La proyección en 35 mm fue el preámbulo para una de las discusiones fundamentales que enmarcarían el encuentro de cineclubistas de la región: ¿El cine ha muerto? A partir de los elementos que ofrece el documental Side by Side, producido por Keanu Reeves…

Por Kevin Marín
Fotografías: Quinaya Qumir
Durante tres días, Pereira y Santa Rosa de Cabal celebraron Cinentrada: el cine colombiano en el festival de cine, en los sitios habituales donde funciona actualmente el cineclub La Caja (Restaurante Cien de Cilantro) y el cineclub 24 Cuadros por Segundo (Café los Próceres). La creadora del festival, Natalie Agudelo, traza un breve panorama de la evolución que ha tenido: “En el inicio la intención era que el cine llegara donde nunca lo había hecho: los barrios de Santa Rosa. Por eso, en la primera versión fuimos al barrio La Unión e hicimos actividades en el Parque Arango para que fuera más visible. En el segundo año llegamos a tres barrios, La Flora, Los Laureles y la vereda El Lembo. El público estuvo compuesto por niños y madres. Este año no realizamos ninguna actividad de carácter comunitario, pero logramos un objetivo trazado anteriormente: articularnos con otros colectivos”.
El primer día contó con una muestra continua de lo más representativo del actual cine colombiano como las películas Chocó (2012) y La Sirga (2012), así como el clásico Confesión a Laura (1990). Durante las proyecciones las personas asistentes podían acercarse al mercado audiovisual instalado, llevar y adquirir libros, discos de acetato, casettes, así como el trabajo de artistas locales.

El segundo día, en Santa Rosa de Cabal, se llevó a cabo en el teatro del café Los Próceres, antigua sede del mítico Cineclub Borges en esa ciudad, lugar que aún cuenta con un proyector de 35mm utilizado de nuevo para la proyección de Al final del espectro (2006), una de las pocas películas colombianas que se han adentrado en el ámbito del terror y el cine psicológico.
La proyección en 35 mm fue el preámbulo para una de las discusiones fundamentales que enmarcarían el encuentro de cineclubistas de la región: ¿El cine ha muerto? A partir de los elementos que ofrece el documental Side by Side, producido por Keanu Reeves, en pleno auge del cine digital, directores, camarógrafos, productores y artistas planteaban las dificultades y ventajas del nuevo cambio tecnológico que acarrearía no seguir proyectando de la manera clásica. ¿El cine es ahora sentarse frente a un televisor gigante en las salas de cine habituales?
El problema del cine no es solo su formato, sino también sus elementos constitutivos: “Las discusiones acerca de las nuevas narrativas del cine pueden verse claramente en la problemática que siempre ha presentado el vídeo experimental, ¿es cine? ¿es vídeo?”, anota la artista visual Quinaya Qumir, “porque si seguimos hablando de las elipsis narrativas clásicas, es obvio que lo experimental no entraría a clasificar como cine, lo cual, creería, habría que entrar a discutir“.
“Es evidente que la postura acerca de la clásica narrativa cinematográfica, emulada de la literatura, se ha roto: Godard entendió que si bien hay un inicio, un nudo y un desenlace, estos no tenían por qué seguir el orden habitual; se puede comenzar por el fin y terminar con el problema”, señala el representante del cineclub La Galemba, Mario Vargas.
El tercer encuentro de cineclubistas reunió a representantes de la región del Eje Cafetero: La Naranja Cinéfila (Dylan Montoya) de la Universidad Tecnológica de Pereira, Cineclub La Galemba (Mario Vargas) de la ciudad de Armenia, Cinestecia (Jesús Tovar y Alejandro Gómez) de la Universidad de Caldas en Manizales, y los organizadores del Tercer Festival Cinentrada: La Caja Cineclub y 24 Cuadros por Segundo (Natalie Agudelo y Jairo Tabares), de Pereira y Santa Rosa de Cabal, respectivamente. Además de plantear la difícil pregunta sobre el presente y el futuro que le espera al cine, se discutió sobre las leyes de derechos de autor y difusión cinematográfica.
Mario Vargas anotó: “Cuando yo he querido pedir una película, eso se convierte en una maraña: es complicado entender quién es el autor o quién merece los derechos en una red burocrática inmensa“. Del mismo modo, Jesús Tovar, quien ha tenido que sortear las dificultades de proyectar en un espacio como la universidad, pudo demostrar a través de la ley 23 de 1982 que “se puede proyectar siempre y cuando haya fines académicos en su difusión”, tal como lo expresa el artículo 32 (1).
El encuentro terminó con la propuesta de crear una red de cineclubistas de la región, y la creación de una cartografía digital de los cineclubes donde se posibilite la futura interacción, comunicación y ubicación no sólo entre ellos, también para todos los que estén interesados en las nuevas formas de ver y percibir el cine.
(1) Artículo 32º.- Es permitido utilizar obras literarias o artísticas o parte de ellas, a título de ilustración en obras destinadas a la enseñanza, por medio de publicaciones, emisiones de radiodifusión o grabaciones sonoras o visuales, dentro de los límites justificados por el fin propuesto, o comunicar con propósitos de enseñanza la obra radiodifundida para fines escolares, educativos, universitarios y de formación profesional sin fines de lucro, con la obligación de mencionar el nombre del autor y el título de las obras así utilizadas.


