José Manuel Arango (Carmen de Viboral, Antioquia, Colombia, 1937 – Medellín, 2002). Cofundador y codirector de las revistas “Acuarimántima”, “Poesía” y “Deshora” de Medellín. Recibió el Premio Nacional de Poesía por Reconocimiento Universidad de Antioquia (1988) y el Premio a las Artes y las Letras de la Gobernación de Antioquia.  Autor de “Este lugar de la noche” (1973), “Signos” (1978), “Cantiga” (1987), “Poemas escogidos” (1988), “Poemas” (1991), “Montañas” (1995), “Poemas reunidos” (1997) y “La tierra de nadie del sueño” (2002).

Escritura 

la noche, como animal

dejó su vaho en mi ventana.

por entre las agujas del frío

miro los árboles.

y en el empañado cristal

con el índice, escribo

esta efímera palabra.

 

Lección

Y nos mostró en la palma un huesecillo de pájaro
como si en él hubiera alguna lección

 

Cantiga de enamorados

O como dos que hablan después del amor
todavía desnudos
tendidos de espaldas
fumando

y hablan de silencio en silencio
y la voz es sosegada después del amor
y ya sin premura

y entonces ella se incorpora
y pone el codo en la almohada
y pone la mejilla en la palma

y él ve su risa rápida y tranquila
su risa
y el temblor de sus pechos

 

X

como para cruzar un río

me desnudo junto a su cuerpo.

riesgoso

como un río en la noche

 

 

Abril

Ocre y verde: montañas
y montañas detrás de montañas
detrás de montañas.

Es abril. Los rocosos declives han florecido,
la hierba abunda en flores diminutas.

Caminos de azafrán, espigas y espartos.
Abril es todo vuelos, todo gorjeos.
En abril la montaña se aduenda, se aniña,
en abril nos sorprende su apariencia ligera.

Una lagartija cruza —rayo, arco iris—
por la base del muro:
una lagartija de papada azul
y fino dorso rayado.

El gavilán vino de lo alto del cerro,
otea desde la copa del noro.

Ocre y verde.
         Montañas
y más allá montañas: una fuga de formas.

Y por sobre ellas la luz,
azul y dorada.

 

VIII

HOLDERLIN

Quizá la locura

es el castigo.

para el que viola un recinto secreto.

y mira los ojos de un animal

terrible

 

XXXVI

 

a veces

veo en mis manos las manos

de mi padre y mi voz

es la suya

 

un oscuro terror

me toca

 

quizá en la noche

sueño sus sueños

 

y la fría furia

y el recuerdo de lugares no vistos

 

son él, repitiéndose

soy él, que vuelve

 

cara detenida de mi padre

bajo la piel, sobre los huesos de mi cara