
Por: Yanoad Flórez
Tú, eres el viento
mi viento
el que pasa sin volver
el que al entrar por la salida
divaga en mi válvula tricúspide.
Fuiste el viento que esculpió el dolor que sollozaba,
el que solía observar mi rostro mojado.
Te respiré sin sosiego ni calma,
y hasta dejé que el viento que te trajo te llevara…

Venganza
Lanza tus puñaladas a mi vientre,
Y desgarra todas mis entrañas,
Toca
la sangre que hierve,
Seduce el sollozo que sonríe a mi venganza,
La tuya, la mía,
La de tus dientes en mi cuerpo que destrozan mi pasado,
la de tu lengua que dibuja mi figura;
Siento cómo inquietas y
maltratas
esa llaga supurante,
Triste y solitaria.
Furtivo
Sus manos rozan mi vientre.
Dos labios en uno;
Tu lengua tergiversada con la mía,
Mis papilas dibujan tu hélix
Tu boca baja por mi cuello y,
Al compás tus dedos por mis piernas.
Las figuras grabadas en tu piel me saben a mar.
Respiro agitada;
Tú te excitas,
Yo me excito.
Labios que palpan mi ombligo,
Mis curvaturas laterales;
Subes hasta hacer fricción en mis pezones,
Tu miembro busca mi matriz; oscilas el cuerpo.
Tu caja torácica junto a la mía.
Despojas mi túnica,
las bragas
Y, por último
Tus suaves manos quitan mi sostén.
Inquieto, encuentras mi talón de Aquiles
y ya en mundos superiores
penetras lentamente tu órgano
viril;
estremecido sujetas el borde de la cama.
Movimiento uniforme acelerado y rectilíneo,
Posición profunda:
Mis piernas en tus hombros;
Gemidos de deseos.
Posición Andrómaca.
Vibras cuando muevo mis caderas.
Aumento la velocidad;
Yo sudo,
Tú sudas.
Y así, exhausto,
tu cuerpo se desploma en mi figura.

Limpia vidrios
Pies descalzos de ternura
Dolorosas oquedades;
Negros sus dedos
Manos de color esponja.
El sollozo está en su alma;
Su casa, las calles.
Inocente amargura lo acoge.
Pintado su rostro de sonrisas
Las que no afligen a su gente.
Cortos semáforos, son su sustento,
Sus obras de arte
En los corredizos vidrios que al
Empezar su obra se ponen en movimiento.
Es él, un niño de la calle.


