
de la mar;
y tu cuerpo serpentea
como el laberinto
de mis soledades.
Bienvenida,
diosa,
a estas playas
encantadas;
desciende de tus naves,
trae tus mariposas
tus jardines
tus delirios,
que aquí
la tierra es buena,
fecunda
y bella,
como tú.
Referencia bibliográfica: Rodas, M. (2020). Espejo de dos almas. Manizales: «ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)».
* Poeta, anacronista y pintor; editor de «ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)».


