Nació en Cali, en 1926, el mismo año que Fidel Castro y la reina Isabel. Estudió en los Estados Unidos, donde tuvo vinculación con los beatniks. Miembro fundador de movimiento nadaísta. Dirigió los tres últimos Festivales de Vanguardia en Cali. En 1962, luego de ser iniciado en Tumaco por el poeta norteamericano Gary Snyder, formuló el Nadaísmo-Zen (N-Z). En 1966 ganó el Premio Nadaísmo de Novela con Islanada. Publicó posteriormente su libro de cuentos El universo humano (Zahamaia Ediciones)y en 2013 su novela El cielo de Paris (Uniediciones). Ha publicado también la antología Cuentos del Nadaísmo (Panamericana) y la antología de textos de Gonzalo Arango El profeta de la nueva oscuridad.
Amémonos
Poema para aumentar el poder de la libido

El arte de amar
Si hacemos el amor
encima de un puente
es posible que el puente se caiga
Si lo hacemos en un arrozal
la humanidad se quedará sin arroz
durante un siglo
Si lo hacemos encima de un huevo
pobre huevo
Y si lo hacemos frente a un cuadro de Picasso
al instante un embarazo
Si lo hacemos en el baño de un avión
ese avión no llegará nunca a su destino
Si lo hacemos en un automóvil último modelo
existe la posibilidad de que el automóvil
haya sido robado
Y si lo hacemos debajo de un árbol
es posible que un pájaro
nos cague
Para no tener ninguno de estos inconvenientes
lo mejor que podemos hacer tú y yo
yo y tú
es hacerlo aquí donde nos encontramos
abrazados y desnudos
hasta que la muerte nos separe.
País de las neblinas
Concierto de Rock en el Vaticano
Extraña mujer ha llegado a mi vida.
Tiene la nariz de Atenea
esculpida por Fidias.
La mirada de Greta Garbo
buscando amor en el blanco telón de un cinematógrafo
y canta con la sensualidad de Madonna.
Me dice: Espérame ya regreso,
debo dar un concierto de rock en el Vaticano.
Es verdad. Veo el concierto por televisión
Las once mil vírgenes gritan histéricas
desgarrando sus vestiduras
Esta extraña mujer se pasea por todas las habitaciones, desnuda.
Fuma marihuana, desnuda.
Baila sobre mi libro preferido ¨Histoire d’ O¨, desnuda.
Cansada la acuesto
y tengo que besarle las nalgas para que se quede dormida.
Ella, en cambio, no besa, muerde.
Mi cuerpo está lleno de cicatrices.
Cuando me desea, no dice: “Ven, penétrame”.
Comienza a rugir como una leona en celo.
Antes de que saque las garras y me devore
me le monto encima.
Y así nos quedamos meses enteros haciendo el amor
Hasta que el Papa la manda a llamar
Para que dé otro concierto de rock en el Vaticano.
Oda al condón
Condón de la ternura y la decencia: no te imaginas cómo estoy de agradecido contigo por proteger mi bálano y mi tierno prepucio. Eres más importante que Luis XV, un rey que en realidad no fue muy importante. Cuando abro la hermética envoltura donde habitas, al instante brotas como flor de peyote. Y cuando con mis manos te coloco en mi sexo y saxofón, comienza el concierto de Jazz progresivo para incendiar la soledad de los cuerpos. La historia reconocerá tu empeño por evitar que ese virus nefasto del cual se habla con miedo en las alcobas nos pegue la enfermedad del siglo, que es el siglo más oscuro que ha tenido la tierra. No hay ano ni vagina que no reconozca tu deseo de que el sexo sea una dicha y no un arrepentimiento. Lástima que Miguel Angel el de la Capilla Sex-tina esté angelicalmente muerto. Si viviera te estaría pintando en forma de cohete nuclear volando con dirección al útero de la vía láctea. Pero estas son puras imaginaciones mías porque nací poeta de esta especie que se extingue. Te admiro mucho por la misión que cumples a sabiendas de que una vez terminado el acto, los hombres siempre desagradecidos te tiramos con asco a la taza del inodoro, ese artefacto que Marcel Duchamp embelleció con su arte. Lo mágico de la transformación de la materia es que al otro lado de las aguas negras, los recicladores de la industria moderna, te reciben con los brazos abiertos para que mañana ya no seas un humilde condón de látex transparente sino una bolsa de plástico donde en los supermercados nos meten la comida.



