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Girón Gaviria fue un novelista, cuentista y ensayista pereirano, un hombre que nace en 1929 y abandona este mundo en el 2008. Se va dejando una vida amarga, infortunada y detestable, una existencia que supo plasmar en sus obras.

 

Por Jeins C. Cárdenas

Transitar la ciudad conduce al desentendimiento de determinados lugares, pasando por alto todo lo que genere incomodidad o abrume los sentidos. Hechos que se condenan al silencio, sobre los cuales se construye una gran fachada que mantiene bajo confort a visitantes o espectadores desprevenidos.

Nadie habla sobre los bajos mundos, lugares en la sombra tras luminosos centros comerciales, parques y sus transeúntes, atados a las puertas de una iglesia donde duermen mendigos enfermos arrullados por la voz de la misa. Desde afuera es casi imposible contemplar el asunto en su totalidad, ya que frente al hombre ajeno a las problemáticas se yerguen muros pintados con frases y paisajes que de forma eficaz desvían su atención.

Silvio Girón Gaviria. Fotografía / Álvaro Camacho.

Para constatarlo solo hace falta un individuo atento, empapado de lo que sucede en esos lugares que la gente no quiere conocer, o que conoce y quiere olvidar. Y si la indignación invade su corazón, entonces que levante la voz. Así lo hizo alguna vez Silvio Girón Gaviria, quien supo plasmar sus ideas y usó la literatura como medio para exponer, denunciar y lamentarse por esas circunstancias tan cercanas a él.

Girón Gaviria fue un novelista, cuentista y ensayista pereirano, un hombre que nace en 1929 y abandona este mundo en el 2008. Se va dejando una vida amarga, infortunada y detestable, una existencia que supo plasmar en sus obras:

No sé cómo vine a parar a este mundo tétrico, a esta angustia de calles sucias erizadas de peligro, gentes raras; prostitutas y cafetines de mala muerte, atracos, crímenes, pequeños robos y horribles mendigos alcohólicos, desvergonzados, cínicos, que comercian sus úlceras por la caridad temerosa de gentes espantadas ante la exhibición descarada de las llagas.

Así escribe en “La venganza”, un relato que deja ver las injusticias a las que se somete cada día el hombre de recursos limitados en la búsqueda de un sustento para poder llenar un estómago vacío. Tantas circunstancias que se van acumulando muy dentro del cuerpo, que buscan el momento de explotar y llevar a cabo hechos atroces contra quienes han sido los culpables de la miseria que se vive, aquellas personas tiranas e indiferentes ante el dolor ajeno. La venganza es la última opción, una que no solucionará nada, pero dará tranquilidad al alma. Sin embargo, el hombre es cobarde y, al final, está de nuevo la humillación sin retribución alguna.

Sin pelos en la lengua

Algo de esto es lo que nos ofrece Girón Gaviria, en este y en la mayoría de sus cuentos, algunos con finales atroces cual tragedia griega, otros con cambios inesperados que muestran ese lado irónico de la vida.

Nos encontramos de cara a un escritor sin pelos en la lengua, dispuesto a decir la verdad, deseoso por sacar a flote aquellas cosas que no se quieren decir y que son un grito al oído para quienes no las quieren escuchar. Un hombre que hace emerger del olvido las problemáticas reales de una ciudad, capaz de ofrecer a través de sus creaciones el retrato crudo y decadente que se vivía –talvez aún– en las calles, lejos de cualquier fachada moral que pretenda imponerse.

Por ello, leer un escrito de Silvio Girón Gaviria es enfrentarse al sinsabor, a la verdad de un mundo que poco a poco se deteriora ante nuestros ojos. Es leer un cuento sin finales felices, donde todo comienza y termina mal.

Portada de la colección de cuentos publicada por la Secretaría de Cultura de Pereira.

En palabras suyas, “Mi literatura es una literatura social que pretende reflejar el lado menos amable de la sociedad. Entonces, no ha gustado ese tipo de literatura, como que le presenten ante sus ojos a la gente lo que está ocurriendo a su alrededor. Uno es hijo de su siglo, uno no puede estar ajeno a lo que ocurre a su lado”, palabras dichas en una entrevista de Caracol Radio en “El personaje de la semana”, en el 2004.

