María Auxiliadora Álvarez (Caracas, 1956). Estudió Letras Hispánicas en Estados Unidos y Artes Plásticas en Colombia y Venezuela. Ha dado clases en Miami University (Ohio), University of Illinois y UNAM (México). Ha hecho crítica literaria y cultural, y ha expuesto en diferentes ocasiones su trabajo plástico. Es miembro del Consejo de Latin American Studies Association (Sección Venezuela). Ha publicado los libros de poemas: Cuerpo (1985), Ca(z)a (1990), Inmóvil (1996), Pompeya (2003), El eterno aprendiz y Resplandor (2006). Continúan todavía inéditos: Sentido aroma (1994), Páramo solo (1999), Un día más de lo invisible (2005), Las regiones del frío (2007), Paréntesis del estupor (2009), y La visita (2010). Entre otros reconocimientos, ha recibido el Premio de Poesía del Consejo Municipal de Cali (Colombia, 1974), el Premio Fundarte de Poesía (Caracas, 1990), y el Internacional Award María Pia Gratton (USA, 1999).

 

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me acerco                      desde los perros

lleno la casa de agua

                               alambres

cabezas baños brazos colgados vigas piernas

sillas

                     y me voy

                     sólo con el tronco

                     ESTERNÓN por una noche

                                                         hacia los perros

a rodar

cilíndrica

               absuelta

                              desagraviada

 

Sarajevo 

preso

del miedo

de lo que vendrá

(como vino

antes)

¿cómo

podrá

recobrar

el mutilado

la serenidad?

¿cómo

podrá

reconciliarse

con la idea

que tuvo

una vez

sobre

la progresión

de la Noche?

-creyendo

que

la Mañana

diría

la verdad

frente

a todos

los malentendidos

de las sombras

 

 4 

usted nunca ha parido

no conoce

                       el filo de los machetes

no ha sentido

                         las culebras de río

nunca ha bailado

                               en un charco de sangre querida

doctor

NO META LA MANO TAN ADENTRO

que ahí tengo los machetes

que tengo una niña dormida

y usted nunca ha pasado

                                            una noche en la culebra

usted no conoce el río.

 

22

mi esposo que vive enterrado

tanto le da la vida como la muerte

yo y los niños vamos a veces

corremos en su superficie

EEEE le gritamos

con las bocas pegadas a la tierra

SAAAL queremos verte

ven a ver este sol           estas personas           estos animales

estamos alegres

Lo oscuro de él no saluda

o se pone triste con la mano

o hace señas para que nos vayamos

Sal solos de ti

 

 

El hueso de la apuesta

el regreso de la excavación trae los cartilagos rotos El hueso de la apuesta

es una tela corta

colgando en tiras

mas en la distancia se siguen contando los granos secos de la harina

que no alcanza

el enfermo no atendido en el paisaje desierto– La sed que no aplaca

pero ofrenda

Su sequedad