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Poeta colombiano nominado al Nobel

Óscar Flórez Támara (Chochó, Sucre, 1957). Secundaria en Sincelejo, donde fue lotero y presidente de su sindicato; derecho en la Universidad San Simón de Barranquilla, en la cual es presidente de su biblioteca de humanidades. Ha fundado varias publicaciones y ha sido distinguido en concursos de poesía.
Libros: |Entre el tiempo y la sonrisa (1983); |En la soledad mis ojos (1984); |En los estambres de la aurora; Canto para todos (1988); |Flor de cactus y uno de ensayos: |Parábolas de la ironía. Fue postulado al Premio Nobel de Literatura, por el IWA -la Asociación Internacional de Escritores y Artistas-.

www.elmeridianosucre.com.co
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Somos únicos y auténticos 

A: Alex Támara Garay

Uno todo se lleva.

Se van los sueños.

Los gestos son propios y de cada quien.

Nos llevamos las palabras

porque son nuestras.

Uno es único,

pero con uno se va parte del universo.

Nada es el universo que no sea uno.

Uno todo se lleva.

Solo las ideas y el arte patalean

de manera extraña cuando uno parte.

Uno todo se lleva,

por ser irrepetible y auténtico,

un sueño atrevido de la vida,

porque cada día es único de quien lo vive.

Con cada quien se van los años

de la humana especie a la que pertenecemos.

La infidelidad del ser humano

A: María Magdalena

Quien se entrega al instante de la vida,

con la diversidad de brazos y de pechos

y alza las palabras en préstamos de voces pasajeras,

no es infiel.

Infiel es quien practica la indiferencia

sabiendo que hace daño,

quien desplaza el saludo de sus manos

con gestos practicados en el vacío de la conciencia,

quien tuerce el destino de la aurora

en la inocencia de la flor.

Quien naufraga la decencia

y no detiene el odio que lo mueve

es infiel al destino del humano.

Secreta agonía

Dentro de estas calles se escurre

una secreta agonía.

Venida de otras generaciones tranquilas,

de otras tempestades inquietas.

Y somos los ríos que crecen con los años,

devorándolo todo, consumiéndolo siempre.

Decir que el amor se repite es infame,

vieja piel deshojada y cifrada en la tarde,

en el cielo manso,

en la lluvia que no cesa y se derrama.

Esta agonía es un secreto de cada quien,

del que se diluye en su propia carne,

y de la calle que nos devora con su boca oxidada.

Verme perdido es apenas una razón justificada

de un tiempo que pesa entre los dientes.

 

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 De ti no me queda más que este corazón

desplazado y expuesto a la vigilia de las noches.

Estallado en mil pedazos

me resisto a la amargura del olvido.

Más allá de la sangre, del sueño y el dolor

este amor no aprendió a olvidarte.

Y si te olvida sabré lo que he perdido,

si es que olvidarte es condición de haberte amado.

En ti se encrespan la aurora y mi agonía,

porque te amo más allá de tu propio amor.

Y no es para menos estar hecho pedazos

sin arrepentimiento,

mientras mi corazón se resiste a la locura.

 

Escalando el peldaño de sus senos,

en la misma altura del vacío

me precipito en nada y para nada.

Algo llevas de mí que yo lo siento.

Idénticas heridas pasan por mi piel

que atraviesan el pecho sin tu abrigo.

Brota embravecido un amanecer que me marca

desde el pequeño mundo de tus sueños.

La existencia de tu luz es mi sombra,

que proyectada en el camino

guarda las piedras que construyeron la escalera.

Me precipito en nada y para nada

en enloquecida curva de esta cruz.