A Silvio le tocó vivir en el siglo XX, también en un país lleno de violencia y pobreza, donde matan a los que dicen la verdad a fuerza de hacer germinar una mentira. Si se quiere ver el otro lado de Pereira en ese siglo, hay que leer a este escritor periodista, leerlo con detenimiento y aunque su narrativa no sea la más exquisita en comparación con los grandes escritores colombianos, es un hombre que supo decir lo que pensaba, que recrea la realidad en su literatura.

Sus cuentos son planos detallados de la condición del individuo, relatos que indagan, escudriñan en las situaciones que se viven cada día y lo que resulta de ellos es una serie de hechos fatídicos como lo es la existencia misma.

El primer libro suyo fue Las órbitas vacías, obra compuesta por diez cuentos y publicada en 1966, volviéndose a reimprimir en el 2004. Luego vendría otra serie de libros, cuentos en su mayoría, como lo fueron: Que griten las paredes (1972), ningunaotraparte, publicado en 1978 y el cual contiene un cuento titulado “La hermana”, relato ganador del concurso Jorge Roa Martínez celebrado en 1977 en la Universidad Tecnológica de Pereira.

Su primera novela ve la luz en 1980 con el título de Rostros sin nombre. Después, en 1987, publicaría La ninfa de los parques, un libro con trece cuentos, donde se puede apreciar una evolución y madurez narrativa por parte del autor. Al final de sus páginas se puede ver anotado lo siguiente:

“Aunque Silvio Girón nació con matrícula pereirana en 1929, los círculos culturales y las organizaciones idem de la ciudad, un poco o nada lo tienen en cuenta…”. También dice: “Cuentista, novelista, ensayista y periodista es –según Bernardo Trejos Arcila – nuestro valor literario más alto y paradójicamente, el más subestimado en Pereira”.

 

Hacia ningunaotraparte

ningunaotraparte –así, con minúscula y con palabras unidas-, un título que de entrada muestra que no hay salida, que ya no hay dónde mirar. Una obra formada por cuentos amargos. Narraciones sencillas, cortas en extensión, pero que dejan ver su afán por esculpir la realidad, una en la que el hombre es un ser inoportuno.

Sexo, putas y violencia; lo cotidiano, grotesco e inesperado. Las pulsiones más bajas de los individuos expuestas en esta obra por Silvio Girón Gaviria: un matrimonio forzado, una vida de pesares, la venganza que se anhela y no se consuma, los oficios de la calle, los últimos días de una vida sin sentido, la pérdida de un elemento vital, la opresión de los ideales, la muerte que espera, la lujuria destructiva del ser. Temas que se muestran como un reflejo de la decadencia, un derecho reservado al hombre.

Una vida colmada de caminos que forman laberintos, laberintos que llevan a diferentes lugares.  Cada rincón está lleno de dolor y tristeza. El hombre recorre, soporta cada sendero, uno lo lleva a otro, hasta que al final encuentra una salida: la hora final. Cada día dibuja el panorama de una nueva derrota, el cansancio va desmoronando toda esperanza, no queda más que esperar “…esperar la hora exacta y definitiva de mi muerte ansiada con desespero, como la suprema liberación”.  Así nos dice en el cuento “La pesadilla”, reflejando ese desespero, el de un individuo puesto al azar en una existencia llena de posibilidades, todas ellas fatales.

Los matices encontrados en este libro muestran la insignificancia del ser humano frente a esa fuerza que va devorando todo a su paso llamado destino. Cada relato de ningunaotraparte reafirma lo dicho. Días que se encargan de castigar a los huéspedes indeseados, dejándolos reducidos a casi nada. ¿Por qué? No hay razón alguna. La vida es representada aquí por Silvio Girón Gaviria como un lugar lleno de caminos que llevan a ningún lado, eso sí, cada uno de ellos está plagado de miedos, incertidumbres e ironías.

Palabras cargadas de sentimientos son las que estos cuentos exponen. El uso de personajes que participan de los acontecimientos, y al tiempo los narran, permiten al lector una sensación casi propia de los hechos, del malestar, donde el individuo por sí mismo se encarga de emprender el descenso, sacando a relucir su condición de ser humano, capaz de destruir y autodestruirse.

Pero todo esto no basta, lo aquí escrito no alcanza siquiera a reflejar eso que Girón Gaviria expresa, hay que ir directamente a las fuentes, a los cuentos carentes de mundos maravillosos. “Que de su lectura queda un sentimiento amargo, un presagio apocalíptico de que todo anda mal, un oscuro panorama de incertidumbres y dudas, es cierto”, tal como escribe Oliveiro Salazar Gutiérrez sobre la misma obra.