Por: Jhonattan Arredondo Grisales
Es cierto que todos ocultamos algo bajo la alfombra, sin embargo, el amor que consideramos como pasado se rehúsa a permanecer en las prisiones del silencio, en lo oscuro, entre el polvo que cubre las cosas viejas, olvidadas. No, no podemos ocultar un amor bajo la alfombra: solo sus recuerdos. Pero algunos, como los restos de un inesperado naufragio, saldrán a la superficie con la obstinación de aquello que no se resigna al olvido; otros, más nobles quizás, seguirán –a la espera– en la austeridad de nuestros sótanos. Así pues, tanto los unos como los otros, serán el único equipaje para el viaje que emprendamos con lo que llevamos a cuestas. Aunque –como dice la poeta Ángeles Mora– hayan cosas que no arrastra el equipaje. Aquí dos de los poemas que hacen parte de este poemario:
SIN NOMBRE
Atravesé aquella ciudad
buscando un sueño.
En ella viví –extraña–
y cada cuerpo
que me crucé en la calle
era una letra
en mi libro de sombras.
Viví aquella ciudad
sintiendo su luz limpia,
el frío azul de un sol ajeno,
su cuchillo de aire,
retazos de palabras
con acento extranjero.
Ya sé que estamos solos,
que cada uno
es un cuaderno
aparte.
Atravesé aquella ciudad
queriendo hacerla mía
–te buscaba–
Tracé en mi corazón
las rayas de sus calles,
los nombres de sus plazas.
Con la caligrafía de un niño
dibujaba sus árboles, sus fuentes,
en la página blanca, hasta cubrir el vértigo
de los ángulos vacíos de mi diario.
Durante un tiempo, sí,
atravesé aquella ciudad
sin encontrarte,
cruzándome contigo.
CAMINOS DE VUELTA
Vivir
tiene un rumor de fondo
sordo como el silencio.
Me oigo vivir y espero
la tempestad, el barco,
furias que rompan
sobre esta lluvia fina.
Se abre el día
y las olas se abren
y nosotros pasamos
sin que se note,
lloviendo
por dentro,
con las manos vacías
y en los ojos la luz
que acompaña
el camino de vuelta.
La vuelta es el comienzo.
Lo callamos.
La piel se va nublando
como el cielo.
Pero las venas saben
azulear el paso de la sangre.
Ríos que van a la mar,
que no acostumbra a morir,
sigilosos, cansados,
pero sin fin. Vivir
tiene ese rumor de fondo:
Los caminos de vuelta
no vuelven. Siempre comienzan.
Sobre la autora:
Ángeles Mora nació en Rute, Córdoba, en 1952. Es Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, ciudad donde actualmente vive. En el año de 1989 obtuvo el Premio Rafael Alberti de poesía por su libro «La Guerra de los treinta años» y en el año 2000 el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla por «Contradicciones, pájaros». Además, ha publicado otros libros de poesía como: «Pensando que el camino iba derecho» 1982, «La canción del olvido» 1985, «La dama errante» en 1990, «Silencio» en 1994, «Elegía y postales» en 1994, «Cámara subjetiva» en 1996, «Canto de sirenas» en 1997, «Bajo la alfombra» en 2008 y «Ficciones para una autobiografía», en 2015. Su poesía, en pocas palabras, se caracteriza por escudriñar en el fondo de nuestras ruinas; a su vez, por ser la luz –el poema– que renace de ellas.



