Grupo abierto de personas que desarrolla proyectos de apoyo y ayuda a pueblos que están en situación de peligro. Nace en 2006 con un proyecto en los campamentos de refugiados Saharauis en Tinduf, en el territorio argelino y continúa su trabajo desde Madrid para evitar que la grave situación en la que se encuentran caiga en el olvido.

Un poema de la Generación de la Amistad Saharaui

 
14 de Noviembre
Una fecha al azar,
Una mancha de pluma,
Inmisericorde,
Para la eternidad.Alguien irrumpió
En esta tierra
Para cazar falenas
Para destruir la semilla
De los nidos en peregrinación.

Basta!, porque hay
un anhelo que ya no espera más.

Porque aunque se han secado
Las fuentes de la húmeda paciencia
Aún nos queda una gota de rabia
Quemándonos las gargantas.

Existimos traduciendo el jeroglífico de las eternas inclemencias.
Existimos con empírica constancia y calendario.
Existimos cabalgando sobre la grupa del tiempo.
Existimos contra los pronósticos.
Simplemente, existimos.

No quiero alimentar el perpetuo mañana
Con la rutina de hoy,
Ni abrir con la misma llave
La misma puerta de este calendario.

Pobre de mí,
Que no lloro ni me enfado.
Resecado del bullicio ajeno
He perdido la noción del tiempo

 
 
 

La pasión de los olvidados

 
Las paredes de adobe se reflejan
en la inmensidad del desierto.
Ellas cubren y guardan por mucho tiempo
el deseo reprimido de los muertos y vivos.
Se alzan en la memoria de los olvidados
que se enfilan hacia la razón,
en el tren de cada vuelta que da la vida.
Huelen con pasión el perfume
del último vaso de agua.
Buscan en el brillo de cada estrella
el inicio y el fin de cada esperanza.
 
 
 

Nuestras tierras

 

Las tierras son del pueblo que las mantiene, no del que las invade.
Las tierras son de aquel que lucha por defenderlas, y no del que intenta poseerlas.
Las tierras son de quien las cuida, y no de quien las explota.
Las tierras son del maltratado, y no del que maltrata.
Las tierras son de esa gente que tanto las ama. No son de ese verdugo que las mata.
Las tierras no son de quien las controla. Las tierras son de aquellos que las añoran.

Las tierras son sólo tu excusa para enriquecerte. Pero esas tierras son, para nosotros, el único motivo para querer vencerte.
Las tierras te valen para crecer, pero a nosotros, en cambio, nos llevan a renacer.
Las tierras te sirven para destrozar miles de corazones pero, a nosotros, nos sirven para compartir millones de ilusiones.

Las tierras son tu símbolo de crueldad. Pero para nosotros, aunque te enerve, simbolizan la más pura libertad.

 

 

 

Ya no tienes país

 
Imagina que un día te despiertas y no tienes país. Imagina que a partir de ese momento vives 32 años en un campamento de refugiados en Argelia, en pleno desierto del Sahara, soportando temperaturas de 50 grados, con escasa agua y alimento insuficiente. Imagina que eres del Sahara Occidental.

Imagina que tu país, rico en fosfato y enclaves de pesca, es primero colonizado por España y luego invadido, a sangre y fuego, por Marruecos. Imagina que el invasor ocupa tu territorio e impone un programa de repoblación que insta a los marroquíes a instalarse donde antes está tu casa.

Imagina que resistes en el territorio ocupado. Imagina que pierdes el miedo y sales a la calle a exigir tu libertad. Imagina que tú y tus hermanos son torturados, encarcelados, desaparecidos. Imagina que no te doblegas y continúas ondeando la bandera de tu pueblo, cuidando de conectarla al cableado eléctrico, para que si alguien osa quitarla al menos se lleve un
susto.

Imagina que eres uno de los 200 mil saharauis que sobreviven en uno de los cuatro campamentos de refugiados que se extienden en la hammada de Tinduf, en el desierto de Argelia, en la nada, donde sólo crecen las piedras y el verde sólo se vislumbra en pequeños oasis que dan un respiro. Imagina que tu casa es una carpa con decenas de parches o una pequeña casita de adobe que siempre, esperas, será un tránsito.

Imagina que ahí, en el refugio, construyes resistencia y no te quedas inmóvil. Imagina que levantas escuelas, hospitales, talleres de artesanía y medios de comunicación. Imagina que tienes una radio que cubre todos los campamentos y la zona ocupada por Marruecos, y que ya tiene una televisión desde hace un año. Imagina que estudias y te preparas para servir a tu pueblo aunque, es cierto, más de una vez te desesperas y te sientes cansado.

Imagina que eres mujer, que eres saharaui y musulmana. Imagina que tu fortaleza es ejemplo, que luchas por la igualdad entre hombres y mujeres en una sociedad estereotipada por lo contrario. Imagina que en tu pueblo, culturalmente, no hay violencia contra la mujer. Imagina que la responsabilidad de la vida en el campamento de refugiados cae sobre tus hombros, que todos los días te levantas a hacer pan, sales a estudiar a países solidarios con tu causa, que tu vida, en la resistencia, cambia tu destino.

Imagina que vives en la zona liberada, en un pedazo de tierra que defiende tu gobierno, en la verdadera República Saharaui. Imagina que Marruecos ha construido un muro para separarte del resto de tu territorio y que esta pared mide 60 veces más que el muro de Berlín. Imagina el muro minado de principio a fin y que un día que sales a pastorear tus cabras una mina te estalla. Imagina que hoy convaleces en el centro de víctimas de la guerra y las minas Mártir Chérief, un hospital semidestruido por las lluvias del año pasado.

Imagina que esta semana una pantalla gigante e inaudita se apareció en el desierto. Imagina que llegó un festival de cine a aliviarte y a decirte que no estás sólo, aunque la ONU te dé la espalda.