Poemas inéditos de Omar García Ramírez, artista y poeta quindiano que tiene un largo historial en el escenario cultural de la región. Estos poemas pertenecen a un libro en preparación que el autor espera presentar muy pronto. Entre sus libros de poemas ya publicados están: Sobre el jardín de las delicias y otros textos terrenales (1993), Urbana geografía fraterna (1998), La balsa de la medusa y otros poemas (2008). También ha incursionado en la novela. Mantiene su blog Grimorio de las Musas.

 

 

 

 

 

EXTRAÑA Y LEJANA MUJER BAJO LAS SIGLAS

 

Ella había sido militante insigne de la alegre cofradía de los L.G.T.B.

Luego de haber abandonado algunos postulados

y de perder entusiasmo por algunas prácticas heterodoxas…

Se adhirió las filas más radicales de los B.D.S.M.

Por aquel tiempo, ostentaba con orgullo los estigmas del cuero;

laceraciones de sumisión, control y fuerza.

 

Después, se había concientizado durante una crisis

/y pasó a considerar los postulados del F.M.T.Z.

 

Fue camarógrafa en la B.B.C. por un tiempo de exilio en Londres

a donde había llegado después de 5 lustros de activismo.

Esto no es Londres; esto es Londonisthan” me había escrito en una postal.

 

Recorrió mundo durmiendo en hostales de Y.M.C.A.

Estuvo con los M.S.F. y luego con los X.W.T.

Los postulados de los P.T.R. le habían llamado la atención, y por un tiempo, enarboló sus banderas, pero después de un cisma terminó como diputada de los G.P.A.

Mostró sus hermosos senos de guerrera griega con los de la A.W.F.

Las nobles causas por los animales siempre le apasionaron y se entregó con alegría.

Descubrió su pecho salpicado en agua de narval bajo las tormentas árticas, cuando atacó balleneros con los piratas de la Green-Peace (mostraba con orgullo de veterana de guerra, una cicatriz; tatuaje de su época como corsaria verde).

 

Coqueteó con el arte, y en algún momento me propuso adoptar algunos postulados de la estética relacional (yo mantuve distancia escéptica frente estas vertientes postmodernas, ya que todo mi arte se reduce a buscar un camino de salida; una retirada honorable del mundo ruidoso; y sin ser misántropo, la masa culterana –algunas veces–, me parece una jauría enceguecida bajo el ruido dorado del poder).

 

Pasó a trabajar con una O.N.G. y viajó millas y kilómetros; cruzó fronteras y países por cuenta de una pequeña oficina burocrática de la O.N.U.

Luego, parece ser que se detuvo…

 

Había dado demasiadas vueltas alrededor de las ideas, las consignas y las siglas.

Había desgastado su fuerza contra el fragor de la vida.

 

Hacía tiempo no sabía nada de ella.

En mi buzón de E-mail apareció un nuevo correo.

 

Dice que está haciendo labor humanitaria con los de la W.P.S.

No sé qué significan esas siglas; yo me imagino que la señal de un camino sin destino…

Un barco sin puerto de llegada.

Peregrinaje hacia las fronteras de un sueño

que reposa en un templo de piedra, como una reliquia del pasado.

 

Un amigo en común, le dio a la “W” inglesa el significado de una palabra más dura;  creo que en este momento milita en una nueva y oscura sigla, bajo cielos quebrados por el ruido. Las señales son inequívocas; la piel de la fotografía adjunta, refleja una pizarra gris, sobre la que se ha garabateado mucho tiempo con una tiza quebradiza.

 

La veo transitar bajo la soledad de una ciudad distante y extraña.

Ciudad que en el invierno puede ser muy fría y cruda;

ella, llevando a cuestas una vida marcada por los signos ambiguos del amor;

ideales de un fuego secreto que nunca acaba de consumirse.

Militante de un sueño total en los linderos de una pesadilla.

 

Dicen que la acompaña en las noches un artista bohemio y gamberro;

que toman su dosis de M.F.T.P. mientras que

detrás de las ventanas de un hotel de la Gran Vía

las luces destilan un líquido de ámbares y verdes asmáticos.

 

Más allá de los anuncios publicitarios, los macro-bites de rubíes intermitentes

y las luces de neón que conforman el paisaje global del comercio y el capital…

 

Tiemblan, palpitan, las estrellas del norte.

TODOS VEN EL FÚTBOL…

 

 

Todos ven el fútbol…

La invasión de un espectáculo

donde se asiste al brillo de una estrella por diez segundos

y se espera una eternidad, entre la expectativa y el aburrimiento.

El árbitro pita…

Los tipos se estiran de plancha sobre el césped…

Alguien arriesga, toma la iniciativa y trata de pergeñar una jugada maravillosa…

Pero, a pocos metros del arco, un codazo y una patada desbaratan la magia.

No aguantan mucho estos señores…

(En un juego ritual de Pok ta pok con los Olmecas, habrían perdido algo más que la cabeza. Deberían ver un partido de rugby con algunos guerreros maorís, para que supieran lo que en verdad representa el dolor…).

