LA FURIA DEL CORDERO

Rómulo Bustos Aguirre (1954, Santa Catalina de Alejandría, Caribe colombiano) es poeta, ensayista y profesor universitario. En 1993 le fue otorgado el Premio Nacional de Poesía, concedido por el Instituto Colombiano de Cultura, por el poemario «En el traspatio del cielo», y en 2019 el Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura por la antología «De moscas y de ángeles».

Selección poética de Rómulo Bustos Aguirre – Ilustra / Stella Maris

Hay alguien que yo sé morándome

a J. Arleis

Hay alguien que yo sé morándome
Arrastra sus alas de ángel sonámbulo
como quien busca una puerta
entre largos corredores

Triste de sí
Pulsando inútil las cuerdas más dulces
de mi alma

Quizás me existiera desde siempre
¿De qué ancho cielo habrá venido
este huésped que no conozco?

 

Cotidiana

La hermana pasa lentamente la escoba sobre el pequeño tumulto
de las hormigas
y no cesa de asombrarse de lo rápidas que acudieron
al saltamontes inesperadamente caído del techo
—Parece que supieran —dice

Cuánta minúscula y moviente voracidad sobre el cuerpo muerto
Cuánto vértigo de pinzas trincando, desgarrando, cargando
victoriosamente el animalejo

Algo las llama —insiste sabiamente la hermana

Yo nada digo
Yo aparto los pies y dejo barrer
mientras miro la desorientación de las hormigas
que ahora no parecen saber tanto

 

La cena meritoria

a Nelson Romero Guzmán

El día del juicio
comparecerán todos con sus escudillas
reclamando la porción de la cena que les ha sido prometida

Incluso los injustos
Que somos todos

Incluso los animales
Ellos que siempre fueron la cena

Acaso la infinita Misericordia
decida en ese momento darle al cervatillo la parte del león
Crear una forma meritoria del infierno
donde por el resto de la eternidad se invierta la etiqueta
y los comensales pasen a ocupar el centro de la mesa
el privilegiado lugar de los comidos

He aquí la justa furia del cordero

 

Poema de las pertenencias

A la hermana pertenecía el lado izquierdo
de la casa
Y las piedras pulidas que parecen soles
También eran suyos el color amarillo
Y la palabra alamud pronunciada suavemente,
los botones en forma de pequeños emperadores,
el santo y seña para entrar y salir de los espejos
(una vez quedó aprisionada en el espejo de la sala
y debió revelarme su secreto)
Eran míos
el fulgor de las nubes que anuncian la lluvia,
el juego de la peregrina, el palo yaya, las telas
crujientes como las alas de las grandes moscas,
la mitad de la palabra para abrir el día…
La otra mitad era de la hermana
Subíamos a la ventana bajo los trompeteros
y repetíamos: sayana, sayana
y la luz se asomaba como doblando una esquina
del mundo
A veces no despertábamos y desde el sueño
soñábamos sayana
Era entonces más brillante el cielo
Nunca nos preguntamos
a quién pertenecían los dados cargados
del tiempo

De la dificultad para atrapar una mosca

 

La dificultad para atrapar una mosca
radica en la compleja composición de su ojo

Es el más parecido al ojo de Dios

A través de una red de ocelos diminutos
puede observarte desde todos los ángulos
siempre dispuesta al vuelo

Parece ser que el gran ojo de la mosca
no distingue entre los colores

Probablemente tampoco distinga entre tú
que intentas atraparla y los restos descompuestos en que se posa