Giorgos Seferis poeta, ensayista, diplomático y traductor griego nacido
en Esmirna (Turquía), en 1900; falleció en 1971. Obtuvo el premio Nobel de Literatura en 1963 y el doctorado Honoris Causa por las universidades de  Cambridge, Oxford, Salonika y Princeton. Entre su obra poética resalta El momento crucial; La cisterna; El rey de Asine;Poiímata; Delphi.

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Negación

En la playa escondida
y blanca como paloma
tuvimos sed un mediodía
pero el agua era salada.

En la arena dorada
escribimos su nombre;
suave sopló la brisa
y la letra se borró.

Con qué coraje, con qué aliento,
con qué deseos y pasión
tomamos nuestra vida: ¡qué error!
y la vida tuvimos que cambiar.

 

Me pesa


Me pesa que he dejado que se me fuera de los dedos un ancho
río
sin haber bebido ni una gota.
Ahora me hundo en la piedra.
Un pequeño pino sobre la tierra roja,
no tengo más compañía.
Cuanto amé se ha perdido con las casas
que eran nuevas el pasado verano
y se derrumbaron con el viento de otoño.
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Stratis el marino describe a un hombre

Pero ¿qué tiene este hombre?
Toda la tarde (ayer, anteayer y hoy) está sentado con los ojos
clavados en el fuego;
esta tarde conmigo ha tropezado al bajar la escalera
y me ha dicho:
“El cuerpo muere, el agua se enturbia, el alma
vacila
y el viento olvida; todo olvida
pero el fuego no cambia
Me ha dicho también :
‘”Sabe, amo a una mujer que se fue tal vez al otro mundo; no es
esto lo que me hace parecer tan desolado,
trato de sostenerme en una llama,
porque no cambia”.
Después me contó la historia de su vida.

Anhelo

Sin color, sin cuerpo
este cariño que vaga
disperso, apiñado,
una y otra vez disperso,
palpita sin embargo
en el bocado de la manzana,
en la incisión del higo,
en una cereza grana,
en el grano de un racimo.
Tanta Afrodita difusa por el aire
dará sed y palidez
a una boca y a otra boca
sin color, sin cuerpo.

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Balance

He viajado, me he cansado y escrito poco
pero pensé mucho en el regreso, cuarenta años.
El hombre en todas las edades es un niño:
la ternura y la brutalidad de la cuna;
a lo demás le pone límite la mar, como a la orilla,
a nuestro abrazo y al eco de nuestra voz