Luis Fernando Mejía M. nació en Pereira, Colombia, en 1941. En 1964 gana el premio literario “Violeta de Oro” con su obra “Las Bienaventuranzas”, y ese mismo año se le publica el libro “Resurrección de los juguetes”. Además, edita “Alquimia de los relojes clausurados”. También, recibió el premio “Bernardo Arias Trujillo” en Risaralda, donde vivió su juventud. Otros títulos suyos: “Camino hacia la luz” y “Manuscritos de Lucio Malco”. En la actualidad lleva una vida de retiro en algún lugar de la costa Atlántica.
Canto a Whitman
No ha nacido la muerte para ti
compañero Walt Whitman.
Pongo mi oído sobre la hierba,
y te oigo crecer como una manada de cenicientos búfalos
que embistieran desparramadamente
los arcángeles negros de tu noche de tierra.
Te revuelvas erizado de raíces,
asomando tus manos verdes empuñadas de frutas,
y tu barba de lluvia despeinada
por los dedos de hierro del arado.
Camino por tu recuerdo,
viejo joven de tierra húmeda
y entiendo el idioma en que los niños hablan a las hormigas
en el parque
y la gota de eternidad que rueda por la fatiga
de los amantes.
Cuando las locomotoras
humean su alarido de viaje,
comprendo que son iguales los adioses
de segunda y de primera clase;
y escucho tu silencio en el reloj que dice
es una misma hora para toda la tarde.
Entro en los hospitales,
en los ascensores,
en los cines.
Caigo en la multitud como un corcho
flotando sobre mi yo
y me doy cuenta que existo,
remachado a la vida por un clavo de sol,
hasta que anochezca definitivamente,
y estemos todos unidos en una red de huesos
junto a ti, compañero Walt Whitman,
amaneciendo de hojas del vientre de la muerte.
Palabras para Martin Luther King
“donde estaba el niño negro de tu guarda” Jaime Sabines
Amanecimos todos negros, compañero Martin.
En Memphis no es distinta la muerte:
Y te arrojaron ayer de luto a media piel
tus manos blancas, a la marcha subterránea
y pacífica junto a todos los muertos.
Ahora flotas sobre un derrumbe de silencio
que te cayó de pronto.
Tu muerte encajonada va a reclamar la tierra
y no te discriminará el olvido ni la ausencia.
Pero un día,
–es que yo también creo–
estarás satisfecho entre tu muerte
porque los niños negros ignorarán
que fuiste fusilado en contra el muro de tu piel
y podrán como los blancos jugar en cualquier parte.
Recordando a John Lennon
Ahora que el hippie
se ahorcó con la corbata
para ir al camello
y de paso
comprar el disco del difunto Lennon
el Rock de Elvis tiene nostalgias de vals.
Los mejores
se fueron por las alcantarillas.
Muchachos
cuyos morrales parecían
despojos de un naufragio.
Recuerdo sus bellas flautas
que olían dulcemente a hachís.
Un día
hicieron Auto-stop a la muerte
en un viaje con L.S.D
hacía un paraíso de hongos
Amor y Paz.
Ahora florecen margaritas
sobre sus barbas
y en las vallas resucita James Dean.
Hoy
Hoy he crecido en ti
desde los mil costados de mi angustia.
He subido desde mis días machacados
hasta las aguas de mi olvido.
Hoy he crecido en ti
duro de greda, modelándome de hombre en cada pliegue de tu carne.
Hoy supe que mi nombre
suspendía las letras de mi nombre,
y te iba formando de mi grito.
Hoy ascendí desde mil horas martillándome
hasta la quietud de la sangre.
Hoy pesé entre mis dedos el girasol de tu pecho
y el mundo era pequeño rodando sobre el día.
Hoy he crecido tanto por tu cuerpo infinito
que me duelen los dedos de caminos.
Y me voy por mi muerte recorriendo tu vida.
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