Nueva obra poética de Omar Castillo, autor, entre otros, de Relatos de Axofalas (1991); Leyendo a don Luis de Góngora (1995). Relatos del mundo (1998, obra poética desde 1983); Abra, el libro de los amigos (2003); Poema de New York, con traducción al inglés por G. Leogena (Marginales, Los Lares, Casa Editora, Medellín, 2007); Los años iniciales en el vacío, 2001-2008 (Fondo Editorial Ateneo Porfirio Barba Jacob, Medellín, 2008).
Especial / LCDR
En estas Jarchas & Escrituras el poeta Omar Castillo suelta su experiencia en poemas que nos incitan a mirar como si fuera la primera vez, a vivenciar la realidad en las palabras como un lugar para esclarecer los instantes donde sucede la vida. Por eso, en el verso inicial de la “Poética” con la que se abre el libro, nos dice: “Un poema es un lugar al que se llega”, anunciando al lector la disposición necesaria para entrar en los ámbitos y atmósferas propuestos.
En la primera parte nombrada Jarchas, Omar Castillo abre un género poético en español, crea una presencia cuyas sombras se vienen proyectando desde los inicios del idioma. Y en los poemas que componen la segunda parte nombrada Escrituras, el poeta se adentra más en el aprehender que las palabras nos enseñan como fuente de todo hacer vital.
Las palabras de un poema son alertas para aprehender la vida, esto nos dicen los versos de estas Jarchas & Escrituras. Algo tan simple y complejo. Tan necesario como vivir. Aquí, dos de las jarchas del libro:
Jarchas
De Luz Marley
I
Una pequeña rasgadura en la piel del universo
Es la escritura de un poema.
Casi. Imperceptible. Mínima ante lo enfurecido
Del alfabeto en el que se escribe el universo.
Unas pequeñas rasgaduras son los ojos
Que leen un poema.
II
Entonces el viento sopla las ramas. Las hojas.
En una tarde que podría ser la primera.
La última. Mientras las formas de las cosas
Son iluminadas por la luz.
La misma luz que unos ojos contienen
Por un instante en el poema.
III
Con las manos que cultivo pencas de sábila
Empuño un silencio. También me entrego
A la caricia cuando la mariposa abre las alas
Al principio del vuelo en la piel del viento.
Mariposa rayando la luz.
Imponiendo sus ritmos al poema.
IV
El sol inunda la mañana exponiendo el mundo
Igual a un abanico desplegándose en la mano
Del día. Conteniendo su noche.
La misma donde los sueños recogen su sustancia.
Sustancia ahíta de augurios
Vueltos sílabas para las raíces del poema.
V
Piedra puesta a la luz para el esplendor.
Para el sacrificio de una estirpe no saciada.
Dada a la sangre una y otra vez. Sangre
Donde se narran aullidos en el tiempo.
Piedra pulida por infinidad de manos.
Las mismas que labran la escritura del poema.
VI
Gotas de agua golpeando. Penetrando la realidad
Del mundo. Buscando con sus insistentes golpes
Las raíces del asombro y lo cotidiano.
Huella donde una y otra vez se imprime la vida.
Sílaba tras sílaba sobre la página
Las palabras insisten en decir el poema.
VII
La realidad palpita en sus incógnitos
Y en sus revelaciones. No es cifra única.
Tampoco un amasijo de convenciones.
Y aun en su otredad es silencio y es bullicio.
Cotos de lo coloquial para la caza de la realidad
Son las palabras en la escritura del poema.
VIII
Hilo gastándose en nombrar la trama.
Zurciendo cada frágil instante a la palabra.
Puntada tras puntada tejiendo el abracadabra
De ingreso a la magia de la luz y la oscuridad.
Así el poema disperso en el universo permite
Por un instante hacerse dibujo para el habla.
IX
Los poetas buscan ser escuchados.
De una u otra manera
Quieren hacer conocer sus sentimientos.
La estirpe de sus emociones.
Creen que con sus palabras amparan
El mundo. Desentrañan el universo.
X
Yo busco alcanzar el silencio.
Origen de toda palabra.
Vacío donde se ampara
La extinción y el principio.
Del fuego.
Del habla.
XI
Un sol que se consume
En el agua que corre
Esclarece el tiempo
De la presencia del habla.
También lo hace el viento
Que penetra hasta los huesos.
XII
Una piedra hecha fuego
Impactó mi boca
Incrustándose en mi lengua.
Haciendo brasas mis palabras.
Consiguiendo que mis imágenes
Ardan y revienten en llamas.
XIII
La quimera.
Imaginario fabuloso.
Fuego donde se incinera el Fénix
Haciendo cenizas el verbo.
Renace el Fénix en la palabra
Que se esparce en el habla.
XIV
Porvenir. Rasgadura en la piel.
Quimera. Verbo. Palabra
Aprehendiendo el mundo.
La utopía haciéndose imagen.
Alfabeto con el que se habla
La realidad realizable.
XV
No somos sabios.
Somos vértigo ignorante de sus instintos.
Especie expuesta al fuego del asombro.
A la ceniza de su habla.
Inevitable. Tocar el tiempo
Y volver a tus manos.

Jarchas
De Rosa Emilia
I
En estas jarchas la piel del agua te trae.
El sudor del aire te recuerda.
El fugaz paso de una estrella evoca
El gozo de una noche
Irrepetible en tu voz cuando lo susurra
Mientras cunde el instante.
II
Porque las tuyas eran frases como rocas
Donde las aguas del río se extravían.
Para en cualquier momento
Salir impregnadas
De hilos de luz que golpean
Contra la fuerza de su corriente.
III
Entonces ocultaba el agua en mis manos
Y bebía como quien despierta en un sueño.
Tal como cuando un carbón contiene voces
Y la piel quemante de la vida.
La nítida luz consumiendo las aguas
De un día que se resiste.
IV
¿Se dice en estas jarchas del extravío?
Demasiado lejos para desanudar ese saber.
Solo la reseca tierra y un alero
Contienen la memoria y unas hojas
Verdes donde prende el silencio.
El sudor del aire. La piel del agua.
V
Así los laberintos de la infancia
Por piedras perforadas o vueltas de revés.
Hasta el hallazgo de los misterios
Con sus juegos de sílabas
Donde raer el habla
Y las palabras para las jarchas.
VI
Así los laberintos.
Así los juegos.
El fugaz instante de una estrella
Cuando parpadea en la piel del universo
Hasta alcanzar su gota íntima.
Verdad que sí.


