Luis Fernando Mejía M. nació en Pereira, Colombia, en 1941. En 1964 gana el premio literario “Violeta de Oro” con su obra “Las Bienaventuranzas”, y ese mismo año se le publica el libro “Resurrección de los juguetes”. Además, edita “Alquimia de los relojes clausurados”.  También, recibió el premio “Bernardo Arias Trujillo” en Risaralda, donde vivió su juventud. Otros títulos suyos: “Camino hacia la luz” y “Manuscritos de Lucio Malco”. En la actualidad lleva una vida de retiro en algún lugar de la costa Atlántica. A continuación, una selección tomada de su libro “Resurrección de los juguetes”.

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Oda a la niña desaplicada

 

Te quiero:

Por la despreocupación

De tu pelo revolcado,

Los libros bajo el brazo

Y el lápiz masticado.

Te quiero:

Porque vives

Con los sueños de viaje,

Las uñas despintadas

Y el almidonado traje.

Te quiero:

Porque escondes

En el pupitre un mango

Y una muñeca negra

De delantal blanco.

Te quiero:

Porque nunca

Te sabes las lecciones

Por estar en la clase

Copiando mis canciones.

Y por todas esas cosas

–niña desaplicada–

Vivirás en mi alma

Por siempre castigada.

MEJIA3

Silencio

 

Escríbeme silencio

Con palabras.

Escríbeme silencio eternamente

Con la palabra: Adiós.

Escríbeme: te quise,

Con silencio.

Y vuélvete silencio,

En la palabra: Adiós.

Yo me hice hombre

Entre tu sangre,

Velero de nostalgia

Entre tus ríos,

Y nací de un silencio

Sin palabras,

–puente de sangre–

Hasta el silencio mío,

Escrito con palabras pronunciadas:

Adiós,

Te quise.

Y el silencio

Bajo tu puente de esperanza

Camina como un río.

MEJIA2

Ahora

 

Si pudiera colgar mi angustia de un clavo

Como un abrigo viejo.

Si pudiera olvidarme.

Si pudiera decir: existo, intrascendentemente,

Simplemente,

Como una palabra suelta

Entre la piel de un beso

Caído maduro y loco

Entre tus dientes.

Si pudiera dejar mi ayer en el ayer.

Si pudiera entregarme a lo que llega y me toca,

Y entregarme.

Si pudiera ser yo

Terriblemente yo

Ahora,

Sin tiempo.

Si pudiera sucederme en mi hoy

Como un camino principiado en mi sexo;

Las horas no tendrían minutos eternos;

La noche sería negra con vestido blanco,

Y alma blanca,

Y risa blanca

Y mujer tierna.

Richard-Diebenkorn-Ocean-Park-No.-131

Richard-Diebenkorn-Ocean-Park-No.-131

Cuando la ciudad me sobreviva

A Pereira.

 

Cuando la ciudad me sobreviva

Para olvidarse de mí nombre;

La llamaré desde el fondo de la tierra

Con mi voz de raíces.

Serán de tierra mis palabras.

Recogeré mi cuota de sangre entre los árboles.

Me improvisaré de viento

De silencio horizontal a las seis de la tarde.

Renegaré mi muerte.

Me negaré a olvidarme.

Gritaré mi silencio

Entre los ruidos de las fábricas.

Me levantaré a recoger la angustia

De los domingos de lluvia

Y los años que pasaban buscándome

Entre los niños del parque.

Exigiré que me devuelvan

Los días perdidos,

Y las noches perdidas

Y los besos perdidos,

Y el Dios que asesinaron entre las bibliotecas y las aulas.

Cuando la ciudad me sobreviva.

Cuando me niegue sus calles.

Nadie podrá imponerme una muerte

Que yo no escogí nunca.

Continuaré negándome a negarme.

En mis palabras de lodo reventarán las flores.

Mi garganta se hará de raíces

Que arañen la lluvia.

Cuando la ciudad se olvide de mi nombre,

Yo estaré entre los niños que crecieron

Para jugar a la guerra.

Estaré con un libro impidiendo la muerte.

Gritando desde las bibliotecas!

Toda la humanidad pasará sobre mi olvido

Y yo seguiré negándome al silencio

Desde mi metro de tierra,

Desde mi silencio aturdido de protestas.

Continuaré creciendo en los incendios de hierba

Y en las hormigas que bajan a mi cuerpo.

Nadie podrá obligarme a que desaparezca

Si he dejado mi vida sobre todas las cosas.