 

Yo…

Desnudo sobre un sillón de terciopelo negro….

Espero el beso de la Nina.

 

El beso de la Nina es lento y acaramelado; almibarada gelatina de frambuesa.

Helado copo de algodón; alimento ritual de alpinista solitario.

Gruta lluviosa en mi expedición de espeleólogo.

Mi pálido estertor, mi lento abatimiento.

Respiración entrecortada bajo el liviano peso de su cuerpo.

La flauta de luna se estiliza en el silencio para alcanzar su más alta melodía…

 

Todo ven las olimpiadas…

Jockey sobre el hielo…

La ruta ciclística de Francia…

Yo respiro y me caliento en la gimnasia de la aurora.

Empuño mi florete y arremeto en una danza cortesana.

Esgrima de la flor más purpurina, galope y vals de primavera…

Equitación aureolada en destellos solares, sobre mi potra encabritada.

 

No quiero escuchar las hordas victoriosas;

carnavaleros deportivos; borrachos en la efímera gloria

perdedores en rebaño, melancolía de las derrotas…

Pequeños gorrones de la ira, atrapa-pelotas, pateadores de canillas.

Hooligans de la masa enardecida, rebaño colorido de las bravas barras.

La grasa y la cerveza, los himnos guturales…

Medallistas de la histeria, bajo el control de los señores de la publicidad.

 

Yo…

No asisto a los estadios.

He decidido entregarme

a los olímpicos escarceos de la puna andina, sobre mi cobija de lana alpaca.

El galope índico con mi Devi Sakti.

Lucha grecorromana con mi amada sobre la lona blanca del amanecer.

Y respiro el día, que poco a poco, se torna lluvia o ruido…

Gracejo in crescendo de calles y tabernas.

 

No sé qué celebran ahora…

Caminamos en medio de la turba.

Altos y nimbados por una ligera ebriedad de humo verde; nuestras melenas negras mojadas bajo la constelación de sagitario.

Beduinos cetrinos, bajo sombras dibujadas por el sol de las calles encendidas…

O…encandilados en la noche de los ángeles fugados.

Pálidos, livianos…Ojos rayados;

tibetanos y orientales…inmersos en un lago de purpura profunda.

Bereberes tostados por el viento, mostramos los colmillos de la risa

ataviados de caftanes negros

                                                                    que se recortan contra las dunas del sueño.

 

Ese triunfo del que hablamos… está más allá de la gloria y de la muerte.

 

Todos ven el futbol.

 

Saltimbanquis mecánicos con trompetitas de plástico…

Balompié para las hordas de los espantos ruidosos.

Sombras epilépticas, proyectadas sobre grietas de piedra en las cavernas.

 

Los críticos deportivos de salón, armarán su equipo ideal….

En los diarios, diseñarán una jugada de fantasía frente al pórtico de papel…

Condenarán al atleta lisiado…

Levantarán un pedestal para el legionario que hace méritos en canchas extranjeras

Después… lo crucificarán, le partirán las piernas.

 

(La historia del futbol la conforman treinta cosas memorables…

Cuarenta instantes de iluminados e inspirados…

Sesenta caligramas blancos sobre una pantalla verde…

A lo sumo, 100 poemas de coraje, inteligencia, resistencia y velocidad.

Sobre un siglo de sangre, sudor, patadas y aburrimiento…

No mucha cosa, desde que se inventó esta ceremonia balompédica).

 

¿Cuánto tiempo ha transcurrido  para esto?…

Doscientos setenta millones

que conforman la torcida universal, siguen enganchados.

Espero sinceramente… Nos los defrauden.

Mientras tanto, sigan posando sus gordos traseros porcinos del lúpulo

sobre barras de tabernas ruidosas, mientras afuera, pasa la vida;

y el tiempo… pasa de todo…

 

Nosotros…

Ingeniamos un vuelo de amantes que cruza el arcoíris.

Dribleamos sobre el viento…

Surfeamos sobre olas de luz con reflejos de espaldas solares…

Duendes de invierno; risas bajo cero; esquiamos bajo los pinos del silencio.

 

Nosotros…

Estamos alcanzando una marca más lenta en cuarentena…

Seis yardas más profundas; apneas contenidas bajo piscinas de azures oleosos…

12 metros más en las fronteras de la risa; tambor que pone a límite el corazón del fuego…

24 asanas de yoga en Sutra del cordón dorado

                              encendidos por flamígeras grenchas de la verde María.

48 keshari mudras con lengua de colibrí sobre el campo erótico del chakra Muladhara

60 golpes de Taichí, sobre la gruta barroca del jardín perfumado…

 

Poemas gimnásticos de un antiguo libro de piedra

cubierto por líquenes y enredaderas en las selvas del Indostán.

 

En el verano frente al mar…

Tensamos el arco; apuntamos contra el escudo dorado; damos en el blanco.

Como pareja de jóvenes antiguos en la isla

que golpeada por el sol, molió las playas; tejió su áureo vellocino.

