Nació en Calarcá el 26 de julio de 1904. Tras un viaje a París y el encuentro con los movimientos artísticos de la época, cuando recién tenía 20 años, regresó al país y publicaría Suenan Timbres en 1926. Además, fue miembro fundador del grupo literario Los nuevos. En el transcurso de su vida publica: Tratado de Estética, 1945; La insurrección desplomada, 1948; La circunstancia social en el arte, 1973; Historia de la estadística en Colombia, 1975; La obreríada, 1979; Poesía inédita, 1982; El libro de los fantasmas, 1985; Poemas del abominable hombre del barrio de Las Nieves, 1985. Luis Vidales recibió, en 1982, el Premio Nacional de Poesía. En 1985, la Unión Soviética le concedió el Premio Lenin de la Paz. Murió en Bogotá el 14 de junio de 1990.

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La música

En el rincón
oscuro del café
la orquesta
es un extraño surtidor.
La música se riega
sobre las cabelleras.
Pasa largamente
por la nuca
de los borrachos dormidos.
Recorre las aristas de los cuadros
ambula por las patas
de los asientos
y de las mesas
y gesticulante
y quebrada
va pasando a rachas
por el aire turbio.
En mi plato
sube por el pastel desamparado
y lo recorre
como lo recorrería
una mosca.
Intonsamente
da vueltas en un botón
de mi d’orsey.
Luego -desbordada-
se expande en el ambiente.
Entonces todo es más amplio
y como sin orillas…
Por fin
desciende la marea
y quedan
cada vez más lejanas
más lejanas
unas islas de temblor
en el aire.

Escrito en 1922 y publicado en El Espectador en 1923, más tarde incluido en Suenan timbres, 1926

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Paisaje junto a las fábricas

Estoy en la mañana sangrienta de los pitos
alto de libertad junto a la huelga de los humos,
los árboles en huelga, la huelga de los vientos;
hoy ha nacido el mundo
con el alba bien hecha por las fábricas nuestras.

Puro, sentido amor de la intemperie;
amor de cielo infiel;
mañana de la hoja;
humedad dulce de haber estado con mujer.

Esto dice el cedral,
y tiene el aire frescor de punta de almohada.

Oh! inocencia del tiempo:
¡anoche durmió aquí la Libertad!

(1936)

La libertad

Párese el río y cesen sus rumores;
no dé el rosal su rosa conversada;
no hable la bandera sus colores,
quédese la estación estacionada.
Muera el árbol. No se alcen los alcores
y el sabio ruiseñor no diga nada;
la luz no rectifique sus fulgores,
desembárquese el agua ya embarcada.
El sol suspenda su divina serie;
endurézcase el viento, y no lo diga
y el ancho cielo deje la intemperie.
No hable la voz sus altas soledades
¡que la patria dejó de ser amiga
y están sin libertad sus libertades!

(1948)

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La costurera

Vida y lino lo mismo ata la hebra.
Une noche y aurora el pedal, de tope a tope.
Miseria, son las ocho, grita el reloj a los pobres de la tierra.
Una mujer en el silencio cose, cose, cose,
cumple mil años al volver la rueda.

Por el telégrafo del carrete
los telegramas del cansancio se detienen.
Mujer obrera, hecha de carne y llanto,
hecha de hambre, luz y manos
y de sudor, rocío del hierro.

Corre el trabajo, ferrocarril sin panorama;
hay hambre en el vientre y hay hambre en los ojos;
por el sudor el cuerpo llora en el silencio.

Kilómetros, en bloques y paquetes van las horas,
trenes monótonos y ciegos;
va el pedal al galope;
describe tu existencia la polea de cuero;
la traza el brillo de la vida en la rueda que gira…

La máquina de coser es un vampiro
y de tu corazón toma su fuerza.

Monotonía, monotonía, chirría la polea,
oyendo coser el ruido ya es recuerdo.

Tú tienes el cansancio, tienes la miseria,
el dolor cada día renovado,
el dolor antiguo que es un morado en tu vida.

Mujer obrera, la que aplancha,
la que remienda, la que cose; tres mujeres
y una sola. Remienda, cose, aplancha y canta,
canta la canción:

Mañana nueva del planeta;
la insurrección ya incendia el cielo;
hay una nueva estación…

Cinco son las estaciones de la tierra:
Verano, invierno, otoño, primavera, revolución.

(1930, poema incluido en La obreriada)

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Oración de los bostezadores

Dedicado a Leo Le Gris-Bostezador

Señor.
Estamos cansados de tus días
y tus noches.
Tu luz es demasiado barata
y se va con lamentable frecuencia.
Los mundos nocturnales
producen un pésimo alumbrado
y en nuestros pueblos
nos hemos visto precisados a sembrarle a la noche
un cosmos de globitas eléctricas.
Señor.
Nos aburren tus auroras
y nos tienen fastidiados
tus escandalosos crepúsculos.
¿Por qué un mismo espectáculo todos los días
desde que le diste cuerda al mundo?
Señor.
Deja que ahora
el mundo gire al revés
para que las tardes sean por la mañana
y las mañanas sean por la tarde.
O por lo menos
Señor
si no puedes complacemos
entonces
Señor
te suplicamos todos los bostezadores
que transfieras tus crepúsculos
para las 12 del día.
Amén.