Poeta, periodista y diplomático mexicano nacido en Ciudad de México en 1871.  Desde muy joven incursionó en el campo poético. A los diecinueve años viajó a Japón y posteriormente a Paris, países que influyeron notablemente en la calidad de su poesía. En sus escritos hizo uso indiscriminado de metáforas, como luego lo harían los ultraístas. Además escribió caligramas al mismo tiempo que Guillaume Apollinaire. «Florilegio» en 1898, «Al sol y bajo la luna» en 1918, «Poemas sintéticos» en 1919, «Li-Po y otros poemas» en 1920  y «El jarro de flores» en 1922, forman parte de su importante obra. Falleció en Nueva York en 1945.

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ONIX

Torvo fraile del templo solitario

que al fulgor de nocturno lampadario

o a la pálida luz de las auroras

desgranas de tus culpas el rosario…

¡Yo quisiera llorar como tú lloras!

Porque la fe en mi pecho solitario

se extinguió como el turbio lampadario

entre la roja luz de las auroras,

y mi vida es un fúnebre rosario

más triste que las lágrimas que lloras.

Casto amador de pálida hermosura

o torpe amante de sensual impura

que vas, novio feliz o esclavo ciego,

llena el alma de amor o de amargura . . .

¡Yo quisiera abrasarme con tu fuego!

Porque no me seduce la hermosura,

ni el casto amor ni la pasión impura;

porque en mi corazón dormido y ciego,

ha pasado un gran soplo de amargura.

que también pudo ser lluvia de fuego.

¡Oh guerrero de lírica memoria

que al asir el laurel de la victoria,

caíste en tierra con el pecho abierto

para vivir la vida de la gloria . .

¡Yo quisiera morir como tú has muerto!

Porque al templo sin luz de mi memoria,

sus escudos triunfales la victoria

no ha llegado a colgar, porque no ha abierto

el relámpago de oro de la gloria

mi corazón oscurecido y muerto.

Fraile, amante, guerrero, yo quisiera

saber qué oscuro advenimiento espera

el anhelo infinito de mi alma

si de mi vida en la tediosa calma

no hay un dios, ni un amor, ni una bandera.

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Las prostitutas…

Las prostitutas

Ángeles de la Guarda

de las tímidas vírgenes;

ellas detienen la embestida

de los demonios y sobre el burdel

se levantan las casas de cristal

donde sueñan las niñas…

De la época moderna 1919 – 1945

Agua fuerte

Pasas trotando como si huyeras
y se diría
que antros de vicio buscando fueras
con las pupilas ardiendo al día
entre la sombra de las ojeras…

Tu cuerpo trémulo se arrebuja
con turbadores gestos de vicio,
y vas furtiva como una bruja
bajo las iras del Santo Oficio.

Bajo el arco de los tacones
de tus empinados chapines,
corren los ríos de ilusiones
de tus amantes malandrines.

Cubres tu frente con el mantón
y macerada por el pecado
a las campanas de la oración
tiemblas; el cierzo te ha flagelado
con anatemas de Inquisición…

La brasa de los besos
chirría en tu saliva
y las ojeras de los excesos
orlan tu carne de siempreviva.

De adobos brujos tus carnes untas
y en fiel consorcio con tu lesbiana,
sobre una escoba las piernas juntas
vuelas a un sabat de mariguana…

En tus ojos alucinados
por espejismos de vicio,
queman los siete pecados
raros fuegos de artificio.

En tu regazo tienes al diablo,
bajo tus faldas arde la hoguera;
hace tres siglos tu sino fuera,
letra y efigie de algún retablo,
morir quemada por hechicera. .

Cuando al toque de oración
flotando en negro mantón
en la penumbra apareces
y tus miradas destellas

un murciélago pareces
clavado con dos estrellas.

 

De la época moderna 1919 – 1945

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En el parque

Un último sonrojo murió sobre tu frente…

Caíste sobre el césped; la tarde sucumbía,

Venus en el brumoso confín aparecía

y rimando tus ansias sollozaba la fuente.

¿Viste acaso aquel lirio y cómo deshacía

una a una sus hojas en la turbia corriente,

cuando al eco obstinado de mi súplica ardiente

respondiste anegando tu mirada en la mía?

Ya en la actitud rendida que la caricia invoca,

en la grama tendiste tus blancos brazos flojos

rendida ante los ruegos de mi palabra loca.

Y yo sobre tu cuerpo cayendo al fin de hinojos,

miré todas las rosas sangrando entre tu boca

¡y todas las estrellas bajando hasta tus ojos!

De poemas de juventud 1892 – 1900

 

Misa negra

¡Noche de sábado! Callada
está la tierra y negro el cielo;
late en mi pecho una balada
de doloroso ritornelo

El corazón desangra herido
bajo el cilicio de las penas
y corre el plomo derretido
de la neurosis en mis venas

¡Amada ven!…¡Dale a mi frente
el edredón de tu regazo
y a mi locura dulcemente,
lleva a la cárcel de tu abrazo!

¡Noche de sábado! En tu alcoba
hay perfume de incensario,
el oro brilla y la caoba
tiene penumbras de sagrario.

Y allá en el lecho do reposa
tu cuerpo blanco, reverbera
como custodia esplendorosa
tu desatada cabellera.

Toma el aspecto triste y frío
de la enlutada religiosa
y con el traje más sombrío
viste tu carne voluptuosa.

Con el murmullo de los rezos
quiero la voz de tu ternura,
y con el óleo de mis besos
ungir de diosa tu hermosura.

Quiero cambiar el grito ardiente
de mis estrofas de otros días,
por la salmodia reverente
de las unciosas letanías;

quiero en las gradas de tu lecho
doblar temblando la rodilla
y hacer del ara de tu lecho
y de tu alcoba la capilla…

Y celebrar ferviente y mudo,
sobre tu cuerpo seductor,
lleno de esencias y desnudo
¡la Misa Negra de mi amor!

De la época media 1901 – 1918