Juan Alberto Rivera Gallego. Actual editor general de El Diario de Pereira desde hace 20 años y director de la revista literaria Las Artes desde hace 16 años. Fue periodista en el diario La Patria, de Manizales, y de El Diario de Colombia en Armenia. Editor de las ediciones especiales de El Diario del Otún con ocasión de los 25 y 30 años de fundación de este medio y el especial de los 150 años de la ciudad. Miembro de la Academia Caldense de Historia. Finalista en dos ocasiones del premio de periodismo “San Gabriel Arcángel” de la Diócesis de Pereira. Mención de honor IV concurso literario bonaventuriano de poesía y cuento. Participante en varios encuentros literarios de orden nacional e internacional y ha realizado publicaciones de sus trabajos literarios en diferentes revistas del país. Sus trabajos hacen parte de varias antologías de poesía a nivel latinoamericano. Prologuista de varias obras de escritores de Risaralda y Caldas. Nació en Belalcázar, Caldas, en 1964. Obra poética publicada: Conversaciones con la soledad, Territorio de mi voz, Casa de Fantasmas, Instantes en la urbe, Exhumaciones. Otros: Hitos del Siglo XX en Risaralda (Historia). Presentamos una selección de poemas de su libro inédito Meteorología.

Desde la sombra
veo el sol
que se sofoca
-no hay piel tuya
bajo sus ansias-
Hoy no saldrás
a la ventana
el aguacero vespertino
vendrá otra vez
con su vestido frío
a pasar
la tarde
contigo
***
La hoja
que cae
de tu cuerpo
abandonada
es la señal
Hoy no habrá
lluvia ni sol
apenas tú
el clima anhelado
***
El ojo del día
avizora
que la lluvia
por fin
trae completo
tu cuerpo
Así que
en la tarde
no habrá
paraguas
***
Llovió frugalmente
en la ciudad
y no sé a dónde
fue a parar
el agua sin memoria
sin al menos
un recuerdo de ti
***
No llueve
en medio del invierno
pero llovizna el sol
Acosa y predice
que las nubes
-de fiesta
en el huracán
de anoche-
no vendrán hoy
a besar los paraguas
***
Bajo este sol
te veo apresurada
en llamas
y el agua
de mi cuerpo
se congela
***
Todos salieron a mirar
el galeón encallado
en el hierro
de la urbe
a ver si mis lágrimas
subían la marea.
Hoy los escombros
se han convertido
en breves hogueras
Lámparas infames
con que el día
celebra mi derrota.


