César Vallejo, escritor peruano (1892-1938). Es destacado por ser una de las figuras de mayor relieve dentro del vanguardismo hispánico. En su poesía se encuentra abundante vocabulario litúrgico y bíblico, debido a influencias de sus padres desde su infancia. Además, los temas de la vida y la muerte son recurrentes en toda su poética. Su obra poética cuenta con títulos como: Los heraldos negros, Trilce, Scalas melografiadas, Fabla salvaje, entre otros.

 

Tomada de: http://historiadenuestroperuydelmundo.blogspot.com/

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Ágape

Hoy no ha venido nadie a preguntar;
ni me han pedido en esta tarde nada.

No he visto ni una flor de cementerio
en tan alegre procesión de luces.
Perdóname, Señor: qué poco he muerto!

En esta tarde todos, todos pasan
sin preguntarme ni pedirme nada.

Y no sé qué se olvidan y se queda
mal en mis manos, como cosa ajena.

He salido a la puerta,
y me da ganas de gritar a todos:
Si echan de menos algo, aquí se queda!

Porque en todas las tardes de esta vida,
yo no sé con qué puertas dan a un rostro,
y algo ajeno se toma el alma mía.

Hoy no ha venido nadie;
y hoy he muerto qué poco en esta tarde!

 

Bordas de hielo

Vengo a verte pasar todos los días,
vaporcito encantado siempre lejos…
Tus ojos son dos rubios capitanes;
tu labio es un brevísimo pañuelo
rojo que ondea en un adiós de sangre!

Vengo a verte pasar; hasta que un día,
embriagada de tiempo y de crueldad,
vaporcito encantado siempre lejos,
la estrella de la tarde partirá!

Las jarcias; vientos que traicionan; vientos
de mujer que pasó!
Tus fríos capitanes darán orden;
y quien habrá partido seré yo…!

 

 

Idilio muerto

Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita de junco y capulí; 
ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita 
la sangre, como flojo cognac, dentro de mí. 

Dónde estarán sus manos que en actitud contrita 
planchaban en las tardes blancuras por venir; 
ahora, en esta lluvia que me quita 
las ganas de vivir. 

Qué será de su falda de franela; de sus 
afanes; de su andar; 
de su sabor a cañas de mayo del lugar. 

Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje, 
y al fin dirá temblando: «Qué frío hay… Jesús!» 
y llorará en las tejas un pájaro salvaje.

 

Tomado de: http://franciscocenamor.blogspot.com/

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Yeso

Silencio. Aquí se ha hecho ya de noche,
ya tras del cementerio se fue el sol;
aquí se está llorando a mil pupilas:
no vuelvas; ya murió mi corazón.
Silencio. Aquí ya todo está vestido
de dolor riguroso; y arde apenas,
como un mal kerosene, esta pasión.

Primavera vendrá. Cantarás «Eva»
desde un minuto horizontal, desde un
hornillo en que arderán los nardos de Eros.
¡Forja allí tu perdón para el poeta,
que ha de dolerme aún,
como clavo que cierra un ataúd!

Mas… una noche de lirismo, tu
buen seno, tu mar rojo
se azotará con olas de quince años,
al ver lejos, aviado con recuerdos
mi corsario bajel, mi ingratitud.

Después, tu manzanar, tu labio dándose,
y que se aja por mí por la vez última,
y que muere sangriento de amar mucho,
como un croquis pagano de Jesús.

Amada! Y cantarás;
y ha de vibrar el femenino en mi alma,
como en una enlutada catedral.

 

 

Y si después de tantas palabras

¡Y si después de tantas palabras, 
no sobrevive la palabra! 
¡Si después de las alas de los pájaros, 
no sobrevive el pájaro parado!
¡Más valdría, en verdad, 
que se lo coman todo y acabemos!

¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte! 
¡Levantarse del cielo hacia la tierra 
por sus propios desastres
y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla!
¡Más valdría, francamente, 
que se lo coman todo y qué más da…!

¡Y si después de tanta historia, sucumbimos, 
no ya de eternidad, 
sino de esas cosas sencillas, como estar 
en la casa o ponerse a cavilar! 
¡Y si luego encontramos, 
de buenas a primeras, que vivimos, 
a juzgar por la altura de los astros, 
por el peine y las manchas del pañuelo! 
¡Más valdría, en verdad, 
que se lo coman todo, desde luego!

Se dirá que tenemos 
en uno de los ojos mucha pena 
y también en el otro, mucha pena 
y en los dos, cuando miran, mucha pena… 
Entonces… ¡Claro!… Entonces… ¡ni palabra!