Toda una rebelión animal

 

Texto: Jhonatan Andres Naranjo Arango

Ilustración: Chucho Barrera

Rebelion-animal

 

Esta pequeña historia comienza en una pequeña región de cafetales o lo que llamamos eje cafetero. Una parte del país donde se respira un agradable aroma hogareño donde las personas les gustan trabajar y ser muy humildes. El paisaje que rodea esta zona es simplemente maravilloso. No recuerdo muy a ciencia cierta la fecha de mi nacimiento pero sé que es en el mes de agosto o mes de los vientos. Soy un perico palma de vino y naci en Sincelejo aunque a muy pequeña edad me trasladaron al municipio de Quinchía donde actualmente vivo.

Mi pequeña jaula, o mejor dicho, hogar, se ubicaba en el centro de un corredor con infinidad de puertas y habitaciones, puesto que yo vivía en una especie de albergue. Las dimensiones de mi jaula de acero no sobrepasaban los 50 cm de alto por 70 de ancho. Todos los días se me acercaban pequeños desconocidos que me hablaban como si yo fuera un ser torpe, ignorante e inicuo, sin considerar que poseía la inteligencia suficiente como para contarles este relato. Dos sentimientos me embargaban en esos instantes, uno era de gran risa y diversión, y el otro de profunda rabia e ira contra esas personas que, aunque me dieran el alimento, no me dejaban pasar de quedarme todo un día ahí parado. Debido a esto y muchas otras razones me di cuenta de la gran ignorancia y mediocridad del colombiano actual.

No puedo ponerme a hablar de mi familia puesto que es tan extensa que a duras penas me acuerdo de quien soy en este inmenso árbol genealógico. Solo recuerdo ciertos rasgos de mis padres y mis otros dos hermanos, aunque ahora no los pudiera ver ni sentir no más que en mis continuos sueños.

Podría decirse, y se dice, que la vida de un animal es muy buena, pues no le toca que trabajar; sólo comen, duermen, y de vez en cuando se reproducen. A mí no me parece el paraíso, como muchos pensaban en el albergue. Al menos ellos salían, disfrutaban de andar donde quisieran y sin privaciones. El solo sentir el sol abrigador, el aire frio introduciéndose en los poros, el agua tibia de los riachuelos y ríos, y el contemplar los días que van pasando dejando atrás miles de historias y un esplendido paisaje que se caracteriza por la innumerable cantidad de cultivos de caña, plátano, cebolla, yuca y todo aquello que usan las mujeres para preparar una comida, lo deja a uno atónito sin mencionar el exquisito aroma del café, aunque yo solo hubiera podido disfrutar de esto por tres míseros años.

Tantas privaciones me parecían injustas, y esa noche, con mente decidida y bien puesta, no demore en efectuar mi brillante y ambicioso plan, tan solo por sentir lo que era propiamente mío.

Empaqué alpiste y otras cosas que me pudieran servir para mi supervivencia. Cogí un pedazo de periódico, lo llene de excremento que había estado guardando por varios días y forme una especie de llave que me permitió abrir la cerradura. Con mucha delicadeza de no alertar a nadie, camine por el largo corredor y al abrir la puerta salí disparado como una bala. Me oculte debajo de una rama de un árbol de mangos para el siguiente comenzar mi expedición por la región y descubrir todo aquello que se me había quitado.

Tantos esfuerzos y logros para nada. Cuando llego la mañana partí a mi pueblo, donde me encontré con un  paisaje irreconocible ante mis ojos. Los anteriores campos de café y otros cultivos ahora eran grandes planchas de color grisáceo donde unas grandes maquinas y una cantidad considerable de trabajadores sacaban las entrañas de la tierra. Encontré a un pájaro barranquillero en aquel lugar y le pregunte:

-¿Que ha pasado acá?

-Nada, chico- Me dijo con voz tranquila.

-¿Como que nada? ¿No ves cómo esta esto?- Le dije con tono de regaño.

-Cálmate chico, solo están sacando el mineral de allí

-¿Y para qué?

-Pues para vender.

El ver como se desmoronaba el ecosistema me hizo pensar en nunca haber salido de esa jaula. Me fui de allí rápidamente, pues no quería ver nada de eso.

Durante varios días y noches no hice sino pensar en cómo podía solucionar este problema y lo que pasaría si esto continuaba. Decidí iniciar una rebelión o en contra de esas personas. Pero para poder llevar a cabo esta idea necesitaba de mucho apoyo, por lo que tuve que realizar un viaje por todo el eje cafetero. Me encontré con infinidad de especies que quisieron ayudarme. Reuní un ejército de aproximadamente 5000 animales de todo tipo.

En compañía de ellos forme un sindicato llamado A.N.I.M.A.L. (Animales Naturales Insultados y Maltratados A Lentitud). Era un nombre curioso y casi irónico, pero este llegó a difundirse por muchas zonas del país y de todo el mundo que admiraban nuestra labor y nos daban la mejor energía. Lo mejor era que gran parte de los animales habían sufrido algún tipo de maltrato o encierro, era esto los animaba a seguir.

Mandamos una carta al alcalde Barney Ibarra y al gobernador Botero para alertar de lo que los animales íbamos a hacer si no detenían las actividades de  la empresa minera Serconted Ltda. y firmada por mi persona, Taquito Robledo Loreano, Presidente del sindicato A.N.I.M.A.L. Nunca recibimos una respuesta concreta. Creo que ellos nunca se imaginaron el daño que los animales podían producirles e hicieron caso omiso pensando que era algún tipo de broma.

De una manera épica progresamos a invadir todo el municipio de Quinchía. Muchos soldados se pusieron en las salidas del municipio para que nadie saliera. Otros en la empresa Serconted Ltda. Y mi grupo invadió la alcaldía municipal. Muchos centros tuvieron que ser desalojados y todo quedo deshabilitado para la comunidad. La desesperación que se veía era impresionante, ratas, cucarachas y miles de insectos infestaban los hogares; las calles se encontraban llenas de animales rabiosos, y grandes montículos de excremento no permitían el paso a los ciudadanos. Me parecía tan divertido todo esto, pero al mismo tiempo sentía lástima porque muchas personas no se merecían que les tocara esta dura situación. Quinchia estuvo en estas condiciones 23 días, hasta que por fin la gobernación, la alcaldía y la minera responsables del daño al ecosistema decidieron responder.

Ellos cerraban la minera, restauraban el territorio perjudicado y devolvían las tierras a sus propietarios originales para que este fuera de nuevo cultivos de café y mas, si nosotros retirábamos nuestras tropas del lugar y jurábamos no volver a perjudicar este ni otro municipio en el eje. Recuerdo que este pacto se firmó el 5 de marzo por parte mía, del gobernador, del alcalde y el gerente de la minera. Dicho y hecho, hable con los animales y les dije que ya se podían retirar y que quedarían en libertad total y que si alguno volvía a ser capturado este suceso se repetiría y seria de manera permanente, pues así había sido pactado.

Este pacto se ha venido cumpliendo hasta el día de hoy.

Bueno ahora quiero que se cepillen y se acuesten a dormir porque ya es muy tarde.

-Bueno papá

-Hasta mañana, hijos.

-Hasta mañana, papá.