Raquel Lanseros (España, 1973). Parte de su obra poética ha sido traducida a 13 idiomas y se encuentra incluida en antologías realizadas en múltiples países. Ganadora de varios premios en su país. Entre sus libros se destacan Matria (premio de la Crítica, 2018), Fino a che siamo Itaca (2016), Las pequeñas espinas son pequeñas (XXIX Premio Jaén de Poesía, 2013), Croniria (2009), Los ojos de la niebla(2008), Diario de un destello (Premio Adonáis, 2005). Participó en la más reciente versión de Festival de Poesía en Pereira Luna de Locos.

 

A propósito de Eros

De todas las terrenas servidumbres

que aprisionan mi afán en esta cárcel

me confieso deudora de la carne

y de todos sus íntimos vaivenes

que me hacen más feliz

y menos libre.

 

A veces, sin embargo,

la esclavitud se muestra soberana

y me siento señora del destino.

Porque sé amar, porque probé la fruta

y no maldije nunca su sabor agridulce.

porque puedo ofrecer mi corazón intacto

si el camino se digna requerirlo,

porque resisto en pie, con humilde firmeza,

el rigor de este fuego que enloquece.

 

En este fragor mudo en el que todos somos

rufianes, vagabundos, desposeídos y presos

no existen vencedores ni vencidos

y mañana no arrienda la ganancia de ayer.

 

Que no entre en la batalla quien sucumba

ante el rencor pequeño de las humillaciones.

Sabed, son necesarias descomunales dosis

de grandeza de espíritu y coraje

en las lides calladas de la pasión humana.

 

La recompensa, en cambio, es sustanciosa.

Ser súbdito tan sólo de la naturaleza,

no temer a la muerte ni al olvido,

no aceptarle a la vida una limosna,

no conformarse con menos que todo.

Epifanía en la boca

                           El tango es un pensamiento triste que se baila

Enrique Santos Discépolo

La tierra natal cubre como un tatuaje la piel preliminar.
Bendita sea la casa de los padres.
Todas esas imágenes
ese rumor simiente que vive en cada pecho
esperando un instante para poder filtrarse.

Escucho la inocencia de mis dieciocho años
populosa como el estuario del Río de la Plata
aquel irreflexivo desdén hacia lo propio
aquella anglofilia mimética
en nombre de la posmodernidad.

Entonces tú
la persuasión de tu voz arbolada
la sala de conciertos en el Barrio La Boca
entre Vuelta de Rocha y Caminito
su majestad el tango.

Pasado y porvenir se besan en mi ombligo
si yo pudiera, como ayer
querer sin presentir

Mi corazón secreto emerge de la sombra
sabe que la lucha es cruel y es mucha
pero lucha y se desangra
por la fe que lo empecina

Las palabras preguntan por mi alma
el viajero que huye
                                                       tarde o temprano detiene su andar

Todas las ocasiones
todos los sueños fértiles de mis antepasados
todas las lluvias de América y de Europa
todos los trajes pulcros de los muertos
todas las despedidas
gauchescas
europeas
indígenas
criollas
todo el ruido del tiempo caminando hacia la libertad
todas las ilusiones fraudulentas
las chapas de metal acanaladas de los conventillos
las palabras que engendran sabor a nuevo mundo
todas las esperanzas
los lemas, los augurios
los cuerpos coagulados
los sombreros
todos los viajes más largos que la vida.

Todos esos colores de la tierra
la oriunda
la injertada
la regada con sangre y renacida
cruzaron frente a mí en forma de lágrima.

Lágrimas de mestiza, de emigrante, de hermana, de alimento del mar.

El sol puede salir también de noche.
Yo no he vuelto a olvidar
quién soy
de dónde vengo.

A las órdenes del viento

Para todos los que sienten que no están al mando

Me habría gustado ser discípula de Ícaro.

Hubiera sido hermoso festejar
las bodas de Calixto y Melibea.

Me habría gustado ser
un hitita ante la reina Nefertari
el joven Werther en Río de Janeiro
la deslumbrante dama sevillana
por la que Don José rechazó a Carmen.

Yo quisiera haber sido el huerto del poeta
con su verde árbol y su pozo blanco
el inspector fiscal
con el que conversara Maiakovski.

Me habría gustado amarte. Te lo juro.
Sólo que muchas veces la voluntad no basta.

 

En ocasión de todos los finales

Yo nunca resistí las despedidas
con su mezcla de muerte y precipicio
con el aroma amargo de la finitud
empalagando el ánimo
con esa luz de hielo matutino
que penetra debajo de los párpados.

Yo nunca resistí las despedidas
pero no sé por qué.
Me lo pregunto porque no ha supuesto
una sorpresa súbita casi ninguna de ellas.
He solido saber
con esa exactitud de los relojes
el lugar, el momento
la documentación y el escenario
en que sobrevinieron.

No hay engaño. El jueves diecinueve
era un jueves sin ti. Estaba escrito
mucho antes que las lágrimas
anunciasen el fin
y todo fin es único.

Las despedidas son como el otoño
inevitables pérdidas
vienen puntuales con aviso previo.
Nadie puede acusar de su tristeza
a la pequeña hoja tiritando dormida
en medio del camino.

De repente esa hoja me recuerda
los hoteles pintados de naranja.
Son dos cosas que llegan de otra época
igual que llega la bruma de noviembre.
Traen una carga de nostalgia limpia
sin traición ni sorpresa.
Y sin embargo el alma
no logra acostumbrarse en una vida.

Yo nunca resistí las despedidas
porque en cada una de ellas se marchita la voz
de todas las personas que yo he sido
y ya no puedo ser.