Si lo que se pretende es comprender la guerra moderna no hay que entrar sólo en el mundo de las víctimas, sino también en el de los pistoleros, los torturadores y los apologistas del terror (…)

 Michael Ignatieff, El honor del guerrero. Del texto ´Colombia: Una guerra contra los civiles´

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 Texto y fotos por: Laura Sofía Mejía

Puerto Caldas, corregimiento del municipio de Pereira, está en medio de diversas problemáticas sociales que se mezclan con una invisibilidad mezquina motivada por un pueblo sin identidad y sin memoria.

La ubicación de Puerto Caldas sugiere a simple vista una pérdida de apropiación por parte del Estado, a pesar de ser del departamento de Risaralda, se encuentra después del peaje que limita con el departamento del Valle del Cauca, convirtiéndose en un blanco fácil para una concentración de problemáticas sin resolver: San Isidro y El Cofre, sectores de Puerto Caldas, son los más afectados por diversos conflictos: pobreza extrema, falta de alcantarillado, desplazamiento y algunos rezagos del narcotráfico que han rodeado la zona y que siguen sin resolverse a pesar de las múltiples peticiones que ha hecho la comunidad.

Comprender el conflicto en Colombia requiere una mirada amplia que involucre a las víctimas y a los victimarios, mirar y cuestionar el rol que cumplen los grupos armados ilegales es algo que hemos acostumbrado a hacer, porque sin lugar a dudas se ha evidenciado históricamente su responsabilidad en los actos violentos que componen el conflicto. De igual manera, podrían observarse los grupos armados legales: no es un secreto su participación, directa o indirecta, en el asunto, pero por la forma como concebimos socialmente estos grupos resulta más complejo cuestionarlos.

La desprotección es visible y negar el conflicto es el reflejo de la crueldad de los manejos oficiales del poder. Las formas silentes de la violencia son las más atroces, el hambre y la desigualdad siguen siendo la peor arma.

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