Anne Sextos poeta norteamericana (1928-1974). Es reconocida por tener una poesía confusional. Sufría crisis nerviosas que la tuvieron varias veces al borde de la muerte. Sus poemas fueron publicados en revistas como: New Yorker, Harper’s Magazine y Saturday Review. Entre su obra hay títulos como: Transformaciones, Poemas de amor, Vive o muere. Por este último, recibió el premio Pulitzer en 1967

 

Anne sexton

Deseando Morir

 

Ahora que lo preguntas, la mayor parte de los días no consigo recordar.

Camino vestida, sin marcas de ese viaje.

Luego la casi innombrable lascivia regresa.

 

Ni siquiera entonces tengo nada contra la vida.

Conozco bien las hojas de hierba que mencionas,

los muebles que has puesto al sol.

 

Pero los suicidas poseen un lenguaje especial.

Al igual que carpinteros, quieren saber qué herramientas.

Nunca preguntan por qué construir.

 

En dos ocasiones me he expresado con tanta sencillez,

he poseído al enemigo, comido al enemigo,

he aceptado su destreza, su magia.

 

De este modo, grave y pensativa,

más tibia que el aceite o el agua,

he descansado, babeando por el agujero de mi boca.

 

No se me ocurrió exponer mi cuerpo a la aguja.

Ni siquiera estaban la córnea y la orina sobrante.

Los suicidas ya han traicionado el cuerpo.

 

Nacidos sin vida, no siempre mueren,

pero deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce

que incluso los niños mirarían con una sonrisa.

 

¡Empujar toda esa vida bajo tu lengua!

que, por sí misma, se convierte en una pasión.

Es la muerte un hueso triste, lleno de golpes, se diría,

 

y a pesar de todo ella me espera, año tras año.

para reparar delicadamente una vieja herida,

para liberar mi aliento de su prisión dañina.

 

Balanceándose, así se encuentran a veces los suicidas,

rabiosos ante el fruto,  una luna inflada,

abandonando el pan que confundieron con un beso,

dejando la página del libro abierta al azar,

algo sin decir, el teléfono descolgado

y el amor, lo que quiera que haya sido, una infección.

 

 

Los bombarderos

Nosotros somos América.

Somos los que rellenan los ataúdes.

Somos los tenderos de la muerte.

Los envolvemos como si fuesen coliflores

La bomba se abre como una caja de zapatos.

¿Y el niño?

El niño decididamente no bosteza.

¿Y la mujer?

La mujer lava su corazón.

Se lo han arrancado

y se lo han quemado

y como último acto

lo enjuaga en el río.

Este es el mercado de la muerte.

 

¿Dónde están tus méritos,

América?

 

Live or die

 

El toque

 

Meses permaneció mi mano aislada
en una lata. No había nada allí salvo rejas de metro.
Quizá esté magullada, pensé,
y es por eso que la han encerrado.
Pero cuando miré yacía en silencio.
Se podría medir con esto el tiempo, pensé,
como con un reloj, por sus cinco nudillos
y las finas venas subterráneas.
Allí yacía, como una mujer inconsciente,
alimentada por tubos que no conoce.
La mano se había colapsado,
diminuta paloma salvaje
entrada en reclusión.
Le di la vuelta y la palma era vieja,
con líneas finamente bordadas
y puntadas subiendo por los dedos.
Era gruesa y blanda y ciega en algunos sitios.


Tan solo vulnerable.
Y todo esto es metáfora.
Una mano corriente, sólo que añorando
tocar algo que pueda devolver
el toque.

La perra no lo hará.
Mueve el rabo en la ciénaga mientras busca una rana.
No soy mejor que una lata de comida de perro.

Ella es dueña de su propia hambre.

El beso

 

Mi boca florece como un corte.

Me maltrataron todo el año, tediosas

noches, nada en ellas sino hombros ásperos

y delicadas cajas de Kleenex diciendo ¡llorá amor,

amorcito, llorá, idiota!

Hasta ayer mi cuerpo no servía.

Ahora se despedaza hacia sus esquinas cuadradas.

Se arranca el atuendo de la virgen María, nudo a nudo

y mirá – ahora está borrachísimo con estos cerrojos eléctricos.

¡Zing, una resurrección!

Una vez fue un bote, con demasiada madera

y sin trabajo, sin agua abajo suyo

y necesitando una mano de pintura. No era más

que un conjunto de tablas. Pero tú lo levantaste, lo encordaste.

Ha sido elegido por ti..

Mis nervios están encendidos. Los oigo como

instrumentos musicales. Donde había silencio

los tambores, las cuerdas están tocando, incurables. Tú hiciste esto.

Puro genio trabajando. Querido, el compositor ha entrado

en el fuego.