Yolanda Pantin (1954- ). Poeta, dramaturga y escritora venezolana. Su obra poética la componen los volúmenes Casa o lobo (1981), Correo del corazón (1985), Poemas del escritor (1989), El cielo de París (1989), La canción fría (1989) y Los bajos sentimientos (1993). En lo tocante a la poesía, esta creadora pasa de la evocación de la infancia, en Casa o lobo, al análisis de la soledad de las mujeres; en Correo del corazón, pasando por la observación de la figura del escritor; el sentido apocalíptico de nuestro tiempo en El cielo de París, o los rostros terribles del amor en varias de las composiciones de La canción fría y Los bajos sentimientos. Además, recientemente fue galardonada con el XVII Premio Casa de América de poesía americana.
BOSQUE
El que nos ha hecho sufrir
nos tiene consigo
El que ha talado la carne
la pulpa de la carne
nos adora
El solo nos puede consolar
dar sosiego
paz
a lo que es implacable
y aquí en el corazón
no ha cesado.
Erotia
Reconozco en ti lo que apenas conozco
y sé
que la piel de la espalda
al roce quema
Yo hice el cable submarino
Eres mi criatura
yo hice tus ojos tus manos
tus dientes montados
unos encima de los otros
Yo puse tu mirada
sobre el mundo
tus dos piernas
Yo hice al mundo
ávido y mojado
sin palabras
hice tu perfil
entrar al agua
tus brazadas
en el mar
en la piscina
Yo hice tu barbilla
tu cansancio
tus aletas de pez
en el acuario
Hice una joven para amarte
de venticinco años
la hice apátrida
enfermiza
una niña en el marasmo
Hice un país
un enemigo
Me dije
no
está prohibido
mirarte
Me hice daño
Yo hice a mi criatura
con mi sangre
abrir la carne
Marqué las horas muertas
en este calendario
la importancia del teléfono
mudo repicando
Yo hice el cable submarino
a París
también la hice
la ciudad de los amantes

Los que van a morir
Hay dos millones de historias
en la ciudad desnuda
con qué indiferencia escuchamos
de la boca de los otros
ha muerto alguien hemos roto el vínculo
Llueve llueve sobre el lago
Rosas en el cielo
Amarillo
Nada nos importa
Estos son nuestros miedos
nuestros besos nocturnos
quebrar los sueños y el cuello
de los otros
y orar
–profundamente
El río interior
El río Ouse no está en Inglaterra;
atraviesa con parsimonia
el estado de Iowa
en el Midwest de los Estados Unidos
de Norteamérica.
Mientras le cantan al oído
baladas tiernas,
las adolescentes llevan a sus novias
a bogar en las aguas
mansas del río.
Es profundo su cauce
y en sus orillas crece la hierba
que el viento del verano
hace ondular
como una armoniosa coreografía.
En su curso,
el Ouse bordea la escuela primaria
de una rústica aldea.
Con delgadas cañas de pescar,
hechas a mano por algún pariente,
los pequeños se concentran en la tarea
de sacar del agua al pez
que batalla por su vida
en el extremo
tenso del cordel.
El Ouse nace y muere en el estado de Iowa.
Su trayecto es breve;
su memoria, perdurable.
Es un río temible,
advierten los mayores
al perderlo
de vista
en las gargantas de granito
que atraviesan la tierra
hasta su centro.
En las altas horas
cuando las lámparas
se apagan
para así desnudar
el terror de los niños,
el Ouse irrumpe en el sueño.
Extraño a todo
paraje idílico,
son árboles las llamas,
y ávidas
las bocas
de las casas de hierro.
Los aldeanos
no se acercan a la orilla,
tienen miedo;
tal vez por ello el accidente
nunca se menciona,
ni siquiera en el invierno
cuando la oscuridad
incita a develar
los misterios del suicida.
Pero eso ocurrió en Inglaterra
en 1941
–marismas del Ouse,
condado de Sussex–
y no el río que atraviesa
dulcemente
las praderas de Iowa
en el Midwest de los Estados Unidos
de Norteamérica.



