María Teresa de las Mercedes Wilms Montt (Viña del Mar, 8 de septiembre de 1893 – París, 24 de diciembre de 1921) fue una escritora chilena de principios del siglo XX. Considerada una precursora feminista, su vida tiene todas las características de un melodrama. Amiga personal de escritores como Huidobro, Borges, Victoria Ocampo, Gómez de la Serna y Valle Inclán, entre otros. Entre sus obras: Inquietudes sentimentales (1917), Los tres cantos (1917), En la quietud del mármol (1918), Anuarí (1919). Su vida fue llevada al cine.

Retrato por Julio Romero de Torres.

Regaló la noche al pantano una estrella.

Centro de la esfera fangosa irradiaba el astro en la podredumbre verde, palacio de reptiles.

Y en coro alrededor, lotus de veneno surgían sapos inquietando el sosiego de los valles con el croar siniestro.

Despertó el águila, y abandonando la roca, voló hacia el plano.

El punto fulgurante marcó su orgullo.

Creyó rasgar el azul para rozar un astro y precipitóse al pantano putrefacto.

Llevóse la estrella la rapiña a lo hondo, estampada en las soberbias alas.

Estallaron resoplando cual instrumento, destrozados, los reptiles y los sapos.

 

***

Llega todas las noches a mi alcoba.

Sin tener ojos me mira, sin tener boca me habla, y su mirada y su voz son tan hondas como el silencio de los sepultados.

Está muy lejos, y está conmigo, piensa en mi cerebro y llora en mis lágrimas.

Cuando procedo mal, Anuarí castiga mis huesos, atravesándolos del hielo de una carcajada sin dientes.

 

* * *

Vestido de la chía llegó anoche por el espejo.

Sus manos cruzadas sobre el pecho salían en pétalos de azucena por la negra manga.

El abismo de sus ojos tragóse todas las sombras y en mi cerebro se hizo la luz.

Habló su boca sin palabras como los viejos órganos de las catedrales y dijo: Duerme, duerme, el sueño es la aurora del día eterno.

* * *

Frente a mi ventana cerrada pregunto al tiempo cuánto más he de vivir.

Las sombras anegan mis persianas, y apenas marca una delgada raya la claridad.

El reloj tiene titubeos de corazón enfermo.

En un gesto convulsivo se crispan mis manos sobre el papel.

Buscan el apoyo de la tierra.

 

* * *

¡Anuarí! ¡Anuarí!

Espíritu profundo, vuelve del caos.

Torna en misteriosa envoltura, huésped de mis noches glaciales.

Que tus dedos de sueño posen sobre mis párpados desvelados.

Ciérralos, Anuarí.

Veneno sublime, da muerte a mi cerebro aterrado.

Quédate sobre mi fosa sonriendo enigmático.

Sonrisas de ultratumba, sombra y luz, sonrisa tremenda que me ha aniquilado.

¡Espíritu profundo, vuelve del caos!

Se han muerto todas mis flores, sólo queda para tu hambre la sangrienta herida de mi corazón partido.

Anuarí, Anuarí. ¡Sucumbo en el torbellino de los astros locos que se precipitan!

¡Vuelve del caos!