Cada viernes TLCDLR tendrá  un especial sobre poetas colombianos. En esta ocasión será William Ospina, acompañado de otros poetas extranjeros.

William Ospina nació el 2 de marzo de 1954 en Padua (Colombia). Es un reconocido escritor que ha escrito novelas, ensayos y poesía, además, ha sido traductor. Ha sido reconocido por Hilo de arena“, “El país del viento” y “¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua?” Entre sus numerosos premios, fue condecorado con el Nacional de Poesía del Instituto Colombiano de Cultura.


William_Ospina

El amor de los hijos del Águila

En la punta de la flecha ya está, invisible, el corazón del pájaro.
En la hoja del remo ya está, invisible, el agua.
En torno del hocico del venado ya tiemblan, invisibles, las ondas del
estanque.
En mis labios ya están, invisibles, tus labios.

 

La luna del dragón

 

Hablábamos de los dones de la tiniebla.
De los amores muertos.
Cuando se perfiló sobre el Oeste
El oro espeso de la media luna.
“Mira: es la Luna del Dragón” —me dijiste.
Y los dos la miramos
Como si algo terrible pesara sobre el mundo.
El hemisferio gris parecía lleno
De hondos presentimientos.
No había una estrella sobre el mar en calma
De humaredas y torres.
Nadie dijo: “Es la luz que hace al Dragón visible”.
Nadie dijo: “Es la casa donde el Dragón habita”.
Nadie dijo: “Es la luna que ampara a los dragones”.
Miramos simplemente el cuerno rojo.
La sobrehumana forma que doblegaba al cielo.
Y pensamos acaso en los terrores
De la culpa y la fiebre.
“Sólo es la Luna del Dragón” —me dijiste.
Pero algo negro ascendió de mi infancia
Y di gracias a Dios de no estar solo.
Seguimos en silencio
Mientras las nubes negras cercaban en la hondura
Aquel objeto de alta magia y belleza.
—”Tal vez el nombre viene de las baladas celtas”.
—”Yo no sé por qué pesa y aflige como un sueño”.
Era la Luna del Dragón, y nadie
Parecía comprenderlo.
Iban las multitudes, bulliciosas, urgentes,
Atentas sólo a su pequeño misterio,
Mientras sobre las hondas avenidas
Un oro atroz vertía su intemporal influjo,
Y algo terrible y bello batía sus alas rojas
Como un polvo impalpable sobre las tristes tierras.

 

El geólogo

Aquí hubo un mar hace un millón de años.
El hombre no lo sabe, más la piedra se acuerda.
Pártela: hay un cangrejo en sus entrañas,
Todo de piedra ya, forma magnífica
Que se negó a ser polvo.
Ante el peñasco y el guijarro, piensa
Que acaso fueron seres dolorosos,
Sangre y pulmones palpitantes.
Entre la ciega roca
Y el trémolo extasiado de la salamandra
Tan sólo hay tiempo.

 

www.letraslibres.com

www.letraslibres.com

Nietzsche

Está muriendo un Dios en el centro de un ópalo del color del 
crepúsculo.
Está muriendo una hoja de hierba en el pecho de Cristo.
Está muriendo una rosa en el aire estancado de la catedral de 
Maguncia,
traspasada en el aire por una quemante aguja del sol.

Está muriendo una llanura donde retozan embriagados leopardos. 
Está muriendo un ángel sobre un glaciar blanquísimo. 
Está muriendo un barco lleno de ancianos en una colina del 
cielo, en un aire cargado de delfines livianos y azules.

Está muriendo una cúpula bajo el asedio de las mariposas. 
Está muriendo un lupanar lujoso y sonoro de besos enfermos. 
Está muriendo mi corazón bajo los crueles halcones del olvido 
de Lou.
Me estoy borrando en sus pupilas bellas y esperanzadas 
como lienzos.

Está muriendo un pájaro en un bosque de nubes. 
Está muriendo una lucha glacial bajo mis sábanas de seda. 
Algo muy bello está borrándose por las bahías de mi infancia. 
Algo muy triste calla en sus violines.

 

Franz Kafka

 

Padre, le digo, dame tres granos de cebada para despertar al

durmiente.
Pero mi padre no responde:
es un enorme jinete de bronce, alto sobre colinas y sinagogas.
Madre, le digo, aparta tanta niebla,
muéstrame un rostro dulce, del que broten palabras ingenuas.
Pero ella se ha perdido por los callejones de piedra
y sólo encuentro en el espejo sus ojos inmensos.
Abuelo, digo entonces, ya no luches más con el ángel,
ven a contarme historias junto al niego, mientras se hiela el Elba.
Pero el viejo me mira con ojos ausentes, y comprendo
que no es éste mi abuelo sino un viejo gitano que quiere venderme 
un recuerdo.
Hermana, bella hermana, le digo,
toma mi mano que está oscuro en esta casa inmensa.
Pero a mi lado pasa una condesa polaca monumental y arrogante
y se escucha un violín, y se cierra una puerta.
Hermano, digo, qué bello cabalgas sobre el potro de madera y 
de laca,
¿hacia dónde nos llevan estas tardes inciertas?
Pero él es sólo una imagen, una gris fotografía en mis nimios,
y a lo lejos, atroces, los cañones resuenan.
Goethe, le digo, cántame una canción romana,
haz que yo sienta en mi corazón esta antigua tristeza.
Pero la tumba calla y sobre ella vuelan grises palomas
y no puedo abrir este libro porque sus páginas son de ceniza. 
Milena, digo luego, tal vez tú puedas finalmente salvarme, 
dime que soy de carne y de sangre, que esto que me atenaza es un deseo 
Pero ella se afantasma entre miles de seres escuálidos 
y apenas si percibo dos llamas que se apagan muy lejos.

¿Entonces es delirio todo esto? ¿A quién puedo llamar que me 
salve?
Su reino es de este mundo. Todos están aceptados y absueltos.
Son demasiado humanos, son demasiado justos,
y yo no logro hablarles con mi estruendo de élitros.
y no aprendí a cruzar las puertas,
y no sé defenderme.

Si ves dos grises ojos de gato en la gótica noche de Praga 
comprenderás que temo morir si me duermo. 
Si oyes una canción en la gótica noche de Praga 
comprenderás que intento saber dónde me encuentro. 
Si oyes un corazón en la gótica noche de Praga 
comprenderás quién sostiene todo este sueño.