Contenemos la respiración, soltamos los diques de los ríos interiores…

Oleaje sereno después de la tormenta.

Y esperamos…

A que se fundan las preseas de oro en las huellas de la arena.

 

Ya batimos todos los récords.

Tenemos las heridas del esfuerzo grabadas en la piel

maceradas con semillas, aceite y lodo…

Y en nuestras frentes relucientes…

las coronas de laurel espigan victoriosas con el viento.

Ilustracion / Juan Andrés Urueña Suárez

 

GATO ENTRE PALABRAS DE CRISTAL

 

Como viejo gato entre palabras de cristal

procuro no romper la estantería.

Mis contorciones refinadas tienen la delicadeza de una antigua raza de felinos.

Giro en las esquinas para no derribar un signo, un punto, una declinación semántica.

Intento, no cruzar los límites previstos para el ejercicio de la contemplación y la pereza.

Aprecio mi reflejo en los cristales ambarinos

en los opalescentes púrpuras, en los lisérgicos violetas.

Procuro mantenerme alejado de las botellas que contienen

perfumes fuertes y licores exquisitos.

(No vaya a ser que pierda agilidad y compostura).

Me deslizo en cuerpo sostenido y músculo despierto

sobre la tabula rasa del espacio fragmentado que se dobla como una servilleta en origami.

Y es mi poema, un rastro luminoso… recorrido silencioso sin maullido;

Traslúcida joyería; ligera lluvia de pétalos de oro entre las palabras.

Algo que enciende los átomos del silencio…

Que mantiene viva la llama del fuego y de la fiera.

Ilustración / Benjamin Lacombe

SPAGHETTI WESTERN POEM

 

Un poeta curtido, que pareciera andar de chaqueta negra por los territorios del idioma. Un poeta veterano, que a veces se dejaba la melena sobre una vieja motocicleta y calzaba sus botas sobre la autopista de los “easy riders”. Un poeta que ya no acudía con mucha euforia a la rockola de las bandas pesadas, pero que de vez en cuando, cantaba alto. Un poeta que se había hecho un poco campesino, un poco ermitaño… con su whisky apoyado en la barra de la taberna…

 

 Dijo:

 

En mi corazón ya resonó el concierto de la vida entero, cuando se danzaba duro al centro del ruido y del silencio. En mi antología personal ya escuché el canto los inmortales.

Son lustros, recuérdenlo jóvenes; son décadas, recuérdenlo señores.

 

Y entrando en la frontera, como en una película de colores patinados en sepia, agregó:

 

Un poeta veterano no requiere batirse en duelo con el necio de palabra ruda, ya que, como viejo vaquero, calla desde la esquina y sabe soltar en cadencia de verso libre, la respuesta al desafío cuando se le reta.

Sin perder el ritmo, sin faltarle a la etiqueta de la forma.

Un poeta curtido bajo el sol de la libertad, entre el ruido del asfalto, en llanuras y en estepas; sabe que en ese territorio limítrofe del idioma, se puede encontrar en un callejón ruidoso y peligroso; en la cantina de las cartas cruzadas;

enfrentado un duelo contra del sheriff, o el joven forajido.

A su manera, se ha forjado una reputación. No tiene que probar nada.

Pero…

Mantendrá su estilo, afinará la capa, el paso; su sombra bajo el sol inclemente del condado.

Tendrá su mano caliente sobre la madera rayada del poema.

Y estará atento a cualquier ruido.

No vaya a ser que caiga perforado sin haber alcanzado a responder.

No vaya a ser que haya perdido los reflejos.

No vaya a ser que su cerebro se haya secado y que las flores negras y los cardos del desierto florezcan sobre su sombrero agujereado y enlodado, arrastrado por un viento seco hacia el fondo del escenario.

(La música de Ennio Morricone se escuchará, melodía de violines quemados sobre la sierra;

pentagrama de bolas de paja, que ruedan entre huesos de rumiantes secos sobre las vías férreas).

 

No vaya a ser que al girar, y como en un spaghetti western del gran Sergio Leone; le caiga toda la liviana artillería de los viejos y los jóvenes; los blancos y los negros, desde los techos de zinc y los balcones de madera…  Fusilería de quienes estaban atentos a su figura un poco pesada y golpeada por el dolor de espalda; su artritis incipiente, la progresiva falta de visión, el tic nervioso de su mano izquierda.

Su oscura lejanía, su regreso equívoco de la legión extranjera.

Ya se sabe, hay colonos que cuidan de estas regiones.

Funcionarios y jueces; alguaciles, banqueros y tenderos.

Y están bien acomodados y armados detrás de las ventanas

donde el sol golpea…

luz de cobre ligero y oliváceo que llena de arena la piel de la tarde…

La impregna con olor a pólvora, aceite lubricante de metal y sangre seca…

 

Por último;

escuchará atento el silencio del tercer acto…

Cuando se alarga rápida su sombra de antihéroe

mientras se cubre de nubes negras y estallidos rojos

el escenario de la tragedia.